domingo, febrero 05, 2006

3.1 De Punta Arenas a Chile Chico

07/01/06

Hoy salí de la casa de Juan Ignacio como a las 11:30. A las afueras de Punta Arenas me dio viento en contra hasta pasado el km 50. Ahí en Gobernador Phillips compré un alfajor y jugo (todo estaba caro). Acampé pasado el km 70 en un bajo, al costado del camino. Había una especie de zorrillo (chingue) que me estuvo observando un rato y luego se fue.

El domingo 8 pedaleé en la mañana hasta Villa Tehuelche (km 100). Allí, a las 14:15 llegó Juan Ignacio con chofer en minibús. Me regaló un barros luco y dos cokas. Fui a dormir la siesta a la plaza y conversé con unos niños. Tipo 16 h. reinicié la marcha, con menos viento. Mi primo me dio pastillas de Ibuprofeno, para los dolores de trasero y espalda. Había quedado muy cansado y con desánimo hasta la siesta. En un kiosco compré galletas y la señora me dio agua. Me contó sobre tres ciclistas argentinos que pernoctaron en su casa. En Villa Tehuelches había un rodeo huaso y en la calle vi un gaucho a caballo. La cultura huasa es un implante del Estado-nación al igual que en el norte grande, araucanía y Chiloé.

La comuna de Laguna Blanca tiene basureros, paraderos cerrados, sitios para picnic y camping.

En la tarde el viento era poco y estaba despejado. Ablandé el asiento con la toalla y avancé hasta Morro Chico (km 150). Acampé en un sitio municipal en donde se encontraba una familia. La señora me convidó fuego y agua. Cociné tallarines con jurel y preparé un té. Me acosté pasadas las 23 h.

09/01/06

Esta mañana desmonté la rueda trasera y encontré la cuveta que da a los piñones a punto de romperse. Ayer en la tarde había notado los síntomas característicos: crujidos y desvío de la rueda. Cambié la cuveta y puse grasa. Enderecé la llanta.
Corre mucho viento –frío- y caen algunas gotas…

10/01/06

La señora me regaló un emparedado de carne con vegetales. Además me dio una bolsa con calzones rotos. Saqué agua del río y la herví en la fogata. Esperé que dieran las cinco y preparé mis cosas. Como había mucho viento me fui caminando hasta el km 155. Se cruzaron dos zorritos. A partir de Morro Chico comienza a verse bosque nativo.
Paró una camioneta con una pareja de adultos que iba a Natales. Me llevaron hasta Rubens, es decir, 27 km. Proseguí el pedaleo, con menos viento. Tras una larga y recta bajada, llegué a una estancia cerca de un lago. Acampé al anochecer. Estaba achacado.
Me levanté al amanecer, para capear el viento. Al pedalear, varias veces cayó lluvia. Como a mediodía llegué a Puerto Natales. Llamé a mi primo y me agenció una pieza en el hotel Blanquita, que compartiría con José. Al llegar, dormí una siesta, luego me duché, me puse ropa limpia y fui a conocer la ciudad. Compré cosas para comer, llamé a Erto y a Lucas.
Revisé la cámara fotográfica y comprobé que había puesto mal el rollo. Por lo tanto, no salieron las que tomé en el camino (tres) ni en Morro Chico.
Estoy cansado, adolorido, desmotivado, deprimido. Si no cambio el método, no podré continuar. Debo relajar la vena; acolchar el asiento, pedalear dos horas en la mañana y dos en la tarde. Descansar cada 5 km. Comer y beber lo suficiente. Dormir bien. Parar si amerita una buena foto. Abastecerme de masas y pastas. Descansar por lo menos un día por cada 150 km.

11/01/06

Personas de distintos rasgos y países. Me recuerda San Pedro de Atacama.
Hoy compré un forro de gel para el sillín. Telefoneé a Lucre y conversé por msn con Andrea y Karen. Compré $ 30 argentinos.

12/01/06

El cielo con sus diversos tipos de nubes.
José me contó sobre su vida. Tiene 33 años y es padre de una niña de nueve. Cuando estaba en la Enseñanza Media, trabajó en “comparsas” para la esquila de las ovejas. Estaban como una semana en cada estancia y hacían diversas funciones, desde vellonero hasta esquilador. Tienen jornadas de dos horas, con descansos de 15 minutos. Toda la comida y el alojamiento corren por el estanciero, quien se pone con un asado de cordero al finalizar. También trabajó de mecánico en una plataforma de Enap, a la que llegaban en helicóptero. Aprendió a soldar al arco con su papá.

14/01/06

Ayer partí a las 11:50 de Puerto Natales. Tuve viento en contra hasta que terminó el pavimento. Más adelante comenzaron los trabajos en la vía, con máquinas, obreros y camiones. Antes de una cuesta paré un rato para comer pan y beber jugo. Proseguí, pasé la cuesta y tipo cuatro de la tarde llegué a Tres Pasos; primero ingresé a la Hostería y allí un caballero me explicó que tenía que seguir hasta el Hotel. Al llegar, Maca estaba comenzando una cabalgata con unos turistas. Mientras esperaba, me dieron tartas y un té, y conversamos un buen rato con la mamá. También alcancé a hojear un libro sobre los Aonikenk que estaba en el living. Como a las 19 horas llegó Macarena y charlamos un rato; me llevaron al quincho y conocí a un señor que era de San Bernardo. Había llegado en 1972. Más tarde, Maca y su mamá se fueron a Cerro Castillo y yo me quedé a comer un asado de cordero con los pasajeros; franceses e ingleses. Después me fui al living a hojear el libro “La tierra en que vivimos”. Me pasaron la habitación Nº2, fui a guardar la bici, y me duché. Me estaba secando cuando cortaron la luz a las 24 horas.

Esta mañana tomé desayuno en el bar. Llegó Macarena y la acompañé mientras ensillaba un caballo. Nos despedimos y me puse a pedalear. El hotel está en el km 38, a 22 km de Cerro Castillo. Un poco antes de llegar me crucé con la mamá de Maca, la que me invitó para la casa de la estancia cuando regresara del lago Sarmiento. Arribé a Cerro Castillo como a mediodía y fui al retén para excusarme por no poder votar. A continuación descansé un poco y comí pan. Seguí hacia Torres del Paine y al poco andar apareció José. Subimos la bici al furgón y me llevó hasta la portería del parque. Había un gringo en bici –solo- que iba a ingresar. Pedaleé de regreso y me topé con guanacos, caballos, vacas, ñandúes y zorritos. Avancé hasta el primer mirador del lago y ahí acampé; cociné tallarines y té.

19/01/06

Ayer a mediodía llegué a El Calafate…

En el lago Sarmiento una señora brasilera me tomó una foto comiendo tallarines. Anotó mi e-mail para mandármela después.

Por el camino de regreso me topé con una pareja de holandeses que venían pedaleando desde Chillán. El viento pegaba muy fuerte por el costado y al llegar a Villa Cerro Castillo estaba muy cansado. Dormí un poco en la plaza y me crucé con la mamá de Maca, que venía de terminar su labor de vocal de mesa. Ella me invitó a pasar a su casa. Allí conocí a su marido, con quien conversamos de diversos temas. Más tarde me llevaron en su carro al hotel y en el camino escuchamos por radio el discurso de Piñera reconociendo la victoria de Bachelet.
En la posada conocí a Bárbara, la hermana menor de Maca. Me dieron asado de cordero con puré y un pan casero muy rico. Volví a dormir en la habitación Nº2.
El abuelo del señor Álvarez fue un croata que combatió en la Primera Guerra Mundial por el imperio Austro-húngaro (igual que mi abuelo materno -que era austríaco).
A la mañana del lunes tomé un delicioso desayuno y caminé hacia Cerro Castillo. Me llevó un furgón en el que viajaban una pareja que tiene una residencial –Carlitos- en Puerto Natales. También un joven que trabaja en las Torres del Paine. Una vez en la casa de la estancia El Puma (cinco mil hectáreas; tres mil ovejas, y vacas para carne), preparé mis cosas y partí hacia la Aduana. Allí eran las 12:15. Como una hora después estaba en Cancha Carrera, en donde un gendarme me facilitó el trámite. Al cabo de unos kilómetros de ripio, llegué a la ruta 40, pavimentada en ese sector. Almorcé lo que guardé en el desayuno y seguí. Tuve que hacer una cuesta a pie porque el viento estaba muy fuerte. Luego de esa curva, vino un camino de 40 km hasta Tapi-Aike. Tenía viento en la popa, por lo que fue rápido. En la estación de servicio compré chocolates, conversé con el dependiente y llené una botella de ½ litro con agua. Proseguí con el pedaleo hasta pasar el retén en el río, y acampé detrás de unos montones de ripio a orillas del camino. Ese día hice más de 110 kms.
Unos 17 kms más adelante llegué al pavimento. Por llevar dirección noroeste, el viento me llegó frontal. Además había pendiente ascendente, constante. Me detuve a dormir una siesta a orillas del camino y un gringo en bici paró para averiguar si yo estaba bien. El venía pedaleando desde Victoria.
Continué el viaje y llegué a la cima, desde donde se veía el valle del río Santa Cruz y el lago Argentino. Bajada larga y luego un plano. En río Bote pasé a una hostería a pedir agua (1 litro). Pedaleé unos 5 kms más hasta el empalme a El Calafate (ruta 11). Coloqué la carpa detrás de una loma y de un gran tubo metálico. Hice fuego y cociné fideos con salsa. También preparé un té. Dejé la bicicleta afuera, amarrada a la carpa y tapada con la capa negra.
Por la mañana, calenté el resto de los fideos y un café. Posteriormente recorrí 32 km hasta El Calafate. Al entrar, seguí un cartel que avisa la existencia del camping del sindicato de Vialidad.

23/01/06

El camping costaba $ 8 por noche. Al llegar me bañé y conversé con una pareja que venía de Piedra Buena. Andaban con un adolescente. Ella había nacido cerca de Valdivia, pero de pequeña se fue a Argentina. Almorcé unas papas fritas y una cerveza que compré en el supermercado. En la tarde conversé con un artesano y malabarista de La Plata llamado Javier. Él andaba con una chica uruguaya (25 años), nacida en Maldonado y de nombre Luciana. Cenamos juntos y nos tomamos un vino tinto. Ellos conocen Bolivia, Perú, Brasil, Venezuela y Chile. Al día siguiente tomamos desayuno y luego nos despedimos porque partían a El Chaltén.
También conversé con una pareja de ingleses –Sara y Antonio- que andaban en bici. Partieron de Mendoza a Viña. Luego, pedalearon de Buenos Aires a Usuaia en 10 semanas. Venían de Puerto Natales e iban a El Chaltén. Por ahí cruzarían a Villa O’Higgins. Por la Carretera Austral avanzarían hasta Chaitén. Tomarían un barco a Quellón. Después hasta Osorno y de ahí nuevamente a Argentina. Volverían al lago Villarrica. Finalmente, de Calama a San Pedro y, después, Bolivia.
En el camping además había una pareja de universitarios brasileños. Venían de Usuaia. Ella estudia geografía y él ingeniería en informática.
La segunda noche tomamos vino y fumamos yerba con ellos y tres argentinos: Franco (artesano), y Mariano y César (estudiantes). El primero es de Rosario y los otros de la provincia de Buenos Aires. Tocaron guitarra y cantaron temas de bandas argentinas.
Al día siguiente preparé almuerzo, hice mantención a la bici y ordené mis cosas. Antes de partir conversé con Franco y le dejé vino, azúcar y aceite. Él me contó que hace unos años había hecho un viaje de unos mil kilómetros por Argentina, en una bici media pista y con unos amigos.
En el camino hacia el empalme (ruta 40) me topé con César que caminaba con sus mochilas; lo acompañé un rato. Él me comentó que iba con muy poca agua. Pensé en dejarle una botella de medio litro que llevaba entre los bultos, pero me detuvo la idea de que quizás me haría falta más adelante.
Nos despedimos y al cabo de un lapso de tiempo, esa misma botella con agua se me cayó al suelo. No quise parar a recogerla, pues tuve la idea de que César podría tomarla al toparse con ella. Antes del empalme, hablé con un alemán -se veía de edad avanzada y venía muy colorado- que venía en bici desde Usuaia y que pretendía llegar hasta Lima. Después de cruzar un río, por un puente que se movió mucho al pasar un camión, me detuve a conversar un poco con dos chicos que hacían dedo: Juan (porteño) y un español. Esa tarde hice unos 60 km y acampé a orillas del camino, detrás de un promontorio.

El sábado seguí por el camino que bordea el río La Leona. Hacía mucho calor; me detuve en la orilla y cociné. Dormí un poco y luego me mojé en el agua. En la tarde el camino fue más pesado. La familia de Piedra Buena paró para darme un baso de bebida helada. Ese anochecer acampé a un lado del camino -pasado el empalme a El Chaltén- y encadené la bici a un cerco. Al día siguiente –domingo- pedaleé hacia Tres Lagos. A eso de mediodía paré en una estación de YPF. Compré una gaseosa de 1,5 litros y un emparedado de jamón y queso. Cargué agua y seguí al pueblo. Entré en un almacén y compré víveres. Se puso a llover. Para cubrirme me metí bajo un zaguán. Salieron unos tipos que me invitaron a pasar. Eran obreros de una empresa constructora de carreteras. Dos eran de Río Negro y uno de Mendoza. Chofer de camión, cocinero, operador de máquina. El moreno tenía apellido Nahuelhuán y tenía rasgos indígenas. Ganan $ 5 por hora, más extras. Trabajan 12 o 13 horas diarias. Jornada de 60 días + 10 de franco. Me dieron asado con ensalada, vino, pan con panceta, soda, y una bolsa con naranjas, plátanos y panes.
Después de Tres Lagos, el pedaleo de la tarde se hizo pesado por el viento en contra. Luego de una curva, había una bajada con viento de cola. Avancé hasta que terminó la racha. Acampé bajo un canal que cruza el camino. Ayer pedaleé un tanto y vi un letrero que indicaba que la tarde anterior había recorrido por lo menos 40 km. Hice unas subidas a pie –con viento en contra- y después una bajada con viento a favor hasta divisar el lago Cardiel. A continuación unas subidas y bajadas hasta que llegué a la estancia La Siberia. Cobran $ 20 por acampar, con baño, ducha con agua caliente y acceso a cocina. El dueño es un alemán que vive en Italia y viene una vez al año. El administrador vive en Río Gallegos. Sólo habitan en forma permanente una pareja –ella nació en Punta Arenas. Tienen una huerta y 24 corderos. Hay dos guanacos pequeños. Antena de radioaficionado. Además habían unos maestros (dos) y unas visitas (una mujer nacida en Puerto Montt y un hombre de Puerto Natales). Todos de pocas palabras; no me ofrecían nada, tuve que pedir la totalidad.

24/01/06

En la mañana, limpieza, ajuste y lubricación de la bici. Lavé un poco la polera para sacarle la sal. Muchas nubes y viento fuerte.

28/01/06

Para calentar la comida acudí al joven que con su tío estaban construyendo un pasadizo de cemento. El hombre había nacido en Achao (Chiloé) pero vivían en Río Gallegos. Tenía parientes en Calbuco. Ha recorrido parte de Argentina y ha estado en Paraguay (comida barata y alojamiento caro). El muchacho dijo que su abuela nació en Fresia. Estudió sólo hasta 7º grado. Me convidaron agua para unos tés y jugo para el camino.
Me fui como a las tres de la tarde. Después de unos montes llegué a una recta con viento de cola. Anduve más de 50 km sin poder parar. El viento me arrastraba hasta en las subidas. Acampé detrás de un paso “No entrar” y la carpa fue casi toda la noche azotada por el viento.
Por la mañana reinicié con dificultad. A medida que avanzaba y giraba hacia el oeste el viento me daba más de frente. Después de cruzar el río Chico, era tan fuerte que se hizo imposible avanzar. Luego de un rato paró una camioneta para llevarme. Eran un joven y un tipo mayor, estanciero de la zona limítrofe con Chile, latitud Villa O’Higgins. Contó que en esa zona habían bosques de lenga. Me llevaron unos 45 km hasta La Horqueta, un hostal abandonado. De pronto, apareció un hombre de unos 50 años que me invitó a pasar. Estaba trabajando desde hace más de un año, limpiando las piedras y junturas de los muros.
Su nombre es Segundo Vera y nació en Coyhaique. En diciembre de 1973 emigró a la Argentina y sólo regresó una vez en 1980. Participó en actividades políticas pre golpe y quedó traumado. Estuvo en una marcha de Aysén a Coyhaique para el discurso de Altamirano. Resignado y desencantado, opina que Pinochet sólo trató de dejar bien económicamente a su familia (¡!) y que sin la dictadura habría muerto mucho más gente. En 1980 regresó por un tiempo a Coyhaique, pero lo siguió un “sapo” de Investigaciones porque quería reclutarlo como “espía”.
Ha trabajado en fábricas, como alguero, en instalaciones petroleras, en estancias, en la construcción. Le falta el pulgar de la mano derecha.
Cocinamos carne de vacuno con papas, y me regaló carne de ñandú para el camino.
Me pasó una carta para que le llevara a su familia en Coyhaique y le tomé un par de fotos.
Dijo que no se hallaba en esa ciudad y que prefería la vagancia y el "peluseo".
Hace poco lo operaron en Río Gallegos para extraerle la vesícula. Prefiere el vino blanco. Había escapado con $ 100 de adelanto para cuidar animales en una pequeña estancia cerca de El Calafate.
El ñandú lo cazó el patrón –un ex intendente- con un rifle a 200 m. Con el cuero del cuello se haría una tabaquera y plumeros con las plumas. La carne la quería ahumar.
Me contó de una paliza a un tipo por abusador y del robo de papas a la señora de una pensión. Dormí en un catre y desperté como a las seis de la mañana. Un cuarto para las ocho estaba listo para partir. El viento ya soplaba desde las 7:30, pero no tan fuerte. Ese día pedaleé bastante, con una interrupción para almorzar y dormir la siesta. Al atardecer, cuando el viento ya no me favorecía, acampé detrás de un montículo de tierra, cercano a un puente. Cuando buscaba palos cerca del río, me enterré los pies en el fango. Eran los “chupones” de que me contó Segundo. Hice fuego y cociné fideos con salsa y trozos de carne de ñandú. Luego calenté agua para un té. Esa noche también sopló bastante viento.

Ayer en la mañana fue muy furo: anduve 20 a 25 km desde la partida hasta las 14:30 h. Mucho viento en contra y lugares en que a penas podía avanzar caminando. Finalmente arribé a Bajo Caracoles y me instalé en un camping a $ 6 por día.
La mujer estaba casada con un chileno de Cochrane y viven en Perito Moreno. El resto del año trabaja en un hogar de ancianos. Un hermano vive aquí y tiene una gomería (vulcanización). El otro se casó con una chilena y vive en Cochrane. Tienen una estancia de 20 mil há y 300 vacas para carne. Colinda con el campo del papá de su concuñada. En el hostel hay camas por $ 20, emparedados, pizzas, desayunos y almuerzos. En la tarde llegó un joven alemán, Max, de 21 años casi. Andaba haciendo dedo. Venía de Tres Lagos e iba hacia Perito. Vive en el centro de Alemania y vino a hacer una práctica en una agencia de turismo en Punta Arenas. Acampó gratis en la estancia La Luna, cerca del lago Viedma. Pretende ir a Chiloé y después al norte de Argentina.

31/01/06

En Bajo Caracoles conversé con un par de ciclistas que venían de Bariloche e iban hacia Usuaia. Uno de ellos llevaba un carro acoplado, y el otro una bandera con franjas azules-celestes y blancas.
La noche anterior a mi partida, Gabriela me invitó a comer una hamburguesa. Ella gana $ 50 por día. Su hermano Tono es el único de los cuatro que se queda todo el año allí. Se compró una computadora para entretenerse entre mayo y setiembre. Ella y su marido –albañil- construyeron una casa de dos pisos en Perito. Sus padres viven en Bajo Caracoles y la mamá tiene diabetes y ahora está con anemia. Cuando supo que mi cuñado había sido Petero en la telenovela Iorana, se emocionó mucho. Ve bastante TVN. Tono me convidó helado y conversamos con un muchacho que labura en la gomería y al cual le habían robado $ 162 de su campera. Me hice unos panes con milanesa y me fui a dormir. Ese día había un viento que imposibilitaba caminar. Hostel Ruta 40. Familia Sar.

Me levanté antes de las seis, con calma (poco viento). Pedaleé por la ruta 40 hacia el norte. A mediodía y pasando una estancia turística –un poco antes del río Ecker- crucé con un ciclista italiano. Venía de Puerto Montt e iba hasta Punta Arenas. Tenía carrito y un banderín amarillo. Es de una ciudad que da al Adriático, a la altura de Roma. De La Junta a Coyhaique tomó un bus porque el camino era malo y con mucha montaña. Cruzó de Puerto Ibáñez a Chile Chico en ferri.
Estepa patagónica sin un solo árbol para ponerse a la sombra. El sol pega fuerte y viento helado y violento. Almorcé en una grieta y dormí una siesta. Por la tarde me las di de escarabajo colombiano y subí pedaleando casi todas las cuestas. Poco antes de que comenzara el asfalto -25 km antes de Perito- acampé en un bajo dejado por la obra de pavimentación(ripio). Ese día había hecho 100 km. Varios choferes me aplaudieron; uno gritó “bravo, maestro”. Ayer en la mañana pedaleé como dos horas por el asfalto hasta Perito Moreno, un oasis en una cuenca seca. Camioneros me saludaban. En esta ciudad compré dos turrones de maní y cargué agua en Petrobrás. Un niño, al verme pasar con la bicicleta y mi sombrero australiano, me preguntó si era vaquero. Salí de Perito como a las 12:30 h. En la estación de servicios un tipo que llevaba bicicletas de carrera en la parrilla de su auto me interrogó sobre el viaje. Hasta el lago Buenos Aires el viento fue soportable, pero desde el km 25 se hizo muy difícil (también habían subidas). Fue agotador. Cuando eran pasadas las 19 horas y quedaban 8 km, se detuvo una camioneta y me llevaron. Eran operarios de la empresa que arregla la ruta. Me habían visto a la salida de Perito. El más gordo me preguntó si era israelita (la señora en La Siberia pensó que era inglés). El flaco llevaba un pañuelo gaucho al cuello con una chapita metálica. Me dejaron en el camping municipal de Los Antiguos: $ 2,5 por carpa (una sola vez) y $ 3 por persona, diario. Los baños tienen para cagar de pie; eso es bastante higiénico. Duchas con agua caliente. Fogones. Esta mañana fui a Internet, a comprar al mercado y a recoger leña. Llegué al muelle viejo. Habían personas pescando y otras en la playa. Preparé almuerzo y dormí la siesta. En la tarde revisé y engrasé el “motor” de la bici, pagué otro día de camping y tomé mate.

En el camino había un “santuario” al gauchito no sé cuanto, todo color rojo.

Los gringos están usando carpas en forma de capullos o crisálidas, más aerodinámicas que las tipo iglús.

05/02/06

La última noche en Los Antiguos estaba con un poco de insomnio –mucho mate-; pasada la media noche una voz femenina pidió hablar conmigo. Me asomé y era una mujer de unos cuarenta y tantos años que me pidió que la dejara dormir en la carpa. Yo la había visto merodear más temprano. Me contó que le habían robado su coche y que no tenía dónde pasar la noche; que al otro día marcharía a Las Heras en busca de amistades. Que no quería pasar toda la noche sentada en el cuartel de policía. Oriunda de Recoleta –Santiago- había estudiado y parido hijos en Temuco. Venía de Coyhaique y andaba sola, durmiendo en su auto de 500 lucas. Trabajaba como dibujante técnico y arquitectónico. Sus hijos estaban grandes y se quedaron en Temuco. Dijo llamarse Marisa; hablaba bien y combinaba modismos chilenos y argentinos. Sólo llevaba una chaqueta y mochila. Habló sobre la soledad, la comunicación, que le gustaba leer pero le aburría; que prefería escribir y dibujar. Le ofrecí cederle la carpa y el saco rojo por esa noche, y que yo dormiría con el verde y abrigado afuera. Ella insistió y afirmó que estaba limpia, que se había bañado. Le expliqué que la carpa era chica y estaba llena de bolsos y alforjas. Se rió, opinó que no correspondía que yo durmiera fuera y se largó.
Antes, había conversado con dos parejas que venían de Trewel –como a 300 km-, con bebés pequeños. Les convidé fósforos y leña y ellos me dieron azúcar y cerveza. En su auto –rojo y bramador- colocaban música con fuerte volumen: cumbia villera.
Por la mañana conversé con un pelado de bigotes, cuya esposa alegaba por todo. Me los topé en la aduana argentina y llegando a Río Tranquilo.

En Chile Chico almorcé pan con paté y leche con sabor. Compré víveres para el viaje y llamé a Juan Ignacio para informarle mi situación.

Cuando iba de la playa (bote “El Pirata”) al supermercado, me conversó Charly, un flaco “torrante” que me explicó cómo era la ruta hasta El Maitén. Nacido en Punta Arenas, ha recorrido buena parte de Patagonia. “Caminante”, devoto de San Sebastián. Recorrió en invierno la zona atlántica; de hambre, para comer, hacía bolas de nieve con los mocos. Me recomendó pasar donde los Saldivia en Mallín Grande, porque tenían un quincho donde dormir. Su amigo, Omar, es de Calbuco. Ambos faenan en obras de construcción, y se ve que son “borrachines”. Les di $ 500 para el vino. Charly me dio una dirección en Punta Arenas, para avisar que está vivo. Vive hace dos años en Chile Chico y dice que hay un micro clima muy bueno, que es el paraíso.
Justo antes de salir de la ciudad, me abordó una niña angelical en bicicleta. Su nombre es Abril y tiene 9 años. Vive con sus padres en Coyhaique y sus abuelos en Chile Chico. Su papá es ingeniero de una mina de oro y plata y mide 1,95 m. Ella colecciona monedas de distintos países. Viajan desde Coyhaique por Argentina.