sábado, marzo 04, 2006

3.2 De Chile Chico a Puerto Montt



La primera noche -después de Chile Chico- acampé pasada la laguna Verde y un poco más allá del empalme que va a una mina. Desde el camino se ve el relave.
El pasto era parejito, muy cómodo.





La ruta fue difícil: viento en contra y grandes subidas. Pampas y acantilados (Paso La Llave, a orillas del lago General Carrera).
Almorcé bajo un árbol –qué refrescante es su sombra- y comí unos frutos morados, redondos, pequeños y con muchas pepitas.





En la tarde llegué al sector Mallín Grande: menos viento, más plano y verde. Tuve que devolverme 1 km hasta el río Hernández, y preguntar a un joven. Me señaló que tenía que seguir unos 8 km y entrar por el embarcadero para llegar a la casa de los Saldivia. Al arribar, bajé hasta una playa con un faro. Una hermosa bahía. Como no había nadie, me devolví. Entré en un terreno que tenía un quincho a medio construir y esperé.

06/02/06

Los Saldivia llegaron después de las 23 h. Habían ido a buscar a la tía que venía de Coyhaique a Chile Chico. El hombre me dijo que Charly nunca había trabajado con él. Me dio permiso para dormir en el quincho y me llenó las botellas de agua. Calenté el líquido con la cocinilla y tomé un té. Dormí bastante bien. En la mañana conversé con la tía, mucho más acogedora que su hermano. Andaba con su hija, que estudió turismo y que había sido compañera de colegio de Tuchi (Galilea) en Coyhaique.


Un poco antes de Puerto Guadal, me detuve a preparar almuerzo a orillas de un río. Después me bañé en sus aguas, en calzoncillos.

Al rato llegué a la ciudad, en donde compré un bombín –el otro se me cayó en el Paso de la Llave- y víveres. Me tomé una leche chocolatada en la plaza y seguí. Antes había cruzado con un motorista de Nueva Zelanda, que andaba con una cámara en el casco y tenía que soldar una parte de la moto en Chile Chico. También conversamos brevemente con un gringo que venía desde Alaska y que había alquilado su moto en Buenos Aires.

Previo al empalme El Maitén, pasé una bajada muy peligrosa. Después pedaleé unos 15 a 20 km y me crucé con un ciclista suizo, que comenzó su recorrido en Buenos Aires. Luego bajé a una playa en donde se veía una carpa y un auto. Era una pareja de Coyhaique –Luis y Ángela- que andaban con su hijo de dos años, y con la hermana de ella, una adolescente –Bárbara- morena, delgada y de ojos almendrados –una belleza. Me invitaron unos trozos de carne asada, bebida, café y chocolate caliente. Él tiene 29 años y es topógrafo; ahora está de Jefe de Obra en una constructora. Tiene varios familiares en Argentina; usa el “che”, pero más corto. Le puso una tuerca a mi arte de pesca e hizo unos tiros. Yo también probé y se me enganchó la lienza en un cable de alta tensión que no había visto porque estaba oscuro.

En la mañana les ayudé a destrabar el auto de la arena. Luis me dijo: “te debo un ponche”.
Esa jornada matinal de pedaleo estuvo marcada por la lluvia. Me crucé con una pareja de alemanes que venían de California e iban a Usuaia. Ella se sorprendió por lo rudimentario de mis alforjas delanteras –por no ser impermeables. Arribé a Río Tranquilo como a las 16 h. Un caballero de una empresa de turismo le preguntó a la que atendía un boliche, de qué nacionalidad era yo, y ella respondió: brasileño. Me reí y le expliqué que era como la tercera vez que alguien pensaba eso. Con ellos supe que Javier Campusano no volvió más del norte y que habría "rayado la papa" con la religión (que lo habrían internado en Coyhaique). Fui a comprar jurel y pan y almorcé en la playa. Apreté los tornillos del lente de la cámara, pues se me había soltado con tantos porrazos.

Los 24 km hasta Bahía Murta se me hicieron largos. Llegué tipo 21 horas, tomé once y me acosté. A la mañana pasé a comprar zanahoria, cebolla, arroz y hamburguesa. También conversé con la mujer que atiende la oficina de turismo. En ambas partes me dijeron que Javier ya no apareció más y que dejó sola a su señora Joa. Me preguntaron si era pariente, pues él también es alto y de pelo oscuro.

Como a las 13 horas llegó un furgón con un grupo de pescadores. El que tenía caña pescó dos de mediano tamaño. Un par de vehículos se detuvieron un rato, para almorzar y otros a pescar. Más tarde llegó un grupo de cinco muchachos. Instalaron un campamento y me invitaron a comer pollo. Son de Rancagua y estudian en universidades santiaguinas. Cuicos, pero un par de ellos eran muy agradables. No me echaron más de 30 años. Me pusieron "Erick", porque según ellos yo tenía pinta de tener ese nombre. El chico me enseñó a colocar correctamente el espinel y a hacer el nudo pescador. El otro que era buena onda me regaló tallarines. Al irse, el que manejaba expresó: “para las próximas elecciones veamos si sale Aucán Huilcamán y así nos vamos todos a viajar en bici”.

Le compré pan a una joven hermosa, alta y de largas manos, que amasaba pan en su casa, solamente acompañada por su bebé.

08/02/06

Ayer salí de Puerto Murta como a las 13:20 horas. Previamente, compré un chocolate, salchichas y pan. Los primeros 30 km fueron camino plano y hermosos bosques; orillando el río Murta. Tipo 16 horas me detuve en un arroyo, hice fuego y tomé té con pan y mermelada. Después de comenzar las subidas, me topé con un muchacho neozelandés, con una bicicleta aro 27, sin alforjas; mochila grande atrás y una pequeña adelante. Tampoco llevaba traje especial ni casco. Sólo un cuenta-kms en el manubrio. Empezó su recorrido en Victoria y le quedaban 23 días para su regreso. Iba a Villa O’Higgins y de ahí a El Chaltén. Coincidimos en que los campings argentinos son mejores y más baratos.










Unos 15 kms más adelante acampé en un claro a orillas de un río, casi en la cima del monte, un poco antes de una laguna. Preparé arroz con salchichas y té. Esta madrugada y cuando me levanté hacía frío y estaba muy húmedo.


11/02/06

Esa mañana avancé hasta un lugar bueno para almorzar, con árboles y un fogón hecho con piedras. Calenté el resto del arroz con salchichas y tomé mate. Luego dormí una siesta y después, a obrar. A continuación me crucé con dos ciclistas suizos. Conversé con el segundo –Andrés-. Venía desde México y llevaba dos años y medio. Usaba sombrero. Quería llegar hasta Usuaia. Pelamos lo caro y cobradores que son en Chile (barcazas, sitios para acampar). Luego de un rato luego topé con tres santiaguinos. Conversé con dos. Eran de Providencia y Peñalolén. El verano pasado pedalearon de Puerto Montt a Coyhaique y, ahora, iban hasta Villa O’Higgins. Me dieron el dato del camping de Rocco en Coyhaique.

El camino fue en descenso hasta llegar a Villa Cerro Castillo. Conversé con la mujer que atiende la oficina de información turística y compré víveres en un almacén. Fui a acampar a orillas de un arroyo, donde comenzaba un tramo del Sendero de Chile.

Al día siguiente inicié el pedaleo como a las 11:30 h. Subí una cuesta y al llegar al mirador me recibió un grupo de dos familias, con fotos, jugo, emparedado, café y galletas. Eran de Rancagua y Coyhaique. Muy cariñosos, me dejaron invitado para visitarlos.

Antes, en el empalme hacia Puerto Ibáñez, conversé un rato con una israelita, la cual me aclaró un poco el tema Servicio Militar-Viaje a la Patagonia. Me explicó que no es verdad que el Estado les regale el viaje, sino que son ellos y sus familias los que deben costearlo. Además señaló que no sólo vienen a la Patagonia, sino que pueden optar entre varios lugares del mundo, como el sudeste asiático, por ejemplo.

La bajada por la Reserva Cerro Castillo fue bonita. Todo pavimentado. Al llegar al primer empalme a Balmaceda, había un fuerte viento en contra. Paré en una caseta para comer pan. De ahí proseguí contra el viento hasta un poco antes de Coyhaique. En el camino no se veían lugares para acampar y con ese viento sería muy difícil. Decidí llegar hasta la ciudad.

Pampa pelada y luego lagunas y morros.

Arribé al camping de Rocco a eso de las 22 horas. Me duché y tomé once. Dormí.

Por la mañana –ayer- fui al cajero del BancoEstado a retirar $ 40.000. Me metí en Internet y mandé a revelar el rollo de fotos. En el Banco de Chile encontré a Jimena Galilea y me invitó a almorzar a su casa. Conocí a su marido y a sus dos hijas. Antes de comer dieron gracias a Jehová. Más tarde me llevaron a la casa de los papás y estaba Giovanni con Paula y las mellizas. También la hermana menor con su pareja, un cubano llamado Mervyn. Fuimos en jeep a una parcela que tiene la familia en un monte. Lo subimos a pie y desde la cima se ve toda la cuenca de Coyhaique. De regreso, pasamos a ver la piedra del indio, y, en la casa, comimos unos churrascos que ellos bautizaron como “apoteósicos”. En la noche, de regreso en el camping, conversé con un francés que viaja en bici, de Usuaia a Bolivia. En el desayuno charlamos con un muchacho de Punta Arenas que mochileaba solo. También dialogamos con un caballero que llegó a vivir a Balmaceda en 1975, y con un par de muchachas que se movilizan en auto. Estudian los últimos años de sicología en Santiago (U. Central y AHC). Lorena y Claudia son compañeras en una academia de flamenco. Esta mañana intercambiamos e-mail y números de celulares. A mediodía me dirigí a la dirección que me entregó Segundo y me atendió su mamá, una señora baja con rasgos indígenas. Recibió el encargo y se le llenaron sus ojos de lágrimas. Reprochó la ingratitud de su hijo, pero también estaba contenta de volver a verlo y saber que se encuentra bien. Me contó que su marido había fallecido hace más de un año y que ahora vivía con un hijo y un nieto.

Un poco antes de la una me despedí del ciclista francés y caminé hacia la casa de los Galilea. Almorzamos ensalada, empanadas, frutas con helado, chocolate, galletas, pisco sour, papas fritas, pistacho, pejerrey, vino tinto y café. Luego me puse a ver en la TV un documental sobre el cerebro. Posteriormente, en el camping, limpié la bici y la lubriqué. Al finalizar, me duché.

12/02/06

Una vez listo, caminé a la casa de los Galilea. Allá me despedí de don Alberto y de la mamá. Con Javiera, Mervyn, Paula y Giovanni fuimos a la casa de una pareja en el sector alto, donde viven los ricachones. Había un asado de cordero al palo. Éramos 18 personas. En un momento en que estaba rodeado de mujeres, la conversación se puso interesante. Giró en torno a la posibilidad del amor sin exclusividad y a la sexualidad femenina. De pronto, se sentó al medio el marido de la que estaba a mi lado y se la llevó al otro extremo de la mesa.

Pasada la 01:00, me fueron a dejar al camping. Giovanni se despidió con buenas palabras y elogios para mi.

Esta mañana fui a comprar víveres al supermercado. Conversé con el muchacho que venía en bici desde Puerto Montt e iba a Villa O’Higgins. Después charlamos con el profesor de Lago Verde.

14/02/06

De Coyhaique me marché como a las 16 horas. Subí la cuesta que está en la salida sur y recorrí por la orilla del río. Pasé por el empalme a Mañihuales y seguí los 20 km hasta Puerto Aysén. Como no había lugar para acampar proseguí hasta la ciudad, a donde arribé como a las 21 horas. A un grupo de jóvenes que estaban en una plaza les pregunté cómo encontrar un camping. Me indicaron que siguiera por la calle O’Higgins y pasara un puente. Le pregunté a un jardinero dónde podía acampar y me sugirió que le pidiera lugar a un tal Alfonso Córdova. Éste tiene una pampa con vacas. Es técnico agrícola. En la mañana me regaló un paquete de galletas. Al lado hay un aserradero. Después fui a recorrer la ciudad y telefoneé a mi papá. Luego fui a tomar una foto a la costanera y se me pinchó la rueda trasera. Cambié la cámara en media hora y partí a las 12:30.
Hacía mucho calor y me detuve a comer y dormir un ratito bajo un árbol como a las 15 horas. Un momento antes conversé un poco con un par de ciclistas chilenos. Uno venía de Frutillar y el otro de Puerto Varas. Uno llegará hasta Coyhaique y el otro quiere alcanzar Punta Arenas. Arribé a Mañihuales tipo 17 horas y me recibió Camila, la nieta de Olga y Juan.

17/02/06

Ese lunes 13, en la tarde, conocí a una amiga de Camila que gusta del Arte. Ella también es repitente. En la noche se fueron ambas y me quedé solo. Como a las 23:30 llegaron Olga y Nito. Cumplirán 50 años de matrimonio. Desde hace 25, él es director de la Escuela. Ella me trató como a un nieto. Me mostró las cosas que ha confeccionado gracias a los cursos que tomó. Estuve todo el martes 14 con ellos y me dieron bastante comida. Fui a conocer el interior de la escuela. En la noche me arrebaté comiendo. Por la mañana me duché y ordené las cosas. Salí a las 11:30 con viento en contra. Pasado el fin del pavimento, crucé un puente y almorcé a la orilla del río y bajo unos árboles. Dormí unos minutos y seguí el viaje. El camino está pésimo y al poco rato se puso a llover. Como no me puse el traje pronto, me mojé entero.

Avancé algunos kilómetros hasta ver unas casas. Le pedí permiso a un hombre para guarecerme en una leñería. Cosí el tirante de la alforja que se había cortado. Conversé con un niño llamado Daniel. El caballero me dio permiso para pasar la noche en una mediagua que estaba más abajo. No la encontré y se me cayó la capa negra de plástico. Seguí el pedaleo hasta la laguna Las Torres, en donde me metí en un camping en construcción, debajo de un techo de zinc. Al día siguiente, cuando guardaba mis cosas, apareció una señora con un registro de pasajeros; quiso cobrarme $ 3.500. Le expliqué que al llegar no había letrero ni recepcionista. Finalmente me cobró $ 2.000. Fui al baño y me marché. Luego de pasar por Villa Amengual, se me cayó el sombrero sin darme cuenta. Después me crucé con un gringo que iba de Puerto Montt a Punta Arenas. Llevaba un repuesto de rueda de carro y me preguntó si había visto pasar a una pareja. Posteriormente pasé por la piedra del gato y llegué a la bifurcación para Puerto Cisnes. No me detuve para almorzar. Pedaleé los 33 kilómetros por un bello y angosto camino, a orillas de un río de verdes aguas. Arribé a la ciudad como a las 17 horas, y avancé por la costanera hasta el muelle. Allí conversé con un par de músicos de Coyhaique que deseaban embarcarse hacia isla Toto. Después fui hacia la plaza y en la entrada de la Biblioteca municipal vi a una pareja de mochileros: Ana y Álvaro.

19/02/06

Ambos estudian Topografía en la Utem. Viven en un depto. que arrienda Ana cerca de la universidad. Subarrienda las otras dos piezas. Ella tiene su familia en María Pinto y él desciende de mapuche por vía materna. Esperamos juntos a un señor que supuestamente cobraba un poco por colocar la carpa en su terreno. Nos dio la noche y encendimos una fogata en la playa. Se acercaron a conversar un borrachín que era de Laitec (Quellón) y se decía huilliche, un tipo con sombrero, de Chaitén y que trabajaba en construcción y otro –de Conce- que contó que había atendido el parto de su mujer mientras mochileaban. Como a las 23 horas llegó don Luis. Aunque ya no tenía camping, nos dio permiso para poner las carpas. Con él estaba Nicole, una joven bonita que estudia Periodismo en la UDP. Ella había arribado el día anterior y había hecho muy buenas migas con el caballero. Había estado en el lago General Carrera y ahora iría en barcaza a Quellón, para cruzar a Laitec, en donde su papá había construido una cabaña.

El viernes 17 fuimos a ver una obra de teatro infantil, de una compañía de jóvenes de Valdivia. Después fui a la biblioteca municipal y le envié un mail a Karen. Luego de eso se puso a llover. Nos acostamos temprano y llovió toda la noche. Se me mojaron los pies de ambos sacos. Ayer cosí las alforjas y ordené mis cosas. En la tarde bajamos a la playa y con Álvaro nos bañamos en el mar.

20/02/06

Ayer en la tarde le di mantención a la bici y compré provisiones para un par de días. Acompañé a Tuca (nació en 1965) a una de las casas que está construyendo en madera. Con ciruelilo, canelo y otras maderas nativas. Él hizo la enseñanza media en el liceo Lastarria de Providencia y ha trabajado mucho y duro. Su papá fue el encargado del faro en Cisnes. Tiene un campito a 12 km del pueblo. Almorzamos un salmón que ayudé a preparar. Vino un tal Nano, carpintero, bueno para los chistes y que trabajó harto tiempo en Argentina. Habló sobre la diferencia en la relación interclases y obrero-patrón, entre ambos países. Allá es más igualitaria.

En la noche preparé una pasta con salmón y mayonesa e hicimos una once-comida. Más tarde fuimos al muelle a ver la llegada de la barcaza Alejandrina y miramos otras de cabotaje. La más grande tenía el puente en la proa y don Luis me indicó que él la había manejado alguna vez. Este personaje vive hace 27 años por acá. Fue instructor de ski y rescatista en la nieve. Parece que perteneció al Ejército. Pilotó aviones a hélice con aviadores argentinos y vivió en la Antártica. Compartió con los rusos y conoció a Jacques Cousteau. Tiene un hijo que vive con él y otros en Santiago. Y una nieta que estudia Periodismo en la capital. Antes tuvo un camping por 15 años, y cabañas que arrendaba. Un incendio destruyó parte de su vivienda. También fue buzo y llegaba a 20 m de profundidad. Está separado. Habla muy bien de los argentinos.

26/02/06

El lunes 20 estuvo lloviendo. En la tarde fui a la biblioteca y leí sobre la región. También vi fotografías. Los alacalufes o kawaskar tenían una manifestación de comunismo primitivo llamada “tchas”. Esa noche realizamos la despedida. Tuca trajo su guitarra y cantamos; yo preparé un caldillo con cholgas y almejas y tomamos vino y cerveza.

El martes 21 despertamos tipo seis de la mañana para esperar la barcaza. Ésta llegó tipo 8:30 y la gente se embarcó a las nueve. Con Tuca volvimos a la casa y tomamos desayuno. Preparé mis cosas y partimos como a las 11:30.
Nos demoramos como una hora en bici hasta la casa de Tuca en el campo. Yo preparé un arroz primavera y Tuca hizo sopaipillas (tartas). Esa noche me quedé a dormir en el campamento. Antes le ayudé a Tuca a lijar una banca en la casa que está construyendo. Él es descendiente de italianos vía materna y de chilotes por padre. Hizo su enseñanza media en Santiago y terminó cuarto en el nocturno del Lastarria. Trabajó algunos años en la capital y vivía en la calle Monseñor Müller. Su especialidad es cortar madera con motosierras. Quiere terminar la casa en Puerto Cisnes para vivir de las rentas; hasta 250 lucas mensuales piensa que le podrían dar. Estuvo emparejado con una profe mayor que él, que es buena para el carrete. La relación duró cinco años. Tiene una hija de 19 que vive en Puerto Montt y que no ve hace 15 años. Fuimos a buscar las vacas, a recoger leña y a tomarnos unos mates con Lepio, el cual estaba contento con su motosierra en rodaje. Un tal Levicán llegó con un termo para instalarlo sobre la cocina a leña. Al día siguiente, mientras Tuca fue a ordeñar una vaca, yo cambié la cámara y el neumático traseros. A mediodía llegó un caballero y se puso a quemar unas patas de novillo, para hacer queso de pata. También aparecieron tres muchachos con pinta de chilotes. Tuca me invitó para que lo acompañe una semana en primavera. Inicié la marcha como a las 14 horas. Luego de pasar la bifurcación en la Carretera Austral, empezó la subida en la cuesta del Parque Queulat. El paisaje es hermoso. Llegué al portezuelo y de ahí viene la bajada de 16 curvas (según Tuca). Después, el camino era bastante plano. Como a las 19:30 llegué al ventisquero colgante.

Tuca me explicó que don Luis estuvo casado dos veces, y tuvo dos hijos y dos hijas. Que le dejó todas las propiedades a una y que a la otra le manda 360 de los 380 mil pesos mensuales que recibe como jubilación por sus 33 años en el ejército. Se gana un extra comerciando salmones y otros productos. Es medio ermitaño y guarda secretos que le penan. En una oportunidad dijo que yo era el más “lobo”. Tiene como 70 años y se ve en forma.

En la entrada al camino que lleva al ventisquero colgante, me puse a conversar con un grupo de israelitas y les regalé las sopaipillas que me había dado Tuca para el viaje. Venían de Argentina por la ruta de Futaleufú y seguían viaje a Coyhaique y al lago General Carrera. También querían llegar a El Calafate. Un vehículo recogió a tres y otro dejó a una pareja. Ella era una flaca atractiva que, al igual que la brasilera en Argentina, me pidió que apagara el fuego al acostarme para que no le llegara el humo a su carpa. Hablaban un poco de castellano y algo de inglés. Había dos que andaban juntos y eran muy agradables. El pololo de la mina era pesado. Les convidé plátanos, café, leche y pan con dulce de membrillo y paté. Ellos me dieron sopa, manjar y un tarro de atún. Esa noche y la siguiente hubo un bello cielo estrellado.

El jueves 23 pedaleé en la mañana a orillas del fiordo hasta llegar a Puyuhuapi a mediodía. Fui a comer una merienda en la plaza con vista al mar y tomando el sol. Hice una subida y después de una laguna siguió un tramo hasta que a las 19:30 arribé a La Junta. Cargué agua en la bomba y fui a la oficina de Información Turística. De ahí a comprar pan y luego a la ribera del río Rosselot. Había una familia acampando. Llegaron un par de muchachas en bici y les hablé pero no me dieron pelota. Luego apareció un joven y se pusieron a pescar. A continuación me fui a bañar al río y me lavé el pelo. Ayudé a soltar el anzuelo que se le había atascado a un niño.
Al otro día (viernes 24) pedaleé desde La Junta hasta 15 km al sur de Villa Santa Lucía, por las orillas de los ríos Palena y Frío. El día anterior me crucé con cinco ciclistas, dos de los cuales tenían pinta de chilenos. Ese viernes conversé en un puente con dos ciclistas, un español y un argentino. Atravesé el límite entre las regiones X y XI. Almorcé a orillas de un río y se acercó a conversar un lugareño que andaba con un lazo en la mano. Me informó que anunciaban lluvia para el día siguiente. Esa tarde acampé en un claro a orillas del camino, en un plano con pasto. Hice una fogata y tomé té y panes. Para dormir estaba cómodo, pero me sentía sofocado. En la mañana (sábado) 25 había niebla y el rocío tenía todo mojado. Igual hice fuego con ayuda del aceite para motosierra que me regaló Tuca. Como a las 11:30 aparecí en Villa Santa Lucía. Compré víveres y fui a sentarme a una banca para merendar y tomar el sol. Al continuar, pasé por el empalme a Futaleufú y justo venía un ciclista solitario.
Su nombre es Manuel; es de la Selva Negra (sur de Alemania) y tiene 31 años. Comenzó el viaje en la provincia de Buenos Aires, atravesó la pampa y efectuó el trayecto de los siete lagos. Su último descanso lo hizo en Trevelín (Argentina) y pasó por Futaleufú. En Alemania trabaja en forma independiente con un grupo de amigos que instalan paredes en pisos para oficinas. Recorrió en bici México, Guatemala y Honduras, y a pata desde Colombia hasta Perú. Es vegetariano por motivos ético-políticos, y participa en competiciones de resistencia en bici. Recorre 100 km por día y es rápido. Opinó que debo usar un plato más pequeño y que el marco de mi bici es muy chico para mi estatura. Realizamos juntos el trayecto empalme a Futaleufú – lago Yelcho. Almorzamos a orillas del río, al costado del puente Arauco. Antes de Puerto Cárdenas empezó a adelantarse hasta que lo perdí de vista. Me esperó en El Amarillo. 25 km de pavimento hasta Chaitén. Yo llegué tipo 21:30 y él como una hora y media antes. Lo busqué un rato y me fui al camping Violeta (techado, con ducha de agua caliente, por $ 1.500 diarios).


27/02/06

Ayer a mediodía me encontré con Manuel en la oficina de Información Turística. Luego fuimos a Internet y finalmente a comer milcaos. Al camping llegaron un par de gringas que están en intercambio en la UAH. Lorena estudia Sociales y Antropología y Edrin Letras y Literatura. Yo almorcé emparedados de queso con jamonada y tomé unos mates. Más tarde llegó una pareja: Andrea y Alex, que están terminando Sicología en La República. En la noche ellos compraron vino con coca y las gringas tenían Gin con gin. Arribó un yankee que estudia Filosofía en California llamado Mateo. Las muchachas son de Chicago. Estuvimos carreteando hasta las 4:45 de la madrugada. Esta mañana partí a consultar a la naviera por la barcaza Caleta Gonzalo-Hornopirén y me informaron que funciona hasta el 5 de marzo. A mediodía me encontré con Cecilia Illanes. Un poco antes había telefoneado a Isabel Villegas, quien me contó que su amiga se había trasladado de Puerto Montt a Chaitén.

02/03/06

El lunes 27, después de almuerzo, conversamos un rato con Andrea, quien me contó que había estado haciendo una práctica de tres meses en el hospital Salvador. Ella me recuerda un poco a Andrea Pomés. A las siete de la tarde fui a la casa de Cecilia y conocí a su pareja (César) y a su hija Belén. Él es argentino-italiano, cumple 40 años y ha sido instructor de ski, escalador de montañas y expedicionario. Comimos ricas pizzas y conversamos hasta las 23 h. Regresé al camping y estaban terminando de comer un asado. Habían llegado otros mochileros, entre ellos una muchacha flaca que me llamó la atención. Entraron el fuego; tomamos vino y fumamos yerba. Ella pasó a quinto año en la Utem y estudia arquitectura. Se llama Valeska. Al otro día guardé mis cosas, anoté los mails de Andrea y Alex, me despedí del resto y me marché. Llegué a casa de Cecilia y César como pasado el mediodía.

05/03/06

Esa noche con César vimos la película “Danza con lobos”. Al otro día, en la tarde, me llevaron a conocer la casa que arriendan a 10 km de la ciudad. Cabañas Avellanos. Paseamos por la ribera del río. En la casa me puse a leer el libro “Cultura de la satisfacción” de John K. Galbraith.

07/03/06

El jueves 2 de marzo, después de almuerzo, partimos en camioneta a Caleta Gonzalo. Cecilia, César y Belén tomaron una lancha que los llevaría a Ayacara, con el objetivo de supervisar el liceo de esa localidad (propiedad de la fundación en que participa Mariana Aylwin). Llegué al camping a las 16 horas y conversé con un yankee voluntario que había vivido en Bolivia y Argentina. Después desarmé y embalé la bici y me preparé una sopa. El jefe del camping me prestó su reloj pulsera con despertador.

El viernes 3 desperté a las 6:45 horas. Tipo 8:30 llevé las bolsas y en el camino un caballero gringo me ayudó con una de ellas. El viaje duró cinco horas, en las cuales me dediqué a leer, mirar el paisaje y ver TV. Además dormí un rato. Cuando subí las bolsas, un operario me dijo: “lleva a la señora en el paquete para no pagarle el pasaje”. El viaje costaba $ 9.400 por persona, y cobran $ 6.000 por las bicicletas.

A Hornopirén llegué como a las 14 horas y estuve más de dos horas armando, limpiando y lubricando la bici. Una señora que atendía un local me conversó y me ofreció que me lavara las manos en su boliche.

Tipo 16:30 inicié el pedaleo y me tocó una subida grande. Esa tarde llegué al kilómetro 71 (avancé 29) y acampé a orillas de un río y al costado de un puente. Hice fuego y cociné fideos con salchichas y zanahorias. La mitad la guardé en la marmita. A la mañana hice fuego nuevamente y calenté agua. Me tomé un café con leche y pan. Continué viaje y luego de 25 km llegué, después de una gran bajada, a Contao. Eran las 12:50 y telefoneé a Sole Guevara, pero no la encontré. Compré algunos víveres y seguí 10 km hasta la caleta Puelche. Llegué justo para la salida de la barcaza que costaba $ 2.000. En 25 minutos que duró el viaje, tomé fotos y almorcé.
Desde caleta La Arena pedaleé unos 20 km por ripio. En los costados del camino habían carpas con gente y montones de conchas. También con fondos hirviendo. Los últimos 25 km antes de Puerto Montt fueron en pavimento y me tocaron un par de cuestas. Se incrementó el tráfico y un auto me hizo “filito” en Chamiza. Como 15 km antes, entré en un boliche y telefoneé a Andrea. El locatario me convidó agua potable. Arribé a Puerto Montt por una playa y aparecí en el Terminal como a las 18 horas. Saqué dinero del cajero y compré un pasaje para Valdivia a las 19:10. En la espera organicé la carga en medio de un mar de gente. Metí la bici en el bus y el auxiliar no me cobró extra. Llegué a Valdivia tipo 22 horas (4 de marzo) y como veinte minutos más tarde, a la casa de Andrea. Estaba Pamela y César con Guillermo hicieron un asado. Después apareció Víctor. Yo me duché. Con Pame charlamos un poco pero ella se mostró más interesada en Guillermo. Compramos más vino tinto y vimos videos de los Gunses. Me acosté después de Andrea.