De Putaendo a Santiago
El martes 4 de julio de 2006 me robaron mi bicicleta. La había dejado encadenada a un poste del alumbrado, a la entrada del edificio en donde en ese momento estaba realizando algunos trabajos. Se la llevaron como a las 19 horas, de la esquina entre Luis Thayer Ojeda y Holanda, en la comuna de Providencia.
Con esa bicicleta, montañesa aro 26, marca Carpeze -que había comprado usada, en mayo de 2003, por $ 25.000- viajé entre Punta Arenas y Arica, en tres etapas. Fueron en total siete meses de utilidad y acompañamiento -ella aparece en la mayoría de las fotos- y un pedaleo de aproximadamente 6.000 kilómetros.
También con ella anduve por todas las comunas del Gran Santiago, cuando trabajé como repartidor de boletines para la empresa de un amigo; desde Quilicura hasta San Bernardo, de Maipú hasta Las Condes, de Puente Alto a Huechuraba. Eso fue entre 2004 y 2006.
Era una bici humilde, pero una gran compañera, y espero que quien la tenga la cuide, la disfrute y le sirva tanto como a mi.
Al día siguiente del robo, fui a la casa de Bernarda (mi ex Nana), en Renca, pues ella me tenía guardada mi antigua bicicleta Oxford (aro 28), la que me regalaron mis padres cuando cumplí 14 años (en 1981). Ahí estaba ella, "impeque", con las modificaciones que le hice la última vez que la usé -en 2004: manubrio gaviota y tapabarros. Este es mi actual vehículo, gracias al cual transito por Santiasko, hago ejercicio, no contamino y no gasto dinero en locomoción.
Como para el viaje al sur necesitaba una bici montañesa, le pedí prestada la suya a mi sobrina Costanza, en Putaendo, pues ella tiene una Oxford aro 26 que no utiliza hace mucho tiempo. Le hice una limpieza y un ajuste completo y me la traje pedaleando a la capital. Eso fue el miércoles 27 de diciembre de 2006, un día muy caluroso.
Partí de la casa de mi hermana mayor, en Putaendo, a las 12:30 horas. El camino hacia San Felipe (13 km) tiene una leve pendiente en bajada. Camino a Rinconada hay una ciclovía que pasa por varias agroexportadoras y se siente olor a azufre. Como a las dos de la tarde, me detuve en una botillería que está al costado de una plaza en el pueblo de Rinconada. Compré una gaseosa desechable de un litro, y me fui al parque a almorzar, arriba del pasto y bajo la sombra. Comí unos emparedados que me había hecho en la casa de Mariella. Luego de un breve descanso, continué hasta el santuario de sor Teresita de Los Andes. Allí tomé la autopista Los Libertadores, que en esa zona tiene una cuesta hasta la entrada del tunel Chacabuco. Un cuidador me pidió que esperara a una camioneta de la empresa que me llevaría hasta el otro extremo. Después comienza una bajada que finaliza en un peaje. A esa altura se me había acabado el agua y ya no había dónde abastecerse por varios kilómetros. Ese día hizo mucho calor, por lo que en varias oportunidades paré a descansar bajo la sombra de algún árbol o arbusto. Vi varios ridículos letreros que prohiben la circulación de bicicletas por la autopista; en las zonas rurales e interurbanas la gente usa mucho las bicicletas para movilizarse, por lo que esa normativa es absurda. Llegué a la zona de Chicureo y Colina, en donde se ven muchas viviendas, negocios y vehículos. Estaba medio deshidratado, pero esperé encontrar una estación de servicio para tomar agua. Arribé a una que está casi a la entrada de Santiago y pude calmar la sed, aunque el vital elemento estaba bastante caliente. Seguí por la carretera y aparecí en la avenida Independencia. A las 20:15 llegué a la casa de Pochi, que me convidó bebida helada y en donde descansé como una hora. Continué el pedaleo hacia el barrio Bellavista, y luego por Providencia y Ñuñoa. Finalicé a las 22:15 en la casa de Quena, en La Reina.
Con esa bicicleta, montañesa aro 26, marca Carpeze -que había comprado usada, en mayo de 2003, por $ 25.000- viajé entre Punta Arenas y Arica, en tres etapas. Fueron en total siete meses de utilidad y acompañamiento -ella aparece en la mayoría de las fotos- y un pedaleo de aproximadamente 6.000 kilómetros.
También con ella anduve por todas las comunas del Gran Santiago, cuando trabajé como repartidor de boletines para la empresa de un amigo; desde Quilicura hasta San Bernardo, de Maipú hasta Las Condes, de Puente Alto a Huechuraba. Eso fue entre 2004 y 2006.
Era una bici humilde, pero una gran compañera, y espero que quien la tenga la cuide, la disfrute y le sirva tanto como a mi.
Al día siguiente del robo, fui a la casa de Bernarda (mi ex Nana), en Renca, pues ella me tenía guardada mi antigua bicicleta Oxford (aro 28), la que me regalaron mis padres cuando cumplí 14 años (en 1981). Ahí estaba ella, "impeque", con las modificaciones que le hice la última vez que la usé -en 2004: manubrio gaviota y tapabarros. Este es mi actual vehículo, gracias al cual transito por Santiasko, hago ejercicio, no contamino y no gasto dinero en locomoción.
Como para el viaje al sur necesitaba una bici montañesa, le pedí prestada la suya a mi sobrina Costanza, en Putaendo, pues ella tiene una Oxford aro 26 que no utiliza hace mucho tiempo. Le hice una limpieza y un ajuste completo y me la traje pedaleando a la capital. Eso fue el miércoles 27 de diciembre de 2006, un día muy caluroso.
Partí de la casa de mi hermana mayor, en Putaendo, a las 12:30 horas. El camino hacia San Felipe (13 km) tiene una leve pendiente en bajada. Camino a Rinconada hay una ciclovía que pasa por varias agroexportadoras y se siente olor a azufre. Como a las dos de la tarde, me detuve en una botillería que está al costado de una plaza en el pueblo de Rinconada. Compré una gaseosa desechable de un litro, y me fui al parque a almorzar, arriba del pasto y bajo la sombra. Comí unos emparedados que me había hecho en la casa de Mariella. Luego de un breve descanso, continué hasta el santuario de sor Teresita de Los Andes. Allí tomé la autopista Los Libertadores, que en esa zona tiene una cuesta hasta la entrada del tunel Chacabuco. Un cuidador me pidió que esperara a una camioneta de la empresa que me llevaría hasta el otro extremo. Después comienza una bajada que finaliza en un peaje. A esa altura se me había acabado el agua y ya no había dónde abastecerse por varios kilómetros. Ese día hizo mucho calor, por lo que en varias oportunidades paré a descansar bajo la sombra de algún árbol o arbusto. Vi varios ridículos letreros que prohiben la circulación de bicicletas por la autopista; en las zonas rurales e interurbanas la gente usa mucho las bicicletas para movilizarse, por lo que esa normativa es absurda. Llegué a la zona de Chicureo y Colina, en donde se ven muchas viviendas, negocios y vehículos. Estaba medio deshidratado, pero esperé encontrar una estación de servicio para tomar agua. Arribé a una que está casi a la entrada de Santiago y pude calmar la sed, aunque el vital elemento estaba bastante caliente. Seguí por la carretera y aparecí en la avenida Independencia. A las 20:15 llegué a la casa de Pochi, que me convidó bebida helada y en donde descansé como una hora. Continué el pedaleo hacia el barrio Bellavista, y luego por Providencia y Ñuñoa. Finalicé a las 22:15 en la casa de Quena, en La Reina.


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