4.3 De Concepción a Santiago
21/02/07
El lunes 12 acompañé a Nelson a Tomé pues tenía que arreglar un pequeño desperfecto en una de las fotocopiadoras que le arrienda a la municipalidad. Al regresar y después de un rato llegó Paulina con sus dos hijas: Pilar (10 años) y María José (15 años). Conversamos un buen rato y después me fui a dormir a una de las piezas de la pensión. Como había TV satelital, vi la película "Sin City".
Al otro día (martes 13) fui a realizar diligencias al centro (mediodía), a Servipag y al BancoEstado. Telefoneé a Tombo y nos quedamos de juntar a las 18:25 en la Biblioteca municipal. De ahí caminamos a un boliche y nos bebimos tres litros de cerveza. En el local había una muchacha bastante atractiva. Me contó que en el libro Marxismo libertario -de Daniel Guerin- hay una referencia a la autogestión en Yugoslavia. Lo interesante es que ya en 1968 ese autor previó que esa experiencia fracasaría debido a un efecto tenaza, aplastada por dos lados: por el Estado totalitario y por la economía de mercado.
Regresé algo mareado a la casa de Paulina. Me invitaron a visitar a una pareja de amigos que son profesores y que tienen al hijo en el mismo colegio que las niñas. Había sushi para comer y la conversación estuvo interesante.
El miércoles 14 me duché y en la mañana me dediqué a coser las alforjas.
Después de almuerzo dormí la siesta y en la tarde me dediqué a escribir. En la noche, Paulina preparó una cena de despedida, con crudo (tártaro) y cervezas.
El jueves 15 amaneció lloviendo, por lo que no pude partir. Después de almuerzo pinté el cielo del baño de la pensión.
El viernes 16 lo dediqué a pintar el resto del baño. Llamé a Miguel Guiñez a Chillán, pero estaba camino a Algarrobo y no regresaría hasta fin de mes. En la tarde, Nelson me llevó a conocer el terreno que compraron en un cerro que está saliendo de la ciudad. Allí ha construído una bodega, una torre con estanque, un pozo con motor, un mesón con un techo, una entrada para vehículos y rejas para que no entren los animales. Fuimos con Felipe, el hijo que Nelson tuvo con una mujer que trabajó con él en las fotocopiadoras.
Esos días vi bastante el canal TV Sur y Nelson me mostró un documental con el fallido golpe que le hicieron a Chávez hace unos años. Impresionante es la manipulación que llevan a cabo los medios de comunicación privados.
El sábado 17 -en la mañana- preparé las cosas para partir. Paulina me había regalado una bolsa con kinua y un tacho metálico, y Nelson un balón de gas para la cocinilla. Ambos me dieron una linterna que funciona "a cuerda" (sin pilas).
Fuimos a la universidad y ellos tomaron varias fotos. Regresamos a comer unas empanadas fritas que preparan en el negocio. Luego me tomaron fotografías con sus hijas.
Inicié el pedaleo a las 11:55 y me dirigí hacia el norte, hasta encontrar la autopista del Itata. Es una subida de unos 10 km, bastante recta.
22/02/07
Cuando me faltaban unos 5 km para llegar al empalme que lleva a la localidad de Rafael, pasada una estación de servicios, me detuvo un furgón de seguridad de la Autopista del Itata. Se bajaron dos tipos y uno me encaró preguntándome si yo no había visto los letreros que prohiben la entrada de bicicletas. Le respondí que no los miré, pero que en todo caso de todas formas no les habría hecho caso. Los ánimos se caldearon y el que me habló dijo que si me ponía porfiado llamarían a Carabineros, ante lo cual le señalé que no me importaba. El caballero indicó que mejor era calmarse y que me ofrecían llevarme en el furgón hacia fuera de la autopista. Me trasladaron hacia un peaje y explicaron que no podía seguir por el empalme porque hasta Rafael había un ramal que también era parte de la concesión. Pedí dejar un reclamo en algún libro y llamaron a una muchacha que se desempeñaba como relacionadora pública o algo así. Argumenté que la justificación que ellos me daban para excluirme -"por mi seguridad"- era una falacia, pues la alternativa por la ciudad de Tomé era mucho más peligrosa. La autopista tiene grandes bermas en muy buen estado y posee pocas curvas; además los vehículos motorizados andan a una velocidad que no es mucho mayor que en la otra carretera. Yo estaba muy enojado, y alegué que la razón de fondo para excluir a las bicicletas es que como la concesionaria es una empresa privada, lo que más les interesa es maximizar utilidades, y como las bicicletas no pagan peajes, para ellos sólo significan un "cacho". Les expresé que las autopistas se han construido sobre antiguos caminos rurales, por donde habitualmente circulaban bicicletas, peatones y carros tirados por animales, todos los que actualmente son excluidos de esas carreteras. Cuando quise escribir mi reclamo, la joven me explicó que era demasiado engorroso, a lo cual no insistí pero le anuncié que posteriormente escribiría una carta a los diarios, cosa que cumplí cuando estuve en Talca. Después, tuve que subir la bici a otro furgón, de servicios, que iba hacia el norte. Ese camino -dependiente de la concesión- es bastante recto y también posee una berma muy amplia. Tenía poco tráfico. Los empleados de la empresa que iban en el furgón se dieron cuenta de lo absurdo de la situación... no me dejaban transitar por una ruta muy segura y me llevaban para botarme en un camino mucho más peligroso
02/03/07
Desde Rafael, como a las 14:30 continué por un camino pavimentado pero sin bermas. Era sinuoso y corre entre bosques. En un tramo estaba quemado, por un incendio reciente. A Coelemu arribé cerca de las 16 horas. En la plaza conversé con un muchacho que atendía el kiosco de información turística. Me dio un tríptico de Cobquecura y me indicó cómo llegar a un supermercado. En éste, compré azúcar y algo para comer y beber. Volví a la plaza y me senté a almorzar en una banca. Cuando eran diez para las cinco, reinicié la marcha. Pasé por un puente sobre el río Itata y aparecí en Trehuaco. Después subí la cuesta que está camino a Quirihue. Antes de esta ciudad hay otra subida grande. A las 19:30 llegué y fui a comprar pan, queso crema y una bebida. A continuación me di una vuelta a la plaza, en donde me detuve un rato a comer. Volví a la ruta y desde un furgón lleno de personas una mujer me preguntó si conocía algún lugar para acampar. Les conté que yo también andaba en lo mismo. Proseguí por una zona más llana, sólo con suaves pendientes. Como a las 21 horas encontré una explanada a la orilla del camino, entre un cerco y arbustos. Acampé. Oscureció y se veían muchas estrellas. A lo lejos se sentía música y bulla de carretes juveniles. Dormí bastante bien, aunque en un comienzo tuve una pesadilla. Soñé que desde fuera metían lanzas hacia adentro, y desperté pidiendo ayuda.
Al otro día -domingo 18- desperté como a las 8:30. Tipo 10:40 inicié el pedaleo. La ruta era la típica "cuncuna": constantes subidas y bajadas de no mucha pendiente, pero que a la larga, igual se hace pesado. A las 13:30 entré a Cauquenes, en donde hay una corta ciclovía y un puente. En un costado de la plaza me compré un helado y telefoneé a Parral. Me contaron que Alejo estaba en la montaña y que regresaría el martes. Se acercó un hombre con sus hijas, que andaban en patines. Me preguntó sobre mi recorrido y se mostró sorprendido.
Fui a buscar un almacén y a pocas cuadras entré en una amasandería. Compré unos panes y un señor que estaba atendiendo un kiosco me interrogó sobre mi viaje. La mujer que atendía (Flor) me regaló otro pan, y el caballero me invitó a comer una humita. Él se llama Raúl y anda en bicicleta para todas partes. Dijo que le gustaría hacer viajes largos, pero que está encadenado a la pega, al kiosco. Se fue con su bici a repartir diarios y me dejó conversando con su hija Jenifer. Ella tiene 19 años y salió de 4º Medio. Se tomará un año para trabajar y juntar su dinero para pagar sus estudios. Pololea con un joven de Nueva Imperial que conoció por chat y que está estudiando en Santiago para ser gendarme. Al rato llegó su amiga -Deisi- una sensual morena, vestida muy a lo mina, que iba a estudiar y vivir en una pensión en Curicó. Jenny me regaló un jugo envasado y cargué el celular en el enchufe del kiosco. A las 17 horas retomé el viaje. Hay una subida al salir de la ciudad, pero el camino hacia Parral es bastante plano y recto. Se ve una extensa llanura y sólo las cordilleras de Los Andes y de la Costa (a la lejanía). En el kilómetro 28 y siendo aproximadamente las 19:30 me topé con el río Perquilauquén, que corre de sur a norte. El puente está con un sólo sentido y están iniciando la construcción del nuevo. Vi que había gente bañándose y bajé por un camino de tierra. Varias familias haciendo camping y un grupo evangélico que andaba en una micro. Unos tipos con copete llegaron en un camioncito 3/4 y casi se volcaron. Llevaban a mochileros. Después de recorrer varios lugares, volví cerca del puente ferroviario. Alejo me llamó al celular y me contó que había llegado a Parral, pero que esa noche viajaría a Santiago, y que no estaban sus amigos para que me hubieses alojado. Que regresaría el martes para hacer una caminata con un médico hasta la laguna que está cerca de la frontera con Argentina. Una familia que estaba de pic-nic me invitó a tomar mate y me regalaron pan amasado, agua potable y carbón. Eran de Cauquenes; dos hijas con su mamá y la pareja y el hijo de una de ellas. Hice fuego y tomé once.
En la noche dormí bien, pero escuché que un animal durmió junto a la carpa. Creo que fue un perro, pero en un momento hizo unos gruñidos muy extraños, y me entró la duda. Por la mañana no había nada.
El lunes 19 me levanté a las nueve de la mañana. Tomé desayuno y me percaté de que el neumático delantero etaba algo desinflado.
04/03/07
Salí a la ruta y me detuve a inflar el neumático cerca de una casa. Se veía una atractiva morena con un niño. Salió un caballero y me preguntó por mi viaje. Le hice un resumen. Al guardar el bombín y la válvula, se me olvidó el adaptador que había dejado en el suelo. Partí a las 11:30 y entré a Parral a las 13:15. Almorcé un completo con bebida y fui a la plaza a cambiar la cámara de la rueda. A las 14:30 reinicié el pedaleo. Salí a la ruta 5 y a las cuatro de la tarde pasé a tomar una bebida express en la plaza de Longaví. Continué y a las 17 horas arribé -por una larga ciclovía- a Linares. Compré pan, queso y leche y me senté a tomar once en una banca de la plaza principal. Se nubló completamente, pero no hacía frío. Retomé viaje a las seis de la tarde por una calle rumbo al poniente. Al rato encontré una ciclovía, por la que anduve hasta Panimávida. Me topé con otros ciclistas (obreros agrícolas) y con personas a caballo. También con un ciclista que llevaba a un par de caballos con un lazo y otro que arrastraba un carro. El camino era plano. Llegué como a las 20 horas al hotel de las termas y me dijeron que Ale y Felipe ya se habían retirado a su casa, a unos 6 km hacia Colbún. La mujer los llamó al celular y con Ale quedamos de encontrarnos en el camino. Subí la bici a su camioneta y me llevó a su casa. Estaban Felipe y un amigo que trabaja con ellos haciendo instalaciones eléctricas. Me duché y bajé mis cosas. Cenamos, conversamos y me pasaron una de las dos habitaciones que tienen para las visitas. Fumamos yerba. Me contaron de sus vacaciones en Necochea, al sur de la provincia de Buenos Aires. Llegó una prima de Ale, la hija del dueño del hotel, con una vacuna para uno de los perros.
05/03/07
El martes 20 de febrero me levanté a las nueve. Tomé desayuno y me afeité. Pedaleé hacia Panimávida y llegué al hotel a la una. Alejandra me hizo un recorrido por las instalaciones y me mostró lo que han construido desde que llegaron hace un año: comedore, piscinas, baños de barro, calderas. A las 14 horas fuimos a almorzar: entrada y lasaña. El hotel lo compró un tío de Ale, que hizo negocios en Punta Arenas y que se casó con una hermana de su mamá. El hotel quedó en muy mal estado y una parte se incendió. Los antiguos dueños -vinculados a la dictadura- obtuvieron créditos del Banco del Estado. Después del 90 no pudieron pagar y quebraron. Se entregó en comodato al municipio, pero siguió empeorando.
Después de almuerzo, acompañé a Felipe a Colbún, para que curaran las heridas de uno de los perros. En la tarde, me dormí una siesta en la plaza que está fuera, a la entrada del hotel. Antes de ir para la casa, pasamos a ver un camping que es del hotel, pero que lo tiene un particular que debe devolverlo este año. Se llena en enero y marzo, para las festividades de San Sebastián.
Una vez en la casa, los perros habían destrozado mi sombrero. Parché la cámara. Preparé kinoa para los tres. Tienen una huerta con varios vegetales distintos. Los pepinos eran amarillos y amargos. Me contaron sus veraneos en los balnearios de Venezuela. Felipe hizo triatlón desde los 17 hasta los 24 años. Ahora está fascinado con el surf; se compró una tabla y un traje y quiere ir a las playas que están entre Cobquecura y Pichilemu. Se compraron un terreno camino a Linares y este año comenzarán a construirse una casa "bioenergética".
El miércoles 21 me levanté a las nueve, justo para despedirme de Ale y Felipe. Coloqué otro parche a la cámara y tomé desayuno. Comencé a pedalear a las 11:25. En Colbún me detuve a comprar galletas. Salí a la carretera que conduce a la ruta 5. Un camino plano, bastante recto. Las casas con tejas españolas en los techos. Llegué a la Panamericana y crucé por una pasarela. Pedaleé hacia el sur y entré por un empalme que lleva a San Javier. Arribé a esta ciudad a las 14:15 e hice un recorrido. Paré en un boliche céntrico a comer un completo con bebida (15 horas). Había un televisor y me fijé que todavía estaban dando una telenovela brasileña que de vez en cuando miraba antes del viaje. Después, me compré un helado y me fui a dormir una siesta a la sombra en un parque. Retomé el viaje a las 16:15 y me encaminé a la Ruta 5. Tomé la carretera hacia el norte y a las 17:45 entré en Talca. Telefoneé a Carlos desde el centro. En la plaza vi una morena delgada, crespa, bonita, que me hizo recordar a Marcela. Mi ex compañero de colegio me pidió que lo esperara hasta las nueve, porque él venía por Chillán. Fui a un local para comer empanaditas de queso y beber un jugo natural de uvas. Me senté fuera y escribí sobre una mesa. Hermosas mujeres. Un niño y un adulto me pidieron monedas. Luego me fui a un parque. Parejas besándose. Llamé a Carlos a las 21:30 desde una estación de servicio. Quedé en esperarlo en el mall Plaza del Maule, al otro lado de la ruta 5 sur. Me ubiqué a la entrada del Cine. Apareció en un furgón a las diez de la noche. Lo seguí hasta su casa, en una villa nueva. Guardé la bici y bajé la mochila mientras Carlos recibía un pedido: cajas de ron. Se dedica a la distribución y venta de bebidas energéticas y alcohólicas en pub y discotecas, desde Rancagua hasta Concepción. Está casado y tiene tres hijas. La mayor es de su primer matrimonio y tiene 17 años. Ellas estaban veraneando en Punta Choros. Me llevó a comprar verduras y bebida, más carbón. Hicimos un asado con vegetales, trutritos de pollo y salchichas, mientras escuchamos a Tom Jones por la radio. Me dio a probar cervezas extranjeras que tiene de muestras. Contó que después que estuvo un par de años en la Escuela Militar, trabajó en diferentes partes. Se fue a Mendoza a estudiar psicología, durante cuatro años. Volvió a Chile y se desempeñó en varias actividades. Finalmente estudió RRPP en Santiago. Quebró y se fue con un amigo a Talca, en donde poco a poco fue configurando su actual negocio. Su esposa lleva lo administrativo-contable desde la casa y él se mueve en el furgón. Estaba estresado y quería ir a juntarse con su familia, pero no le era fácil ausentarse del negocio por una semana. Tenía unos parches con agujitas en la oreja -acupuntura- para que se relajara.
El lunes 12 acompañé a Nelson a Tomé pues tenía que arreglar un pequeño desperfecto en una de las fotocopiadoras que le arrienda a la municipalidad. Al regresar y después de un rato llegó Paulina con sus dos hijas: Pilar (10 años) y María José (15 años). Conversamos un buen rato y después me fui a dormir a una de las piezas de la pensión. Como había TV satelital, vi la película "Sin City".
Al otro día (martes 13) fui a realizar diligencias al centro (mediodía), a Servipag y al BancoEstado. Telefoneé a Tombo y nos quedamos de juntar a las 18:25 en la Biblioteca municipal. De ahí caminamos a un boliche y nos bebimos tres litros de cerveza. En el local había una muchacha bastante atractiva. Me contó que en el libro Marxismo libertario -de Daniel Guerin- hay una referencia a la autogestión en Yugoslavia. Lo interesante es que ya en 1968 ese autor previó que esa experiencia fracasaría debido a un efecto tenaza, aplastada por dos lados: por el Estado totalitario y por la economía de mercado.
Regresé algo mareado a la casa de Paulina. Me invitaron a visitar a una pareja de amigos que son profesores y que tienen al hijo en el mismo colegio que las niñas. Había sushi para comer y la conversación estuvo interesante.
El miércoles 14 me duché y en la mañana me dediqué a coser las alforjas.
Después de almuerzo dormí la siesta y en la tarde me dediqué a escribir. En la noche, Paulina preparó una cena de despedida, con crudo (tártaro) y cervezas.
El jueves 15 amaneció lloviendo, por lo que no pude partir. Después de almuerzo pinté el cielo del baño de la pensión.
El viernes 16 lo dediqué a pintar el resto del baño. Llamé a Miguel Guiñez a Chillán, pero estaba camino a Algarrobo y no regresaría hasta fin de mes. En la tarde, Nelson me llevó a conocer el terreno que compraron en un cerro que está saliendo de la ciudad. Allí ha construído una bodega, una torre con estanque, un pozo con motor, un mesón con un techo, una entrada para vehículos y rejas para que no entren los animales. Fuimos con Felipe, el hijo que Nelson tuvo con una mujer que trabajó con él en las fotocopiadoras.
Esos días vi bastante el canal TV Sur y Nelson me mostró un documental con el fallido golpe que le hicieron a Chávez hace unos años. Impresionante es la manipulación que llevan a cabo los medios de comunicación privados.
El sábado 17 -en la mañana- preparé las cosas para partir. Paulina me había regalado una bolsa con kinua y un tacho metálico, y Nelson un balón de gas para la cocinilla. Ambos me dieron una linterna que funciona "a cuerda" (sin pilas).
Fuimos a la universidad y ellos tomaron varias fotos. Regresamos a comer unas empanadas fritas que preparan en el negocio. Luego me tomaron fotografías con sus hijas.
Inicié el pedaleo a las 11:55 y me dirigí hacia el norte, hasta encontrar la autopista del Itata. Es una subida de unos 10 km, bastante recta.
22/02/07
Cuando me faltaban unos 5 km para llegar al empalme que lleva a la localidad de Rafael, pasada una estación de servicios, me detuvo un furgón de seguridad de la Autopista del Itata. Se bajaron dos tipos y uno me encaró preguntándome si yo no había visto los letreros que prohiben la entrada de bicicletas. Le respondí que no los miré, pero que en todo caso de todas formas no les habría hecho caso. Los ánimos se caldearon y el que me habló dijo que si me ponía porfiado llamarían a Carabineros, ante lo cual le señalé que no me importaba. El caballero indicó que mejor era calmarse y que me ofrecían llevarme en el furgón hacia fuera de la autopista. Me trasladaron hacia un peaje y explicaron que no podía seguir por el empalme porque hasta Rafael había un ramal que también era parte de la concesión. Pedí dejar un reclamo en algún libro y llamaron a una muchacha que se desempeñaba como relacionadora pública o algo así. Argumenté que la justificación que ellos me daban para excluirme -"por mi seguridad"- era una falacia, pues la alternativa por la ciudad de Tomé era mucho más peligrosa. La autopista tiene grandes bermas en muy buen estado y posee pocas curvas; además los vehículos motorizados andan a una velocidad que no es mucho mayor que en la otra carretera. Yo estaba muy enojado, y alegué que la razón de fondo para excluir a las bicicletas es que como la concesionaria es una empresa privada, lo que más les interesa es maximizar utilidades, y como las bicicletas no pagan peajes, para ellos sólo significan un "cacho". Les expresé que las autopistas se han construido sobre antiguos caminos rurales, por donde habitualmente circulaban bicicletas, peatones y carros tirados por animales, todos los que actualmente son excluidos de esas carreteras. Cuando quise escribir mi reclamo, la joven me explicó que era demasiado engorroso, a lo cual no insistí pero le anuncié que posteriormente escribiría una carta a los diarios, cosa que cumplí cuando estuve en Talca. Después, tuve que subir la bici a otro furgón, de servicios, que iba hacia el norte. Ese camino -dependiente de la concesión- es bastante recto y también posee una berma muy amplia. Tenía poco tráfico. Los empleados de la empresa que iban en el furgón se dieron cuenta de lo absurdo de la situación... no me dejaban transitar por una ruta muy segura y me llevaban para botarme en un camino mucho más peligroso
02/03/07
Desde Rafael, como a las 14:30 continué por un camino pavimentado pero sin bermas. Era sinuoso y corre entre bosques. En un tramo estaba quemado, por un incendio reciente. A Coelemu arribé cerca de las 16 horas. En la plaza conversé con un muchacho que atendía el kiosco de información turística. Me dio un tríptico de Cobquecura y me indicó cómo llegar a un supermercado. En éste, compré azúcar y algo para comer y beber. Volví a la plaza y me senté a almorzar en una banca. Cuando eran diez para las cinco, reinicié la marcha. Pasé por un puente sobre el río Itata y aparecí en Trehuaco. Después subí la cuesta que está camino a Quirihue. Antes de esta ciudad hay otra subida grande. A las 19:30 llegué y fui a comprar pan, queso crema y una bebida. A continuación me di una vuelta a la plaza, en donde me detuve un rato a comer. Volví a la ruta y desde un furgón lleno de personas una mujer me preguntó si conocía algún lugar para acampar. Les conté que yo también andaba en lo mismo. Proseguí por una zona más llana, sólo con suaves pendientes. Como a las 21 horas encontré una explanada a la orilla del camino, entre un cerco y arbustos. Acampé. Oscureció y se veían muchas estrellas. A lo lejos se sentía música y bulla de carretes juveniles. Dormí bastante bien, aunque en un comienzo tuve una pesadilla. Soñé que desde fuera metían lanzas hacia adentro, y desperté pidiendo ayuda.
Al otro día -domingo 18- desperté como a las 8:30. Tipo 10:40 inicié el pedaleo. La ruta era la típica "cuncuna": constantes subidas y bajadas de no mucha pendiente, pero que a la larga, igual se hace pesado. A las 13:30 entré a Cauquenes, en donde hay una corta ciclovía y un puente. En un costado de la plaza me compré un helado y telefoneé a Parral. Me contaron que Alejo estaba en la montaña y que regresaría el martes. Se acercó un hombre con sus hijas, que andaban en patines. Me preguntó sobre mi recorrido y se mostró sorprendido.Fui a buscar un almacén y a pocas cuadras entré en una amasandería. Compré unos panes y un señor que estaba atendiendo un kiosco me interrogó sobre mi viaje. La mujer que atendía (Flor) me regaló otro pan, y el caballero me invitó a comer una humita. Él se llama Raúl y anda en bicicleta para todas partes. Dijo que le gustaría hacer viajes largos, pero que está encadenado a la pega, al kiosco. Se fue con su bici a repartir diarios y me dejó conversando con su hija Jenifer. Ella tiene 19 años y salió de 4º Medio. Se tomará un año para trabajar y juntar su dinero para pagar sus estudios. Pololea con un joven de Nueva Imperial que conoció por chat y que está estudiando en Santiago para ser gendarme. Al rato llegó su amiga -Deisi- una sensual morena, vestida muy a lo mina, que iba a estudiar y vivir en una pensión en Curicó. Jenny me regaló un jugo envasado y cargué el celular en el enchufe del kiosco. A las 17 horas retomé el viaje. Hay una subida al salir de la ciudad, pero el camino hacia Parral es bastante plano y recto. Se ve una extensa llanura y sólo las cordilleras de Los Andes y de la Costa (a la lejanía). En el kilómetro 28 y siendo aproximadamente las 19:30 me topé con el río Perquilauquén, que corre de sur a norte. El puente está con un sólo sentido y están iniciando la construcción del nuevo. Vi que había gente bañándose y bajé por un camino de tierra. Varias familias haciendo camping y un grupo evangélico que andaba en una micro. Unos tipos con copete llegaron en un camioncito 3/4 y casi se volcaron. Llevaban a mochileros. Después de recorrer varios lugares, volví cerca del puente ferroviario. Alejo me llamó al celular y me contó que había llegado a Parral, pero que esa noche viajaría a Santiago, y que no estaban sus amigos para que me hubieses alojado. Que regresaría el martes para hacer una caminata con un médico hasta la laguna que está cerca de la frontera con Argentina. Una familia que estaba de pic-nic me invitó a tomar mate y me regalaron pan amasado, agua potable y carbón. Eran de Cauquenes; dos hijas con su mamá y la pareja y el hijo de una de ellas. Hice fuego y tomé once.
En la noche dormí bien, pero escuché que un animal durmió junto a la carpa. Creo que fue un perro, pero en un momento hizo unos gruñidos muy extraños, y me entró la duda. Por la mañana no había nada.
El lunes 19 me levanté a las nueve de la mañana. Tomé desayuno y me percaté de que el neumático delantero etaba algo desinflado.

04/03/07
Salí a la ruta y me detuve a inflar el neumático cerca de una casa. Se veía una atractiva morena con un niño. Salió un caballero y me preguntó por mi viaje. Le hice un resumen. Al guardar el bombín y la válvula, se me olvidó el adaptador que había dejado en el suelo. Partí a las 11:30 y entré a Parral a las 13:15. Almorcé un completo con bebida y fui a la plaza a cambiar la cámara de la rueda. A las 14:30 reinicié el pedaleo. Salí a la ruta 5 y a las cuatro de la tarde pasé a tomar una bebida express en la plaza de Longaví. Continué y a las 17 horas arribé -por una larga ciclovía- a Linares. Compré pan, queso y leche y me senté a tomar once en una banca de la plaza principal. Se nubló completamente, pero no hacía frío. Retomé viaje a las seis de la tarde por una calle rumbo al poniente. Al rato encontré una ciclovía, por la que anduve hasta Panimávida. Me topé con otros ciclistas (obreros agrícolas) y con personas a caballo. También con un ciclista que llevaba a un par de caballos con un lazo y otro que arrastraba un carro. El camino era plano. Llegué como a las 20 horas al hotel de las termas y me dijeron que Ale y Felipe ya se habían retirado a su casa, a unos 6 km hacia Colbún. La mujer los llamó al celular y con Ale quedamos de encontrarnos en el camino. Subí la bici a su camioneta y me llevó a su casa. Estaban Felipe y un amigo que trabaja con ellos haciendo instalaciones eléctricas. Me duché y bajé mis cosas. Cenamos, conversamos y me pasaron una de las dos habitaciones que tienen para las visitas. Fumamos yerba. Me contaron de sus vacaciones en Necochea, al sur de la provincia de Buenos Aires. Llegó una prima de Ale, la hija del dueño del hotel, con una vacuna para uno de los perros.
05/03/07
El martes 20 de febrero me levanté a las nueve. Tomé desayuno y me afeité. Pedaleé hacia Panimávida y llegué al hotel a la una. Alejandra me hizo un recorrido por las instalaciones y me mostró lo que han construido desde que llegaron hace un año: comedore, piscinas, baños de barro, calderas. A las 14 horas fuimos a almorzar: entrada y lasaña. El hotel lo compró un tío de Ale, que hizo negocios en Punta Arenas y que se casó con una hermana de su mamá. El hotel quedó en muy mal estado y una parte se incendió. Los antiguos dueños -vinculados a la dictadura- obtuvieron créditos del Banco del Estado. Después del 90 no pudieron pagar y quebraron. Se entregó en comodato al municipio, pero siguió empeorando.
Una vez en la casa, los perros habían destrozado mi sombrero. Parché la cámara. Preparé kinoa para los tres. Tienen una huerta con varios vegetales distintos. Los pepinos eran amarillos y amargos. Me contaron sus veraneos en los balnearios de Venezuela. Felipe hizo triatlón desde los 17 hasta los 24 años. Ahora está fascinado con el surf; se compró una tabla y un traje y quiere ir a las playas que están entre Cobquecura y Pichilemu. Se compraron un terreno camino a Linares y este año comenzarán a construirse una casa "bioenergética".
El jueves 22 me levanté a las 09:30. Ese día acompañé a Carlos en su vehículo, pues él tenía que realizar diligencias en la ciudad.
23/02/07
De la casa de Carlos salí a las 15:30. Dos horas más tardes me encontraba saliendo de la carretera –hacia la cordillera- por Camarico. Al cruzar la línea férrea, divisé una hermosa joven. Luego, me detuve a consultar en el local de un Comité de Agua Potable, y una mujer me indicó cómo era el camino hacia Cumpeo. A esta localidad llegué a las 18:45, compré algunas provisiones para tomar once, y me fui a descansar un rato a la plaza principal. Pregunté a algunos lugareños acerca del camino hacia Radal, y una mujer se acercó para saber sobre mi viaje. Reinicié la marcha a las 19:15, y avancé por un camino con muchos aromos y moras. Antes del anochecer arribé al pueblo de El Bolsico, en donde me puse a conversar con unas personas que estaban en la entrada de un terreno. Me invitaron a colocar la carpa en él, y a comer una cazuela. Era una familia que había vendido su casa en Santiago y que estaban construyendo una vivienda en ese lugar, pues se habían “enamorado” de esa zona.
Al día siguiente –sábado 24- me levanté a las 9:20; después de asearme un poco, tomamos desayuno en una terraza. Luego tomamos unas fotos y me despedí. Comencé el trayecto a las 11:45 y, media hora después, se me pincharon los dos neumáticos. Como tuve que esperar a que se secara el pegamento del parche, sólo pude reiniciar el viaje a las 14:25. Después de un rato, pasé por las localidades de Maitenes y Casa de Tabla. Entremedio, charlé un tramo con un ciclista de la zona (Nacho). El camino empezó a tener cada vez más pendiente y curvas; hubo un momento en que pensé que estaba perdido. Aparecí en El Treiler y consulté por el camino a Radal. Comenzó una bajada bastante peligrosa, hasta llegar a un puente sobre el río. Eran las 16:30 (Pancho) y les pedí agua a un grupo de gente que acampaba a un costado del camino. Proseguí y al poco rato me encontraba en un poblado, en donde compré una bebida y almorcé lo que llevaba conmigo. Continué y, no muy lejos, estaba Radal, con su gran cantidad de camping. Inicié la ascensión de la montaña, y a las 19:10 arribé a las Siete Tazas. Pagué la entrada ($ 1.000) y caminé hacia el río por el sendero del parque. Tomé unas fotos y regresé; con el guardabosque y portero conversamos un poco, cargué agua, y comencé el descenso. También saqué una foto en la cascada “El velo de la novia”.
A las 20:15 estaba nuevamente en Radal. Como no tenía intención de pagar por acampar, me instale bajo el puente, cerca de unos muchachos que tenían allí su carpa. Me preparé una once. Al anochecer, los jóvenes me invitaron a compartir con ellos un melón con vino.
Uno de ellos me contó que su papá era un ex militar que ahora se dedicaba al tráfico de drogas. Agregó que había abandonado el colegio al finalizar la básica, y que su pasión era inventar canciones raperas. Su padre lo mantenía mediante una mesada. Después de un rato fui a dormir, y ellos partieron a buscar una lolas que habían conocido.
El domingo 25 desperté como a las 9:30, me levanté y preparé un desayuno. A continuación me tomé unas fotos con los chicos de enfrente, arreglé mis cosas, y me puse en marcha a las 11:40.
Llegué a Molina a las 14:20 y me compré un mantecol. Después dormí una siesta. Proseguí el viaje y arribé a Lontué, desde donde intenté telefonear a mi hermano Gustavo. Seguí el recorrido a las 16:40 y aproximadamente a las 18:30 me encontraba en Teno, en donde compré un poco de pan.
Antes de las 20 h. me metí por un camino lateral, de ripio, en dirección a la costa, en busca de un lugar para acampar. El sector se llamaba Quinta y la calle llevaba hasta una estación de trenes denominada Santa Julia. Antes de un puente, divisé una playa con arena, en la ribera de un río que se veía muy contaminado. Entré por una huella e instalé la carpa.
23/02/07
De la casa de Carlos salí a las 15:30. Dos horas más tardes me encontraba saliendo de la carretera –hacia la cordillera- por Camarico. Al cruzar la línea férrea, divisé una hermosa joven. Luego, me detuve a consultar en el local de un Comité de Agua Potable, y una mujer me indicó cómo era el camino hacia Cumpeo. A esta localidad llegué a las 18:45, compré algunas provisiones para tomar once, y me fui a descansar un rato a la plaza principal. Pregunté a algunos lugareños acerca del camino hacia Radal, y una mujer se acercó para saber sobre mi viaje. Reinicié la marcha a las 19:15, y avancé por un camino con muchos aromos y moras. Antes del anochecer arribé al pueblo de El Bolsico, en donde me puse a conversar con unas personas que estaban en la entrada de un terreno. Me invitaron a colocar la carpa en él, y a comer una cazuela. Era una familia que había vendido su casa en Santiago y que estaban construyendo una vivienda en ese lugar, pues se habían “enamorado” de esa zona.
Al día siguiente –sábado 24- me levanté a las 9:20; después de asearme un poco, tomamos desayuno en una terraza. Luego tomamos unas fotos y me despedí. Comencé el trayecto a las 11:45 y, media hora después, se me pincharon los dos neumáticos. Como tuve que esperar a que se secara el pegamento del parche, sólo pude reiniciar el viaje a las 14:25. Después de un rato, pasé por las localidades de Maitenes y Casa de Tabla. Entremedio, charlé un tramo con un ciclista de la zona (Nacho). El camino empezó a tener cada vez más pendiente y curvas; hubo un momento en que pensé que estaba perdido. Aparecí en El Treiler y consulté por el camino a Radal. Comenzó una bajada bastante peligrosa, hasta llegar a un puente sobre el río. Eran las 16:30 (Pancho) y les pedí agua a un grupo de gente que acampaba a un costado del camino. Proseguí y al poco rato me encontraba en un poblado, en donde compré una bebida y almorcé lo que llevaba conmigo. Continué y, no muy lejos, estaba Radal, con su gran cantidad de camping. Inicié la ascensión de la montaña, y a las 19:10 arribé a las Siete Tazas. Pagué la entrada ($ 1.000) y caminé hacia el río por el sendero del parque. Tomé unas fotos y regresé; con el guardabosque y portero conversamos un poco, cargué agua, y comencé el descenso. También saqué una foto en la cascada “El velo de la novia”.
A las 20:15 estaba nuevamente en Radal. Como no tenía intención de pagar por acampar, me instale bajo el puente, cerca de unos muchachos que tenían allí su carpa. Me preparé una once. Al anochecer, los jóvenes me invitaron a compartir con ellos un melón con vino.Uno de ellos me contó que su papá era un ex militar que ahora se dedicaba al tráfico de drogas. Agregó que había abandonado el colegio al finalizar la básica, y que su pasión era inventar canciones raperas. Su padre lo mantenía mediante una mesada. Después de un rato fui a dormir, y ellos partieron a buscar una lolas que habían conocido.
El domingo 25 desperté como a las 9:30, me levanté y preparé un desayuno. A continuación me tomé unas fotos con los chicos de enfrente, arreglé mis cosas, y me puse en marcha a las 11:40.
Llegué a Molina a las 14:20 y me compré un mantecol. Después dormí una siesta. Proseguí el viaje y arribé a Lontué, desde donde intenté telefonear a mi hermano Gustavo. Seguí el recorrido a las 16:40 y aproximadamente a las 18:30 me encontraba en Teno, en donde compré un poco de pan.Antes de las 20 h. me metí por un camino lateral, de ripio, en dirección a la costa, en busca de un lugar para acampar. El sector se llamaba Quinta y la calle llevaba hasta una estación de trenes denominada Santa Julia. Antes de un puente, divisé una playa con arena, en la ribera de un río que se veía muy contaminado. Entré por una huella e instalé la carpa.
A la mañana siguiente, me levanté a las 8:45 h., tomé desayuno, desarmé el campamento, monté todo en la bici, y partí a las 10:40. Primero fui a buscar un camino hacia la estación Santa Julia, pero sólo habían huellas para peatones y muchas espinas; regresé hacia el este y arribé la la Ruta 5 a eso de las 11:20 h. Como a la una de la tarde entré en San Fernando, en donde me dirigí hacia un local de Internet. Posteriormente, me compré un helado y me fui a una plaza a dormir la siesta. Reinicié el pedaleo a las 16 horas. Una hora más tarde llegué a Rengo, en donde me quedé por una hora. A las 18:50 arribé a Requinoa, de donde me alejé a las 19:15 h. Tipo nueve de la noche estaba en Rancagua, en donde anduve un rato buscando la dirección que me había dado Natalia. Finalmente, logré dar con la casa de la mamá de mi amiga. Ambas me atendieron muy cariñosamente.
El 27 de febrero me levanté a las 10:30 h., me convidaron desayuno y partí a las 11:35. Cincuenta minutos más tarde estaba en Graneros, en donde me quedé unos 15 minutos. Seguí pedaleando, y a las 13:10 entré en San Francisco de Mostazal. Tuve que volver a la carretera, y atravesar el tunel de Angostura, que aunque corto tiene mucho tráfico de camiones. A las 14:25 llegué a Champa, en donde me compré unas empanadas y almorcé en una placita. Descansé un rato y reinicié viaje a las 15:15 h. A las cuatro y media de la tarde arribé a Paine, y paré para comprar una sandía, de la cual me comí la mitad. Aparecí en Buin a las 17:20 horas, en donde tomé un agua mineral y reposé un momento. Retomé el pedaleo a las seis de la tarde y, cuarenta minutos después, entraba en Nos. A las 19:10 me detuve en El Bosque para llamar por teléfono a Quena, a cuya casa llegué a las 20:45 horas.



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