miércoles, febrero 28, 2007

Carta a los diarios

Autopista del Itata discrimina a ciclista
Desde el 2003 realizo viajes largos en bicicleta por Chile y Argentina. En más de ocho meses de pedaleo, he recorrido aproximadamente 8.500 kilómetros por todo tipo de caminos y carreteras. Nunca tuve impedimentos ni mayores problemas para circular libremente, hasta el pasado 17 de febrero, en la Autopista del Itata, a unos 15 km de Concepción. Fui detenido por un furgón de la empresa que, bajo amenaza de llamar a Carabineros, me trasladó unos 20 km hasta donde terminaba su concesión. Lo absurdo de esto es que el argumento que repetían los empleados de la empresa -majaderamente-, era que lo hacían por mi "seguridad". Y resulta que mi decisión de ir por esa ruta -e ignorar los letreros que prohiben el paso de bicicletas-, la tomé porque es mucho más segura que la alternativa que pasa por la ciudad de Tomé (yo me dirigía hacia Cauquenes). Más aún, el furgón de la empresa me fue a dejar a una localidad llamada Rafael -donde termina un ramal de la autopista- desde donde comienza un camino bastante más peligroso que aquel por donde no me dejaron circular. Las autopistas concesionadas poseen bermas muy anchas y en buen estado que son una protección para el ciclista (funcionan como verdaderas ciclovías), y la velocidad con que transitan los vehículos motorizados no es mucho mayor que en cualquier carretera. Por lo tanto, el argumento de la "seguridad" es una falacia y excluir a los ciclistas es una clara discriminación y un atentado a la libertad de desplazamiento. Además, es en las zonas rurales e interurbanas -que es por donde pasan las autopistas- donde la gente más utiliza la bicicleta como medio habitual de locomoción. Lejos de excluirlas, varios municipios han tomado conciencia y fomentan el uso de bicicletas construyendo ciclovías. Es el único vehículo enteramente ecológico, saludable, no destructivo, económico y popular (y así lo ha reconocido las Naciones Unidas). Por suerte, he transitado por algunas autopistas concesionadas en que los letreros que prohiben a los ciclistas son sólo un mal adorno. Pero todavía quedan algunas -como la del Itata- que no entienden el enorme beneficio social y ambiental de este vehículo a pedales, que merece el respeto y reconocimiento de todos.
Cristian Sotomayor Demuth
Periodista
9.609.110-9
Cel: 9 038 04 89

Publicada en Las Últimas Noticias el martes 27 de febrero y en La Nación, el miércoles 28.

martes, febrero 27, 2007

4.3 De Concepción a Santiago

21/02/07

El lunes 12 acompañé a Nelson a Tomé pues tenía que arreglar un pequeño desperfecto en una de las fotocopiadoras que le arrienda a la municipalidad. Al regresar y después de un rato llegó Paulina con sus dos hijas: Pilar (10 años) y María José (15 años). Conversamos un buen rato y después me fui a dormir a una de las piezas de la pensión. Como había TV satelital, vi la película "Sin City".
Al otro día (martes 13) fui a realizar diligencias al centro (mediodía), a Servipag y al BancoEstado. Telefoneé a Tombo y nos quedamos de juntar a las 18:25 en la Biblioteca municipal. De ahí caminamos a un boliche y nos bebimos tres litros de cerveza. En el local había una muchacha bastante atractiva. Me contó que en el libro Marxismo libertario -de Daniel Guerin- hay una referencia a la autogestión en Yugoslavia. Lo interesante es que ya en 1968 ese autor previó que esa experiencia fracasaría debido a un efecto tenaza, aplastada por dos lados: por el Estado totalitario y por la economía de mercado.
Regresé algo mareado a la casa de Paulina. Me invitaron a visitar a una pareja de amigos que son profesores y que tienen al hijo en el mismo colegio que las niñas. Había sushi para comer y la conversación estuvo interesante.
El miércoles 14 me duché y en la mañana me dediqué a coser las alforjas.
Después de almuerzo dormí la siesta y en la tarde me dediqué a escribir. En la noche, Paulina preparó una cena de despedida, con crudo (tártaro) y cervezas.
El jueves 15 amaneció lloviendo, por lo que no pude partir. Después de almuerzo pinté el cielo del baño de la pensión.
El viernes 16 lo dediqué a pintar el resto del baño. Llamé a Miguel Guiñez a Chillán, pero estaba camino a Algarrobo y no regresaría hasta fin de mes. En la tarde, Nelson me llevó a conocer el terreno que compraron en un cerro que está saliendo de la ciudad. Allí ha construído una bodega, una torre con estanque, un pozo con motor, un mesón con un techo, una entrada para vehículos y rejas para que no entren los animales. Fuimos con Felipe, el hijo que Nelson tuvo con una mujer que trabajó con él en las fotocopiadoras.
Esos días vi bastante el canal TV Sur y Nelson me mostró un documental con el fallido golpe que le hicieron a Chávez hace unos años. Impresionante es la manipulación que llevan a cabo los medios de comunicación privados.
El sábado 17 -en la mañana- preparé las cosas para partir. Paulina me había regalado una bolsa con kinua y un tacho metálico, y Nelson un balón de gas para la cocinilla. Ambos me dieron una linterna que funciona "a cuerda" (sin pilas).
Fuimos a la universidad y ellos tomaron varias fotos. Regresamos a comer unas empanadas fritas que preparan en el negocio. Luego me tomaron fotografías con sus hijas.
Inicié el pedaleo a las 11:55 y me dirigí hacia el norte, hasta encontrar la autopista del Itata. Es una subida de unos 10 km, bastante recta.

22/02/07

Cuando me faltaban unos 5 km para llegar al empalme que lleva a la localidad de Rafael, pasada una estación de servicios, me detuvo un furgón de seguridad de la Autopista del Itata. Se bajaron dos tipos y uno me encaró preguntándome si yo no había visto los letreros que prohiben la entrada de bicicletas. Le respondí que no los miré, pero que en todo caso de todas formas no les habría hecho caso. Los ánimos se caldearon y el que me habló dijo que si me ponía porfiado llamarían a Carabineros, ante lo cual le señalé que no me importaba. El caballero indicó que mejor era calmarse y que me ofrecían llevarme en el furgón hacia fuera de la autopista. Me trasladaron hacia un peaje y explicaron que no podía seguir por el empalme porque hasta Rafael había un ramal que también era parte de la concesión. Pedí dejar un reclamo en algún libro y llamaron a una muchacha que se desempeñaba como relacionadora pública o algo así. Argumenté que la justificación que ellos me daban para excluirme -"por mi seguridad"- era una falacia, pues la alternativa por la ciudad de Tomé era mucho más peligrosa. La autopista tiene grandes bermas en muy buen estado y posee pocas curvas; además los vehículos motorizados andan a una velocidad que no es mucho mayor que en la otra carretera. Yo estaba muy enojado, y alegué que la razón de fondo para excluir a las bicicletas es que como la concesionaria es una empresa privada, lo que más les interesa es maximizar utilidades, y como las bicicletas no pagan peajes, para ellos sólo significan un "cacho". Les expresé que las autopistas se han construido sobre antiguos caminos rurales, por donde habitualmente circulaban bicicletas, peatones y carros tirados por animales, todos los que actualmente son excluidos de esas carreteras. Cuando quise escribir mi reclamo, la joven me explicó que era demasiado engorroso, a lo cual no insistí pero le anuncié que posteriormente escribiría una carta a los diarios, cosa que cumplí cuando estuve en Talca. Después, tuve que subir la bici a otro furgón, de servicios, que iba hacia el norte. Ese camino -dependiente de la concesión- es bastante recto y también posee una berma muy amplia. Tenía poco tráfico. Los empleados de la empresa que iban en el furgón se dieron cuenta de lo absurdo de la situación... no me dejaban transitar por una ruta muy segura y me llevaban para botarme en un camino mucho más peligroso

02/03/07

Desde Rafael, como a las 14:30 continué por un camino pavimentado pero sin bermas. Era sinuoso y corre entre bosques. En un tramo estaba quemado, por un incendio reciente. A Coelemu arribé cerca de las 16 horas. En la plaza conversé con un muchacho que atendía el kiosco de información turística. Me dio un tríptico de Cobquecura y me indicó cómo llegar a un supermercado. En éste, compré azúcar y algo para comer y beber. Volví a la plaza y me senté a almorzar en una banca. Cuando eran diez para las cinco, reinicié la marcha. Pasé por un puente sobre el río Itata y aparecí en Trehuaco. Después subí la cuesta que está camino a Quirihue. Antes de esta ciudad hay otra subida grande. A las 19:30 llegué y fui a comprar pan, queso crema y una bebida. A continuación me di una vuelta a la plaza, en donde me detuve un rato a comer. Volví a la ruta y desde un furgón lleno de personas una mujer me preguntó si conocía algún lugar para acampar. Les conté que yo también andaba en lo mismo. Proseguí por una zona más llana, sólo con suaves pendientes. Como a las 21 horas encontré una explanada a la orilla del camino, entre un cerco y arbustos. Acampé. Oscureció y se veían muchas estrellas. A lo lejos se sentía música y bulla de carretes juveniles. Dormí bastante bien, aunque en un comienzo tuve una pesadilla. Soñé que desde fuera metían lanzas hacia adentro, y desperté pidiendo ayuda.
Al otro día -domingo 18- desperté como a las 8:30. Tipo 10:40 inicié el pedaleo. La ruta era la típica "cuncuna": constantes subidas y bajadas de no mucha pendiente, pero que a la larga, igual se hace pesado. A las 13:30 entré a Cauquenes, en donde hay una corta ciclovía y un puente. En un costado de la plaza me compré un helado y telefoneé a Parral. Me contaron que Alejo estaba en la montaña y que regresaría el martes. Se acercó un hombre con sus hijas, que andaban en patines. Me preguntó sobre mi recorrido y se mostró sorprendido.
Fui a buscar un almacén y a pocas cuadras entré en una amasandería. Compré unos panes y un señor que estaba atendiendo un kiosco me interrogó sobre mi viaje. La mujer que atendía (Flor) me regaló otro pan, y el caballero me invitó a comer una humita. Él se llama Raúl y anda en bicicleta para todas partes. Dijo que le gustaría hacer viajes largos, pero que está encadenado a la pega, al kiosco. Se fue con su bici a repartir diarios y me dejó conversando con su hija Jenifer. Ella tiene 19 años y salió de 4º Medio. Se tomará un año para trabajar y juntar su dinero para pagar sus estudios. Pololea con un joven de Nueva Imperial que conoció por chat y que está estudiando en Santiago para ser gendarme. Al rato llegó su amiga -Deisi- una sensual morena, vestida muy a lo mina, que iba a estudiar y vivir en una pensión en Curicó. Jenny me regaló un jugo envasado y cargué el celular en el enchufe del kiosco. A las 17 horas retomé el viaje. Hay una subida al salir de la ciudad, pero el camino hacia Parral es bastante plano y recto. Se ve una extensa llanura y sólo las cordilleras de Los Andes y de la Costa (a la lejanía). En el kilómetro 28 y siendo aproximadamente las 19:30 me topé con el río Perquilauquén, que corre de sur a norte. El puente está con un sólo sentido y están iniciando la construcción del nuevo. Vi que había gente bañándose y bajé por un camino de tierra. Varias familias haciendo camping y un grupo evangélico que andaba en una micro. Unos tipos con copete llegaron en un camioncito 3/4 y casi se volcaron. Llevaban a mochileros. Después de recorrer varios lugares, volví cerca del puente ferroviario. Alejo me llamó al celular y me contó que había llegado a Parral, pero que esa noche viajaría a Santiago, y que no estaban sus amigos para que me hubieses alojado. Que regresaría el martes para hacer una caminata con un médico hasta la laguna que está cerca de la frontera con Argentina. Una familia que estaba de pic-nic me invitó a tomar mate y me regalaron pan amasado, agua potable y carbón. Eran de Cauquenes; dos hijas con su mamá y la pareja y el hijo de una de ellas. Hice fuego y tomé once.
En la noche dormí bien, pero escuché que un animal durmió junto a la carpa. Creo que fue un perro, pero en un momento hizo unos gruñidos muy extraños, y me entró la duda. Por la mañana no había nada.
El lunes 19 me levanté a las nueve de la mañana. Tomé desayuno y me percaté de que el neumático delantero etaba algo desinflado.

04/03/07

Salí a la ruta y me detuve a inflar el neumático cerca de una casa. Se veía una atractiva morena con un niño. Salió un caballero y me preguntó por mi viaje. Le hice un resumen. Al guardar el bombín y la válvula, se me olvidó el adaptador que había dejado en el suelo. Partí a las 11:30 y entré a Parral a las 13:15. Almorcé un completo con bebida y fui a la plaza a cambiar la cámara de la rueda. A las 14:30 reinicié el pedaleo. Salí a la ruta 5 y a las cuatro de la tarde pasé a tomar una bebida express en la plaza de Longaví. Continué y a las 17 horas arribé -por una larga ciclovía- a Linares. Compré pan, queso y leche y me senté a tomar once en una banca de la plaza principal. Se nubló completamente, pero no hacía frío. Retomé viaje a las seis de la tarde por una calle rumbo al poniente. Al rato encontré una ciclovía, por la que anduve hasta Panimávida. Me topé con otros ciclistas (obreros agrícolas) y con personas a caballo. También con un ciclista que llevaba a un par de caballos con un lazo y otro que arrastraba un carro. El camino era plano. Llegué como a las 20 horas al hotel de las termas y me dijeron que Ale y Felipe ya se habían retirado a su casa, a unos 6 km hacia Colbún. La mujer los llamó al celular y con Ale quedamos de encontrarnos en el camino. Subí la bici a su camioneta y me llevó a su casa. Estaban Felipe y un amigo que trabaja con ellos haciendo instalaciones eléctricas. Me duché y bajé mis cosas. Cenamos, conversamos y me pasaron una de las dos habitaciones que tienen para las visitas. Fumamos yerba. Me contaron de sus vacaciones en Necochea, al sur de la provincia de Buenos Aires. Llegó una prima de Ale, la hija del dueño del hotel, con una vacuna para uno de los perros.

05/03/07

El martes 20 de febrero me levanté a las nueve. Tomé desayuno y me afeité. Pedaleé hacia Panimávida y llegué al hotel a la una. Alejandra me hizo un recorrido por las instalaciones y me mostró lo que han construido desde que llegaron hace un año: comedore, piscinas, baños de barro, calderas. A las 14 horas fuimos a almorzar: entrada y lasaña. El hotel lo compró un tío de Ale, que hizo negocios en Punta Arenas y que se casó con una hermana de su mamá. El hotel quedó en muy mal estado y una parte se incendió. Los antiguos dueños -vinculados a la dictadura- obtuvieron créditos del Banco del Estado. Después del 90 no pudieron pagar y quebraron. Se entregó en comodato al municipio, pero siguió empeorando.
Después de almuerzo, acompañé a Felipe a Colbún, para que curaran las heridas de uno de los perros. En la tarde, me dormí una siesta en la plaza que está fuera, a la entrada del hotel. Antes de ir para la casa, pasamos a ver un camping que es del hotel, pero que lo tiene un particular que debe devolverlo este año. Se llena en enero y marzo, para las festividades de San Sebastián.
Una vez en la casa, los perros habían destrozado mi sombrero. Parché la cámara. Preparé kinoa para los tres. Tienen una huerta con varios vegetales distintos. Los pepinos eran amarillos y amargos. Me contaron sus veraneos en los balnearios de Venezuela. Felipe hizo triatlón desde los 17 hasta los 24 años. Ahora está fascinado con el surf; se compró una tabla y un traje y quiere ir a las playas que están entre Cobquecura y Pichilemu. Se compraron un terreno camino a Linares y este año comenzarán a construirse una casa "bioenergética".
El miércoles 21 me levanté a las nueve, justo para despedirme de Ale y Felipe. Coloqué otro parche a la cámara y tomé desayuno. Comencé a pedalear a las 11:25. En Colbún me detuve a comprar galletas. Salí a la carretera que conduce a la ruta 5. Un camino plano, bastante recto. Las casas con tejas españolas en los techos. Llegué a la Panamericana y crucé por una pasarela. Pedaleé hacia el sur y entré por un empalme que lleva a San Javier. Arribé a esta ciudad a las 14:15 e hice un recorrido. Paré en un boliche céntrico a comer un completo con bebida (15 horas). Había un televisor y me fijé que todavía estaban dando una telenovela brasileña que de vez en cuando miraba antes del viaje. Después, me compré un helado y me fui a dormir una siesta a la sombra en un parque. Retomé el viaje a las 16:15 y me encaminé a la Ruta 5. Tomé la carretera hacia el norte y a las 17:45 entré en Talca. Telefoneé a Carlos desde el centro. En la plaza vi una morena delgada, crespa, bonita, que me hizo recordar a Marcela. Mi ex compañero de colegio me pidió que lo esperara hasta las nueve, porque él venía por Chillán. Fui a un local para comer empanaditas de queso y beber un jugo natural de uvas. Me senté fuera y escribí sobre una mesa. Hermosas mujeres. Un niño y un adulto me pidieron monedas. Luego me fui a un parque. Parejas besándose. Llamé a Carlos a las 21:30 desde una estación de servicio. Quedé en esperarlo en el mall Plaza del Maule, al otro lado de la ruta 5 sur. Me ubiqué a la entrada del Cine. Apareció en un furgón a las diez de la noche. Lo seguí hasta su casa, en una villa nueva. Guardé la bici y bajé la mochila mientras Carlos recibía un pedido: cajas de ron. Se dedica a la distribución y venta de bebidas energéticas y alcohólicas en pub y discotecas, desde Rancagua hasta Concepción. Está casado y tiene tres hijas. La mayor es de su primer matrimonio y tiene 17 años. Ellas estaban veraneando en Punta Choros. Me llevó a comprar verduras y bebida, más carbón. Hicimos un asado con vegetales, trutritos de pollo y salchichas, mientras escuchamos a Tom Jones por la radio. Me dio a probar cervezas extranjeras que tiene de muestras. Contó que después que estuvo un par de años en la Escuela Militar, trabajó en diferentes partes. Se fue a Mendoza a estudiar psicología, durante cuatro años. Volvió a Chile y se desempeñó en varias actividades. Finalmente estudió RRPP en Santiago. Quebró y se fue con un amigo a Talca, en donde poco a poco fue configurando su actual negocio. Su esposa lleva lo administrativo-contable desde la casa y él se mueve en el furgón. Estaba estresado y quería ir a juntarse con su familia, pero no le era fácil ausentarse del negocio por una semana. Tenía unos parches con agujitas en la oreja -acupuntura- para que se relajara.
Dormí en el living, en un sofá-cama.
El jueves 22 me levanté a las 09:30. Ese día acompañé a Carlos en su vehículo, pues él tenía que realizar diligencias en la ciudad.

23/02/07

De la casa de Carlos salí a las 15:30. Dos horas más tardes me encontraba saliendo de la carretera –hacia la cordillera- por Camarico. Al cruzar la línea férrea, divisé una hermosa joven. Luego, me detuve a consultar en el local de un Comité de Agua Potable, y una mujer me indicó cómo era el camino hacia Cumpeo. A esta localidad llegué a las 18:45, compré algunas provisiones para tomar once, y me fui a descansar un rato a la plaza principal. Pregunté a algunos lugareños acerca del camino hacia Radal, y una mujer se acercó para saber sobre mi viaje. Reinicié la marcha a las 19:15, y avancé por un camino con muchos aromos y moras. Antes del anochecer arribé al pueblo de El Bolsico, en donde me puse a conversar con unas personas que estaban en la entrada de un terreno. Me invitaron a colocar la carpa en él, y a comer una cazuela. Era una familia que había vendido su casa en Santiago y que estaban construyendo una vivienda en ese lugar, pues se habían “enamorado” de esa zona.
Al día siguiente –sábado 24- me levanté a las 9:20; después de asearme un poco, tomamos desayuno en una terraza. Luego tomamos unas fotos y me despedí. Comencé el trayecto a las 11:45 y, media hora después, se me pincharon los dos neumáticos. Como tuve que esperar a que se secara el pegamento del parche, sólo pude reiniciar el viaje a las 14:25. Después de un rato, pasé por las localidades de Maitenes y Casa de Tabla. Entremedio, charlé un tramo con un ciclista de la zona (Nacho). El camino empezó a tener cada vez más pendiente y curvas; hubo un momento en que pensé que estaba perdido. Aparecí en El Treiler y consulté por el camino a Radal. Comenzó una bajada bastante peligrosa, hasta llegar a un puente sobre el río. Eran las 16:30 (Pancho) y les pedí agua a un grupo de gente que acampaba a un costado del camino. Proseguí y al poco rato me encontraba en un poblado, en donde compré una bebida y almorcé lo que llevaba conmigo. Continué y, no muy lejos, estaba Radal, con su gran cantidad de camping. Inicié la ascensión de la montaña, y a las 19:10 arribé a las Siete Tazas. Pagué la entrada ($ 1.000) y caminé hacia el río por el sendero del parque. Tomé unas fotos y regresé; con el guardabosque y portero conversamos un poco, cargué agua, y comencé el descenso. También saqué una foto en la cascada “El velo de la novia”.
A las 20:15 estaba nuevamente en Radal. Como no tenía intención de pagar por acampar, me instale bajo el puente, cerca de unos muchachos que tenían allí su carpa. Me preparé una once. Al anochecer, los jóvenes me invitaron a compartir con ellos un melón con vino.
Uno de ellos me contó que su papá era un ex militar que ahora se dedicaba al tráfico de drogas. Agregó que había abandonado el colegio al finalizar la básica, y que su pasión era inventar canciones raperas. Su padre lo mantenía mediante una mesada. Después de un rato fui a dormir, y ellos partieron a buscar una lolas que habían conocido.
El domingo 25 desperté como a las 9:30, me levanté y preparé un desayuno. A continuación me tomé unas fotos con los chicos de enfrente, arreglé mis cosas, y me puse en marcha a las 11:40.
Llegué a Molina a las 14:20 y me compré un mantecol. Después dormí una siesta. Proseguí el viaje y arribé a Lontué, desde donde intenté telefonear a mi hermano Gustavo. Seguí el recorrido a las 16:40 y aproximadamente a las 18:30 me encontraba en Teno, en donde compré un poco de pan.
Antes de las 20 h. me metí por un camino lateral, de ripio, en dirección a la costa, en busca de un lugar para acampar. El sector se llamaba Quinta y la calle llevaba hasta una estación de trenes denominada Santa Julia. Antes de un puente, divisé una playa con arena, en la ribera de un río que se veía muy contaminado. Entré por una huella e instalé la carpa.
A la mañana siguiente, me levanté a las 8:45 h., tomé desayuno, desarmé el campamento, monté todo en la bici, y partí a las 10:40. Primero fui a buscar un camino hacia la estación Santa Julia, pero sólo habían huellas para peatones y muchas espinas; regresé hacia el este y arribé la la Ruta 5 a eso de las 11:20 h. Como a la una de la tarde entré en San Fernando, en donde me dirigí hacia un local de Internet. Posteriormente, me compré un helado y me fui a una plaza a dormir la siesta. Reinicié el pedaleo a las 16 horas. Una hora más tarde llegué a Rengo, en donde me quedé por una hora. A las 18:50 arribé a Requinoa, de donde me alejé a las 19:15 h. Tipo nueve de la noche estaba en Rancagua, en donde anduve un rato buscando la dirección que me había dado Natalia. Finalmente, logré dar con la casa de la mamá de mi amiga. Ambas me atendieron muy cariñosamente.
El 27 de febrero me levanté a las 10:30 h., me convidaron desayuno y partí a las 11:35. Cincuenta minutos más tarde estaba en Graneros, en donde me quedé unos 15 minutos. Seguí pedaleando, y a las 13:10 entré en San Francisco de Mostazal. Tuve que volver a la carretera, y atravesar el tunel de Angostura, que aunque corto tiene mucho tráfico de camiones. A las 14:25 llegué a Champa, en donde me compré unas empanadas y almorcé en una placita. Descansé un rato y reinicié viaje a las 15:15 h. A las cuatro y media de la tarde arribé a Paine, y paré para comprar una sandía, de la cual me comí la mitad. Aparecí en Buin a las 17:20 horas, en donde tomé un agua mineral y reposé un momento. Retomé el pedaleo a las seis de la tarde y, cuarenta minutos después, entraba en Nos. A las 19:10 me detuve en El Bosque para llamar por teléfono a Quena, a cuya casa llegué a las 20:45 horas.

domingo, febrero 11, 2007

4.2 De Neuquén a Concepción


El domingo 28 fui a las nueve de la mañana a buscar a Kiko. Él me llevó a la sala de Prensa y Difusión, a ver un video sobre la historia del proceso (2001-2006). Posteriormente le dejé mi Memoria, la Ponencia y un esbozo de propuesta en el computador. También le hice una copia de mi curriculum. Kiko me dio una factura para desayunar.
Más tarde llegó la compañera de Kiko, una flaca bonita, con la hija de ambos (de unos cuatro años). Ella es la diseñadora de un boletín llamado La Hormiga. Estuvimos en portería esperando que llegara la colación, pero como no apareció, comimos unas facturas.
Conversé con Kiko y me contó que él no milita en partidos políticos, pero que tampoco es anti-partidos, pues eso sería otra forma de sectarismo.
Me pasó un video promocional del 2006, que lo pasaron en la TV local, que después traía el recital de Rata Blanca. Otros grupos que han solidarizado son: Ataque 77, Bersuit, La Renga.
Después de que se fue Kiko con su hija y pareja, nos tomamos unas fotos con Cares y Nelso (cordobés).

Más tarde, en la habitación, preparé lo último de arroz que me quedaba. Posteriormente me di una ducha con agua caliente. Después de secarme, fui a buscar unos panes al comedor y me acosté.
El lunes 29 me desperté a las ocho de la mañana. A las nueve fui a Prensa y conversé con Cristian, a quien le anoté las direcciones de mis blogs. De ahí me dirigí hacia el comedor, en donde Blanca me dio desayuno. Conversamos acerca de los errores de la UP que facilitaron el golpe de Estado de 1973. También hablé con un muchacho que tiene familiares en la Araucanía. Blanca me regaló varios panes con queso y otros solos. El chico me dio uno de jamón con queso.
A continuación de despedirme, fui a preparar las cosas para partir. Salí de la fábrica como a las 11:45 horas.
A las 14:15 estaba llegando a Senillosa, con la parte baja de la espalda quemada por el sol. Uno de los amigos de Pepino -el que tiene un ojo malo- estaba laburando con una cuadrilla que reparaba una calle. Me contó que el flaco había ido a buscar a otro amigo para ir a pescar. Anduve hasta el negocio El Tuti y pregunté por la casa de Pepino. Llegué y estaba su compañera, una morena delgada con anteojos. Ella llamó por celular a su pareja y le indicó que lo fuera a encontrar a la ruta. Allá lo divisé; venía con otros dos muchachos. Uno tenía el pelo largo, con rasgos indígenas y una polera con un dibujo de la Patagonia y un guerrero Mapuche. Fuimos a la casa de Pepino a dejar la bici, y llegaron tres jóvenes más con cervezas y un diario (la prensa de Neuquén y de Río Negro se ve junta). Ellos trabajaban de jornaleros en una obra: la construcción de una cárcel. Usan una libreta que se las llena la empresa y en la cual se registra el historial de trabajo. La casa en que viven tiene dos piezas, un baño, un comedor y una cocina abierta. Es pareada y posee un gran termo a gas. La obtuvieron gracias a una ocupación y hoy se encuentran en proceso de regularización. Estuvieron un año colgados al tendido eléctrico y sin gas. La toma la hicieron familias jóvenes que vivían de allegados. En unos meses más comenzarán a pagar dividendos de $ 50 mensuales (por 30 años). Todas tienen un estanque de agua potable en el techo (500 litros) y un patio amplio.
Aproximadamente a las cuatro de la tarde nos encaminamos hacia el río. En el camping le pidieron un trozo de malla a un tipo que tiene un boliche. Cruzamos un canal y luego un brazo del río. Había que avanzar en diagonal sin resistirse mucho a la corriente. El agua llegaba al pecho. Llegamos a una islita, que atravesamos. Había como unos charcos o pantanales. Una vez en la otra orilla nos quedamos entre unos juncos a preparar el material. Pepino y el "mapuche" fueron a capturar la carnada con la malla: unos pececitos que son devorados por los pejerreyes. Pepino me armó la lienza con dos anzuelos y un plomo. Ellos son furtivos; pescan sin permiso. Si los pillan los guardafaunas, les quitan todo y les cobran una multa. El permiso cuesta $ 5 por temporada (según Kano). Nos metimos al río y estuvimos más de una hora con el agua hasta la cintura. El mapuche pescó tres y yo uno. Dejamos los tarros afirmados en los juncos y fuimos a comer pan con paté. Luego, al centro de la isla a fumar unos cuetes. Llegó otro tipo con unos cangrejitos que usan de carnada para pescar truchas. Volvimos a recoger los tarros y en la lienza del otro muchacho venían dos peces. Cruzamos el río por un sector más hondo. Pepino llevó mi cámara fotográfica. Arribamos a la playita del camping. Allí se nos unió otro moreno de pelo largo, con quien fumaron un "faso".
Les tomé una foto. De regreso, los dos muchachos de las cervezas, seguían chupando. Uno de ellos me pidió ver la Zenit. Me contó que conocía varias ciudades de Chile y empezó a nombrar algunas, para ver si las ubicaba. Me pareció ridículo pues lo planteaba como si fuera una competencia. Seguimos camino y llegamos a casa de Pepino. Compramos cervezas y escuchamos un CD con metal argentino: V8, Hermética y Alma Fuerte. Tomamos mate y pan con cecinas. Los otros dos se marcharon y nos entramos. Pepino me invitó a quedarme a dormir, y preparó la cena: fideos, carne asada y pescado frito (apanado). Vimos los noticioarios, conversamos y vimos trozos de películas (TV cable). Ellos se fueron a sus piezas y yo me armé una "camita" en el comedor. Esa noche hizo calor.
El martes 30 me levanté a las ocho. Me afeité en el baño. Ellos se levantaron y tomamos desaryuno. Escuchamos a Jorge Cafrune. Conversamos: los dos hijos mayores de ella son de su anterior pareja (9 y 7 años). El primero lo tuvo a los 17 años. La niña menor (4 años) es de ambos. Él quiere tener varios más, pero ella cree que ya está bueno. Hablamos de política, sobre ambos países, de cómo la cobertura mediática había hecho aparecer que la mayoría de los chilenos lamentaban la muerte de Pinochet, siendo que en realidad no era más de un 25% de la población. A Pepino -que se llama Alejandro Agüero- le gusta Kischner, sobre todo porque ha reabierto los procesos por violaciones a los derechos humanos. A propósito de una noticia sobre una brigada de mujeres en la construcción, Pepino señaló que para él las mujeres tienen que quedarse en la casa, en la cocina y lavando.
Les anoté mis correos y blogs y me preparé para partir. Ellos me regalaron un paté, aceite, galletas y papel higiénico. No les acepté las cecinas ni los jugos. A las 12:15 inicié la marcha. Como a las 14:30 me detuve en una parada de camioneros. Compré una gaseosa de medio litro y me comí los emparedados que me regaló Blanca. Por la radio tocaban música mexicana. Un par de camioneros comieron sandwich y tomaron cervezas. Descansé recostado en una banca hasta las 15:45. Desde Arroyito -en donde paré bajo una sombra- hasta Plaza Huincul es un trayecto seco, caluroso y sin árboles. Desde el restaurante -un oásis en el camino- hasta Plaza Huincul-Cutral-Có, demoré casi cuatro horas. Como a las 19:40 entré a una oficina de informaciones y una mujer me explicó que no hay campings. El hotel más barato es el "Mapuche". Di una vuelta por el centro y entré a un kiosco a tomar una bebida helada. Las dos muchachas que atendían me contaron que a la entrada de Plaza Huincul hay un desvío hacia una zona con parrillas en donde a veces se ven carpas. Después fui a cargar agua a una estación de servicios. Un caballero me conversó y me deseó suerte. Luego pasé a comprar víveres en un local atendido por una atractiva morena (mermelada, salchichas, manzana). El cajero me señaló que los mochileros acampan en una placita frente al servicentro. Allá estuve un rato, pero no me pareció muy seguro. Además, Pepino me advirtió que esa ciudad era medio peligrosa. Pedaleé unos 7 km hacia el oeste y acampé tras unos matorrales. La luna alumbraba bastante. Corría mucho viento.
El miércoles 31 inicié el pedaleo alrededor de las diez de la mañana. Zona seca, calurosa, con algo de viento. Más subidas que bajadas. Como a las 14 horas paré bajo unos árboles, en un ranchito frente a una comunidad Mapuche. Almorcé las galletas con paté y jugo. Me recosté y dormí un poco. Reinicié el viaje a las cuatro de la tarde; crucé una línea de tren y subí una cuesta de varios kilómetros. En la cima hay grutas de San Cayetano y San Valentín. Luego, una bajada y una larga recta -con viento en contra- hasta Zapala. A las 18 horas pasé a la oficina de información turística y allí me indicaron cómo encontrar el camping municipal, que era gratuito. Esos pocos kilómetros (unos cuatro) se me hicieron pesados. Ya estaba con fatiga y deshidratado. Al arribar, se me complicó hablar con el cuidador por lo seca que tenía la boca. Le compré una gaseosa de dos litros y cuarto -heladita- y me la bebí entera.
Busqué un lugar par poner la carpa, cerca de una parrilla con mesa y entre los árboles. Conversé un poco con un muchacho que andaba mochileando con su pareja. Venían de Buenos Aires y llevaban una semana "y pico" de viaje. Cerca de las 21 horas me duché con agua caliente. Después, en el fogón me puse a preparar polenta con salchichas picadas. En eso llegó una pareja en una camioneta. Me contaron que me habían visto en el camino en la bici. El tipo me contó que trabajaba con camioneros chilenos, pues él es policía en la Aduana. Señaló que Chile es un bello país pero que cobran por todo; puso de ejemplo los baños en los servicentros carreteros. Y, en broma -supongo-, agregó: lo único malo de Chile son los chilenos. No dejamos que se lleven a las argentinas. Me preguntó por la Bachelet. Le respondí que bien, que estaba intentando mejorar la segurida social, pero que su margen de acción era institucionalmente muy estrecho. Al terminar de cenar fui a dormir. Aunque había ruido pues había varias familias acampando, pude dormir bien.
El jueves 1 de febrero me dediqué a descansar. La mayoría de los acampantes se marchó, entre ellos unos jóvenes brasileños que andaban en un cleinbus con dos bicicletas en el techo. Eran tres mujeres y un hombre y tocaban la guitarra.

04/02/07

Aproximadamente a las 13:30, un par de adolescentes que estaban asando unos chorizos, me invitaron a comer con ellos. Yo les había regalado un jugo y una botella plástica previamente. Eran de la ciudad e iban a bañarse a la piscina municipal que estaba al lado. Pileta le dicen y tienen un enfermero que revisa los dedos de los pies y la cabeza, para detectar hongos y piojos. El ingreso cuesta $ 2; en la mañana estaba lleno de niños de las colonias veraniegas. Los padres del chico moreno eran de Lonquimay. Según él en ese bosque penaban porque hubo gente que iba allí a suicidarse. Me contaron que había problemas con las drogas: marihuana, cocaína, pasta base, pegamentos y nafta. Tenían unos panes gordos que los hizo la abuela del moreno. En el comercio, el pan más común es la trenza, que cuesta aproximadamente $ 1 c/u. Los muchachos compartieron sus chorizos ($ 6,2 el kilo) -con picante- y sus panes, y yo coloqué la polenta con salchichas. Según ellos, a los tiestos plásticos les dicen "taper", en cambio en Chile sería "poronga", lo que para ellos es una "mala" palabra; "el que siempre te acompaña", acotó el moreno. Ellos fueron a la piscina y me pidieron que les cuidara el morral. Me fui a dormir la siesta, la que duró como tres horas. Tipo cinco de la tarde fui en la bici a comprar provisiones a un supermercado que me indicaron los chicos, en un barrio cercano al camping. Se ve harto nombre mapuche, en las calles y en letreros. Había una sección de aperos para jinetes. Un cuchillo "facón" pequeño costaba $ 90. Adquirí pan, salsa, puré, atún, jugo, maní tostado, café ne saquitos y galletas. Al regresar, la piscina ya estaba cerrando. Antes de acostarme me comí lo que quedaba de polenta. Los cuidadores de la piscina tenían puesta la radio a alto volumen. Se escuchaban cumbias y música típica argentina: José Larralde. En la radio del cuidador sonaba bastante chamamé y chacareras.
El viernes 2 de febrero me levanté a las ocho, tomé desayuno y cociné polenta con salsa de tomates. Desarmé la carpa y ordené las cosas. También eché aire al neumático trasero y lubricante a la cadena. Parí a las 12 del día, con calor y un poco de viento en contra. Con más subidas que bajadas, a las 14 horas llegué a una cima, cerca de unas antenas repetidoras. Busqué la sombra de unos álamos, a la entrada de un yacimiento. Salió un guardia y me explicó que era una mina de carbonato de sodio, y que allí llegaban camiones que venían a buscar el producto desde Chile. Hablamos sobre el clima y me indicó que en esa zona llueve poco, por lo que la leña es escasa. Dijo que en el área de pastos, más a la costa y hacia el norte-noreste, hay mucho ganado. Pero, producto de la gran exportación, el precio ha subido mucho; hoy un kilo de vacuno cuesta $ 12. Proseguí con más descensos que subidas. El viento me frenaba en las bajadas. Después de un empalme y un pronunciado descenso, arribé a Las Lajas, a las 16 horas. Pregunté por el camping municipal y algunos me indicaban un extremo y otro del pueblo. Compré un agua helada con sabor a lima-limón y el comerciante me aseguró que el lugar estaba en el barrio de Las Lajitas, junto a un canódromo. Llegué al recinto, lleno de álamos, con ranchos de troncos, parrillas, una casa y una pista de carreras caninas. Tiene una cancha de futbolito y otra de voleibol playero. Un par de jóvenes me informaron que para las carreras, en las casuchas se instalan cocinerías y cantinas. Además, el terreno lo comparte con una casa, que por esos días estaba deshabitada. Hay gallinas, pollos y gallos, y unos baños a medio construir. Existe una estatua con un perro galgo y bajo ella, en un costado, un armario con vidrios que protege una imagen del gauchito Gil, rodeado de banderas rojas.
Por la ruta vi varias veces grutas de la Difunta Correa, en donde los que pasan le dejan botellas con agua. Pepino me contó que una vez encontraron el cadáver de una mujer que murió de sed y que su bebé sobrevivió mamando de uno de sus pechos.
Mientras miraba dónde podría acampar, pasó un hombre que dijo ser el cuidador. Iba con una mujer y algunos niños. Me sugirió que me instalara en una de las casuchas, que tiene un letrero que dice "cantina". Ellos siguieron para el río y yo partí en la bici a buscar los supuestos lugares para acampar que habían en el otro extremo. Llegué a un puente sobre el río. Hacía mucho calor y un gran número de personas se estaba bañando a todo sol. Casi no habían lugares con sombra. Después fui hacia un recinto para jineteadas que estaba cerrado con candados. Adentro tenía parrillas y pasto. Una persona de un taller mecánico me dijo que le pidiera permiso al cuidador, pero como no encontré a nadie, regresé al canódromo. Dejé la bici encadenada y me encaminé al río. Tuve que cruzar un arrollito, rodear un establo y caminar sobre defensas hechas con piedras y malla de alambre. Llegué a una playita en donde se bañaba la gente. Allí estaba Kano, el cuidador, con niños y dos mujeres. Una era la que iba con el cuidador y la otra era una morena con el pelo largo, liso -lo llevaba tomado. La encontré atractiva; andaba con un hijo. Yo dejé mis cosas en la orilla y me bañé. Había una corriente fuerte y espuma con un aspecto no muy saludable. De vez en cuando saltaban peces fuera del agua. A muchas personas se les nota ascendencia mapuche. Kano me preguntó por la bici, preocupado porque no me fueran a robar. Al cabo de un rato, él me guió de vuelta al camping por una senda que atraviesa el terreno de establos. Cruzamos el arroyito -con algunos pozones hechos con piedras- y Keno saludó a una familia. Una niña de ojos almendrados nos miró. Kano fue a buscar agua y una escoba para limpiar el piso de tierra de la "cantina". Más tarde se pusieron a jugar voleibol. Conversé con la niña del arroyito; su nombre es Dayana y tiene ocho años. Posee un bello mestizaje. En el pueblo también vi chichas muy lindas.
Antes de que se fuera la luz armé la carpa. Con la polenta que traía preparada desde Zapala hice una combinación con el atún, que quedó muy sabrosa.
Me hice un farolito con el poto de una botella plástica y una vela. Alrededor de las 22 horas me acosté. Llegaron unos acampantes en carros y metieron bulla, pero lo más jodido era el calor. Me acosté sólo con el traje de baño y con la cabeza hacia la entrada, que dejé abierta a medias. Sólo en la madrugada me metí en el saco.
El sábado 3 me desperté a las ocho. Mi desayuno fue café con leche y galletas "marmoladas". Después de ir al baño, comencé a escribir. Llevaba como una semana de atraso. A media mañana me hice unos mates y comí maní tostado. Apareció Keno, cuyo nombre es Rodolfo Fernández. Me contó que hace unos 20 años había llevado unos animales a engordar a las montañas (en primavera). De pronto, lo rodearon unos carabineros de frontera. Según ellos, estaba en territorio chileno; amenazaron con matarle el caballo y quitarle los animales. Más tarde apareció una patrulla de gendarmes argentinos, quienes les mostraron a los pacos que eran ellos los que estaban fuera de su patria. También me relató la historia de una tía que fue a encontrar en un ranchito en las montañas. Había sido dada en adopción por la abuela. Entonces, mandó a buscar a su mamá y la llevó para que conociera a su hermana. Estuvieron como una semana juntas y lloraron un buen rato al despedirse en el terminal.
Después de almuerzo (el resto de polenta con atún) dormí una siesta. A eso de las cinco fui a darme un chapuzón al río. Había un grupo de bolivianos y una pareja compuesta por una muchacha muy guapa (con rasgos aimara o quechua) y un tipo muy feo. De regreso, caminé al almacén del barrio. Estaba la mujer atractiva que andaba en el río el día anterior. Andaba con su hijo, comprando un regalo. Le dije "ola". Compré pan, una manzana, huevos y queso. En varios lugares he visto que ponen el queso y las cecinas en una bandejita - malla de plástico, y la envuelven al calor en un pliego delgado de plástico (máquina eléctrica). De vuelta, me hice una once con huevo frito (cena). Me acosté como a las diez. El grupo de acampantes estaba asando un chivo que compraron en el pueblo. Lo preparó Kano quien después me contó que se pueden conseguir por 80 ó 90 pesos. Ese día corrió un viento muy fuerte. Como a las 20 horas fui a ver cómo jugaban voleibol. Eran tres equipos que iban rotando. Estaba sentado en una banca cuando sentí un golpe en la pierna. Pensé que había sido una semilla caída de un árbol. Miré y era un pichón todavía sin plumas. Lo tomé y estaba vivo, pero con la piel cortada en la cabeza. Se lo pasé a una niñita que quería cuidarlo y llevárselo a su casa. Un niño moreno con problemas en los ojos; medio vizco y con uno algo cerrado, me preguntó si yo no tenía esposa e hijos. Le contesté que no y que ya había suficientes niños en el mundo. Soy solo y no tengo ni un perro que me ladre.
Hoy me desperté a las 8:30.

09/02/07

En Las Lajas los jerjenes me dieron duro en las canillas, tobillos, antebrazos y muñecas.
Durante la mañana del domingo 4 me dediqué a ponerme al día con la escritura. Para almorzar preparé polenta con salsa y huevo frito. Después me dediqué a engrasar las cuvetas de los ejes. Cuando dieron las cinco fui al río, me di un chapuzón y tomé una foto.De regreso, a eso de las seis, me afeité. A continuación, tomé once y proseguí con la escritura. Al rato, llegó Kano con las tiras de goma de unas cámaras de bicicleta que tenían mala la válvula. Tratando de cortar un grueso alambre, rompí el alicate. Buscando otros alambres, Keno me invitó a tomar unas cervezas. Estaba con otro tipo. Ambos me ayudaron a armar los ganchos de alambres. De ahí fui a la cancha de volei; tomé unas fotos a los niños. Anocheció y me fui a dormir.
El lunes 5 me levanté a las 7:45. Mientras tomaba desayuno apareció Keno y otro jornalero municipal. Les convidé unos mates.
Desarmé la carpa y ordené el equipaje. Keno se quedó cuidando las cosas mientras yo fui en la bici a comprar provisiones (Proveeduría es una forma de llamar a los almacenes). Estuve en el super del centro y en el boliche del barrio. Allí me compré un helado. Regresé pasadas las ... y le di a Keno todo el dinero argentino que me quedaba: $ 10. Luego le tomé una fotografía y me comprometí a enviársela por correo si salía bien. Nos despedimos pues él tenía que ir a pagarse al municipio. Cociné polenta para el camino y partí a las 12:40. Todo el viaje ese día fue en subida, con una pendiente cada vez más pronunciada. Varias personas me saludaban o daban ánimo. Siempre tuve viento en contra, que era más fuerte en la medida que ascendía. Ya cerca de Pino Hachado el paisaje se hace más verde y aparecen las araucarias. Para más remate, de pronto se salió la tapa de los piñones y se trancó. Una vez que lo arreglé, el viento cada vez más fuerte. Eché puteadas, me cagué en todo... Comenzó a hacer frío y yo seguía con polera, chalas y short. A las 19:40 arribé a la Aduana argentina. Cuando los gendarmes se dieron cuenta que iba en bici, intentaron que un camionero chileno me llevara a la aduana chilena, distante a 26 km. Me dirigí hacia la garita de salida y conversamos con el gendarme. Me hizo pasar a la caseta que estaba con una estufa. Sugirió que le pidiera permiso al jefe para colocar la carpa protegida en algún lugar del complejo. Eso hice y me aceptaron; que podía ocupar el baño hasta las 22:30 y me ofrecieron agua caliente. Con dificultad armé la carpa en uno de los estacionamientos bajo el alero principal. Una vez adentro, me hice un café y me comí la polenta fría. Me abrigué pues estaba helado. El viento era tan fuerte que la carpa se sacudía permanentemente. Las varillas agujerearon los cuatro esquineros. La capa se levantó. Cerca de medianoche, un gendarme salió para ofrecerme que durmiera en la garita. Rechacé la oferta ya que estaba con todo cerrado y tapado. Sólo pude dormir unas cuatro horas, cuando la carpa ya me topaba la nariz.
El martes 6 me levanté antes de las ocho. Tuve que esperar un rato para que me dieran agua caliente. Tomé desayuno y preparé las cosas. Inicié el viaje a las 10:25, con una cuesta de 6 km, ripio y viento en contra. Una vez pasada la cima, paré a sacar una foto, pero se había acabado el rollo. Allí comenzó una larga bajada de unos 20 km, hasta Liucura. El paisaje es mucho más verde y se ve que esa zona es una cuenca rodeada de montañas. El viento es helado. Una vez en la aduana chilena me puse a conversar con unos camioneros argentinos que estaban parados por falta de unos papeles. Un par de ellos me describieron el camino hasta Victoria y los lugares para acampar gratis. Los trámites los hice como a las 13:10, cargué agua y seguí algunos kilómetros hasta un puente sobre el río Bio-Bio. Entré por un camino a Pichipehuenco y bajé hasta unos árboles y pasto. Había una camioneta y una familia se bañaba y pescaba en el río. Hice fuego y calenté fideos con huevo. Las personas llegaron y nos saludamos. Nada más... estaba nuevamente entre chilenos. Se marcharon. Después de almorzar (había llegado tipo 14 horas) dormí una pequeña siesta. Reinicié la marcha a eso de las cinco. Pasé por un sitio que tenía unos letreros: "olla común", "consejo pehuenche de Lonquimay", y una bandera Mapuche.
Es un terreno ondulado, con ríos, que es verde y húmedo, y está rodeado de montañas. Cansado de pedalear contra el viento, llegué a Lonquimay como a las 20 horas. Encontré la oficina de información turística y le pregunté a la lola que atendía si había un camping cerca. Me dio un folleto de "Río Lonquimay", que estaba a 15 km y que cobraba $ 1.000 por persona (supuestamente). Me abrigué y partí siendo las 20:30. En el camino oscureció, y al llegar al kilómetro 106,5 ya no se veía nada. Pregunté a unos tipos que estaban en pana y me dijeron que era en una casa a la orilla del puente o en un sitio al otro lado. En ambos lugares estaba oscuro, nadie respondía a los llamados y sólo ladraban los perros. Con la luz de los vehículos logré dar con una entrada y un letrero de "estacionamiento". Encendí una vela y la puse en un farol. Coloqué la carpa sobre un poco de pasto, y al lado del letrero, en el cual encadené la bici. Estaba helado, muy silencioso y, hacia el cielo, la noche repleta de estrellas. Vi una estrella fugaz y pedí: "salud, laburo y amor". Dormí bien; sólo un poco de dolor en las caderas y que me tuve que abrigar en dos oportunidades después de las 04:00.
El miércoles 7, un poco antes de las nueve, sentí que llegaba alguien en bici a abrir el portón. Me levanté un poco después y saludé al cuidador del recinto, y le expliqué lo que había sucedido. Me contó que ellos cierran a las 19 horas. Tomé desayuno y estuve listo para partir a las 11:30.
10/02/07
Un poco más adelante pasé por el poblado de Sierra Nevada, en donde una montaña con nieves eternas hace de telón de fondo. Cerca de las 12 horas llegué al tunel Las Raíces. Una bicicleta en la parte posterior de una camioneta. Detrás, un caballero asomó su cabeza por la ventana y me dijo: "ese es colega suyo, es venezolano". Se me acercó un funcionario de la concesionaria y me preguntó si quería cruzar. Me explicó que no podía hacerlo en bicicleta, pero que le pediría a una camioneta que me llevara. Fue donde la cobradora del peaje y ésta le pidió el favor a un tipo que iba con su hijo. Dos empleados me ayudaron a subir la bici. El túnel mide 4,5 km, es angosto -una vía- y alto. Fui sentado en el asiento trasero y los que iban delante no me dijeron nada en todo el trayecto (otra vez en Chile). Al terminar, le pedí al conductor que me ayudara a bajar la bici. Lo hizo y nos despedimos.
14/02/07
La mayoría de la gente trabajadora usa jokey de beisbol.
Alrededor de las tres de la tarde arribé a Curacautín. Busqué un cajero automático y lo hallé dentro de un supermercado. Realicé compras y fui a la plaza. Me ubiqué tras una feria artesanal, almorcé y descansé un poco. Antes de partir, pasé por una oficina de información turística. Una lola me aseguró que en el camino a Victoria habían campings, pero no sabía a cuántos kilómetros. Tal como me habían dicho los camioneros, había subidas, llanos y bajadas, con riachuelos y puentes. Tipo ocho de la tarde, pasé por el costado de una explanada ubicada en la esquina de una calle de ripio. Había un letrero que decía: "faja Fernández". Le pregunté a una señora y a un caballero que esperaban locomoción en un paradero situado un poco más hacia el oeste, y me contestaron que esa zona era tranquila, sin peligro. Hice fuego para tomar once y después puse la carpa. Llegó la noche; muchas estrellas. Dormí bien. Encadené la bici en un arbusto. Por la mañana estaba frío y húmedo. La cubierta de la carpa se hallaba mojada. Como estaba en la sombra, empecé a llevar las cosas hacia el sol. Encendí fuego y preparé el desayuno. Una vez que la carpa se secó. Estuve listo para partir a las 11:25 h. Inicié el pedaleo y alcancé la ciudad de Victoria a las 13:10. Compré un rollo de 36 fotos y me dirigí a un supermercado a comprar dos latas de cerveza. Luego, partí hacia la plaza central y me senté en una banca cerca del chorro de agua de una especie de pileta. Hacía mucho calor y el rocío era refrescante. Mientras miraba a una hermosa muchacha que leía un libro sentada en otra banca, se acercó un caballero con maletín y se puso a conversar conmigo. Era oriundo de Misiones (Argentina) y trabajó en Gendarmería. En Santiago, laburó en la fábrica Bartolazo, cerca de Peñalolén. Ahora se desempeña como vendedor viajero de los plásticos Wenko, y vive en San Bernardo.
Reinicié el pedaleo a las 15:20 h, salí a la ruta 5 sur y me dirigí hacia el norte. Por el calor, me saqué la polera. Hay muchos locales con venta de tortillas, queso y mote con huesillos. Alrededor de las 17:10 arribé a Collipulli, luego de pasar al lado del Vidaducto del Malleco. Intenté llamar a Paulina Ríos a Conce, pero no contestaban. La chica que atendía me informó que hay un lugar para acampar a orillas del río, al costado del puente Santa Elena, unos 15 km en la ruta hacia Angol. Me tomé un helado de lúcuma y proseguí por la ruta de la madera. A esta altura, ya se notaba el vencimiento del neumático trasero. Aparecí en dicho puente a las 18:50 h y le pregunté a un caballero por dónde bajar. Me metí por un camino empedrado y llegué a un terreno a orillas del río, con bastantes árboles, huellas de fogatas, pasto, arena y basura. Había un auto y una pareja recostada en el pasto. Me bañé en el río aunque era muy bajo. Después llegó una camioneta con forestales a darse un chapuzón. Al rato, me trasladé hacia un sitio más adecuado para acampar. Hice fuego y cociné fideos y huevo frito. Bastantes zancudos. Me acosté pasadas las 22 horas. Como a medianoche llegaron vehículos motorizados con jóvenes bulliciosos que colocaron música reguetón. Tomaron copete e hicieron fogatas. Hubo un conflicto con el "guatón de los motes" que manejaba una camioneta. Se fue y dejó a su contrincante y a unas muchachas. De madrugada llegó otro vehículo a buscarlos.
El viernes 9 me levanté a las 8:30. Hice fuego y tomé desayuno. Todavía humeaba la fogata de los carreteros de la noche anterior. Dejaron las botellas plásticas y la basura tirada. Reflexión sobre los espacios públicos. Listo para partir aproximadamente a mediodía.
Luego de unos 45 minutos de pedaleo arribé a Angol. Encontré un local de repuestos de bicicletas "La hermosa". Compré un neumático. Después fui a dar una vuelta por la plaza principal. Mucha gente, vehículos motorizados y ciclistas. Un taxista me preguntó que de dónde venía y hacia dónde iba. Posteriormente paré a comprar tomates, pan y leche chocolatada. Salí con rumbo a Renaico y paré en la sombra de un árbol, pasado un rió y al lado de un kiosco. En la marmita traía fideos; hice una ensalada de tomates y abrí la lata de sardinas. Llegó una camioneta con cajas de tomates y una señora que abrió el kiosco. Al poco rato, se acercó a regalarme cuatro tomates. Retomé el recorrido a las 16 horas. Muchos camiones y buses. A las 17:30 llegué a Renaico. Intenté otra vez comunicarme con Paulina, pero sin resultado. Paré un rato a orillas del río a mirar la gran cantidad de gente y carpas que estaban en el balneario municipal. Seguí el viaje hasta llegar a Nacimiento como a las 17:30 h. Fui a conocer la plaza principal, un antiguo fuerte situado sobre un monte, con una gran vista al valle y al río. Le pregunté a un tipo sobre balnearios populares. Me habló de un puente colgante y de Nicodagua, a unos 8 km hacia el oeste. De ahí, fui a comprar bebida y huevos. Retomé la ruta y a las 19:00 me encontré en el peaje de Nicodagua. Avancé un poco pero me devolví al ver que el río se alejaba de la carretera.
Entré a un camping particular en donde había un kisco atendido por dos hermanas. Sólo me cobraron $ 1.000 por la carpa (no tuve que pagar los $ 400 por persona). Me instalé en uno de los sitios, busqué palos en un bosque al otro lado de la carretera, y calenté agua para cocinar fideos. Ya de noche, llegó una de las hermanas (la menor y más morena) y me regaló unas sopaipillas que había hecho su mamá. Unos vecinos -que reunían varias carpas- pusieron reguetón con letras bien picantes ("cochinas").
15/02/07
Esa noche llegó un grupo de jóvenes: dos mujeres y cuatro hombres. Colocaron sus carpas al lado e hicieron fuego. Comieron y empezaron a tomar copete. Yo me acosté pasadas las diez y me desperté como a la una de la madrugada, por el boche que tenían. Se pusieron a cantar y tocar la guitarra. Invitaron a un venico llamado Marcos. Jugaban a un tipo de bachillerato oral. Decidí levantarme y sumarme al carrete. Me convidaron trago y uno de ellos -llamado Andrés- me relató su historia personal.
16/02/07
Andrés fue hijo de una relación furtiva entre una mujer de Tomé y un hombre de Conce. Fue criado por su abuela en condiciones de pobreza. Trabajó cargando luga y en una zapatería. Entró a la U de Conce y estudió con becas. Laboró en un restorán y otros lugares. Fue "adoptado" por una familia de buena situación de Conce, con dos hermanos, uno de los cuales estudia arquitectura. Hace poco terminó la carrera de Periodismo y se especializó en metodología cuantitativa de investigación. Ahora le dieron pega en una agencia de ingenieros que hacen estudios para empresas. Le gusta la corriente de Maturana, y también tiene una visión muy crítica de la prensa nacional.
Las dos hermanas se llaman Darling y Yenifer, son de Nacimiento y estidian en Los Ángeles. Sus padres tienen un restaurante y son derechistas. Los dos hermanos fueron ciclistas de montaña, pero lo dejaron por los accidentes.
Bebimos copete hasta las 05:30, en que nos acostamos.
Desperté como a las 9:20 y seguía mareado. Ese sábado 10, tomé desayuno y después me uní al grupo de mis vecinos. Como hacía mucho calor, nos bañamos varias veces en el río. Para almorzar preparé un guacamole, con los tomates que tenía y paltas de ellos, con cecinas, ajos, ajíes y pan. El resto del día lo pasamos entre la conversa, el río, la cerveza y el guitarreo. Al atardecer, antes de irse, me regalaron pan, papas, vino y carbón. Nos tomamos unas fotos e intercambiamos mails. Les ayudé a empacar y se fueron en un colectivo a Nacimiento.
Esa noche preparé un puré de papas y un huevo frito. Apareció la morenita que atiende el kiosco y quedamos en conversar más tarde. Me cambié de ropa y fui a encontrarme con ella. Se llama Violeta y tiene 26 años. Tiene un hijo -Diego- de dos años y medio. Lo tuvo con su último pololo, con quien tuvo una relación de tres años y medio. Él le había dicho que por una operación, no podía tener hijos. Sus padres la trataron mal cuando quedó embarazada, y ella se fue. El resto del año vive y trabaja en Nacimiento, en el comercio. Arrienda una pieza. Mientras está en el terreno de sus papás, la tienen controlada y "cortita".
El domingo 11 me levanté temprano y estaba nublado. Preparé desayuno y desarmé la carpa. Le dejé las papas, el pan, el carbón y el vino a una familia que había llegado un rato antes. Colocaron música evangélica. Tomaban mate. Una adolescente sordo-muda que jugaba.
Pasé al kiosco de la entrada y le tomé una foto con las hermanas en el interior. Le escribí mis datos en un papel a Violeta y nos despedimos. Eran las 12 del día. El camino hacia Santa Juana tiene muchas curvas y subidas. En el transcurso vi una misa al aire libre y una fiesta con carreras a la chilena. Pasadas las 15 horas, me detuve en un empalme a comer un pan y un durazno. Había un tipo en pana y un par de personas, de una casa cercana, fueron a ayudarle. Al pasar a mi lado, el mayor me preguntó por mi viaje. Seguí, y un poco más allá comenzó una gran bajada, que en una de sus curvas tiene una cascada. A continuación, un plano y una larga recta antes de llegar a Santa Juana a eso de las 16:30. Busqué la plaza principal y había una festividad de la miel, con mucha gente, escenario, estands y música criolla. Compré un tarro de jurel y me fui a almorzar a una esquina de la plaza. Luego llamé por teléfono a Tombo y al Huaso, para conseguir alojamiento en Conce. Compré un helado y volví a llamar. Eduardo me dio el dato de un Centro Social en Penco (en la estación de trenes). Emprendí viaje a las 18 horas, y que quedaban unos 46 km hasta Conce. El trayecto es bastante plano, con curvas y gran parte bordea el río Bío-Bío. El paisaje es bonito, con mucha vegetación y caídas de agua. Cuando iba arribando a San Pedro, un hombre que esperaba locomoción, me dijo: "usted que es bueno para pedalear; lo vi arriba antes de Santa Juana". Aproximadamente a las 21 horas estaba cruzando el puente por donde se entra a Conce. Seguí por una ciclovía, luego por la calle y después, otra ciclovía en el parque Ecuador. Llegué a la U de Conce y busqué la casa de Paulina. Toqué el timbre y salió Nelson, su marido. Estaba solo, pues Paulina con sus dos hijas estaban vacacionando en Villarrica. Me hizo pasar y nos sentamos en la mesa a cenar y a conversar. Dejé la bici y el equipaje en el patio trasero y me di una ducha. Esa noche dormí en la pieza de María José, la hija mayor (15 años).

(continúa...)