miércoles, marzo 30, 2005

2.2 De Temuco a Putaendo

23/02/05

De Temuco me fui a Cholchol y de ahí a Galvarino. A la salida de ésta hay una cuesta. Por la tarde llegué al río Quino, en donde me bañé. Había una familia –los Quilaleo- que estaban asando un chancho. Me convidaron carne, pan, vino y cerveza. Conversé con un camionero de Santa Cruz, que me contó que esperaban la noche para trillar y cargar el lupino. Nos despedimos; una muchacha me preguntó de qué parte de Santiago era y que en una de esas nos encontraríamos allá. La otra, una morena que encontré atractiva, me deseó mucha suerte en mi viaje, de una forma tal que me dio la sensación de que yo le había interesado. Al día siguiente, me tocó una cuesta antes de Traiguén. A esta ciudad pasé a almorzar y llamar por teléfono. Cuando llegué a Los Sauces le pregunté a unos tipos que parecían de la Conaf si la cuesta para atravesar la cordillera de Nahuelbuta era muy difícil. Me respondieron que por el lado oriental no era tan empinada. En el camino hacia Purén me tocó un fuerte viento en contra. Una vez en esa ciudad le pregunté a un joven bombero (bencinera) por algún lugar para acampar antes de la cuesta. Me indicó el riachuelo Pangue…, a donde llegué y me bañé.

A la mañana siguiente, hice la subida de la cuesta; había niebla y estaba lloviznando. Antes de llegar a la cima, se echó a perder el piñón. La bajada era larga, con pendientes fuertes y curvas. Tuve que ayudarme de los pies para frenar. Antes de Contulmo paré en una estación de servicios para arreglar el piñón. Para hacer tiempo –y volver a telefonear a Pamela- pasé a almorzar a la plaza de Contulmo, en donde conversé con el dueño de un negocio y con el borrachito del pueblo. Después recorrí toda la orilla del lago Lanalhue hasta la carretera. Estaba brumoso y con llovizna. Comí algo y seguí pedaleando hasta Cañete. Allí telefoneé por última vez a Pamela y conversé con los dueños de un boliche. Luego de conocer el centro de la ciudad, seguí hacia el norte, hasta que me detuve en una plantación de pinos. Ahí coloqué la carpa y me acosté.

24/02/05

Como a las tres de la mañana sentí unos ruidos y voces. Era una pareja que se puso a follar por más de una hora -habían llegado en un vehículo motorizado que estacionaron cerca de mi carpa. Al otro día continué hacia el norte y pasé a almorzar a Curanilahue. Comí un pollo con puré en las cocinerías y conversé con la mesera, la que me describió el camino hasta Laraquete. Antes de llegar a esta playa me acompañó durante un trayecto un ciclista oriundo de Tomé. Una vez que estuve en dicho balneario conversé con un muchacho que había hecho su servicio militar en San Bernardo. Él me regaló una piedra cruz con un papel explicativo. Esa noche la pasé rodeado de grupos de lolos sin que nadie me molestara.

Después de Laraquete, tuve que atravesar las cuestas que anteceden a Lota. En esta ciudad, telefoneé a Felipe. Él y Claudia me esperaban en la plaza central de Concepción. Eso fue el 14 de febrero, tipo dos o tres de la tarde. De ahí me llevaron al parque Ecuador, en donde almorcé algo que Tombo había traído de la casa de su abuela.

25/02/05

Del parque Ecuador fuimos a un local de Internet cerca de la U de Conce. A la salida nos encontramos con el "Huaso", quien nos contó que yo podía alojarme en la pieza de un tal "J", quien andaba en Pucón vendiendo libros. Allá nos recibió Oscar, otro vendedor de libros, que me hizo acordarme de Juanito "El Iquiqueño" (pescador que conocí en Ancud). La primera noche me puse a leer un libro titulado “Anarquismo y Marxismo”, escrito por un ruso y publicado en Cuba. Lo que más me llamó la atención -a esta altura de la Historia- es que los bolcheviques justificaban su autoritarismo -rechazando los métodos anarquistas- por temor a que se generaran condiciones propicias para la reimplantación del capitalismo. Lo cierto es que -visto lo acontecido en los países de "socialismo real"- los que más han favorecido el retorno del capitalismo fueron las burocracias leninistas.

El martes 15 fui al centro a comprar un neumático y almorcé una promoción en el Mercado (un completo y un vaso de leche con plátano por $ 500). En la tarde, cuando bajaba para ir al café Neruda, me encontré con Paulina Ríos, quien me invitó a tomar once. Allí estaba su marido Nelson, quien también estudió pedagogía en Historia en la U de Conce. Ellos tienen dos hijas y viven con otro niño, que sólo es hijo de él. Su negocio es la importación y servicio técnico de máquinas fotocopiadoras.
Esa noche, como a las tres de la mañana, llegaron Felipe y Claudia; yo les pasé la cama y me acosté en el saco de dormir.

Al día siguiente, Oscar -el vecino- me invitó a tomar café. Me contó que fue preso político el 73-74 y que estuvo en la isla Quiriquina por ser dirigente sindical del FTR (MIR). Él me sugirió que fuera a conocer la caleta Tumbes. Hacia allá partí pasado el mediodía. Llegué como a las 15 horas, comí empanadas de mariscos y tomé una fotografía.

El jueves 17 fui a almorzar con Paulina y Nelson un pulmai. Después los acompañé en su auto hacia Coronel. A las nueve de la noche fui hacia el Café Neruda. Me encontré con Felipe y Padi. Tomamos cerveza con un muchacho llamado Ramón, que estudia Lenguaje, es fanático del cine y escribe poesía. En otra mesa habían tres mujeres y una de ellas me miraba. Yo también comencé a mirarla, a pesar de que no la encontraba bonita. Sin embargo, me parecía interesante y atractiva. Más tarde, Ramón les preguntó si querían sentarse con nosotros y ellas aceptaron. La muchacha con la cual nos mirábamos se ubicó a mi lado. Conversamos hasta que cerraron el local, pasada la una de la mañana. Ella se llama Alejandra y estudió Sociología en la U de Conce. Trabajó en Servicio País y para el municipio de Illapel. Conoce a Rosita, Dayana, Lorena, Enrique y Lucrecia. Después acompañamos a Bárbara a casa del “pelao”; luego fuimos a un local que tenía un burlitzer. Allí Olaya se puso a bailar con los chicos. En eso, le comenté a Alejandra que me había parecido atractiva. Ella expresó que le había gustado mi cara de sueño, mi sonrisa y que me sentara con las piernas cruzadas. De pronto nos besamos. A continuación llegó Bárbara y nos fuimos a su depto. Allá tomamos agua de hiervas y bailamos. Pasadas las cinco de la mañana nos fuimos a dormir. Padi se acostó en el sofá y yo me encamé con Alejandra. Tuvimos un largo preámbulo y nos fuimos desnudando... En la mañana nos levantamos a tomar desayuno.

03/03/05

El sábado 19 de febrero salí de Conce; compré jugo y galletas en Tomé y Dichato, y llegué a las 17:15 horas a la playa Merchique. Me bañé en el mar y observé a las mujeres del lugar; me llamó la atención una morena que lucía un bikini rojo. Coloqué la carpa y después la subí un poco porque la marea estaba demasiado próxima. Cuando empecé a preparar el arroz con verduras, se acercó un niño de una familia que se iba. Me regaló un pan amasado, un resto de papas fritas y algo de leña. Mientras intentaba hacer una fogata, pasó un caballero que me invitó a usar el fuego que ellos ya tenían encendido. Era del grupo en que estaba la lola morena. Me convidaron carne asada, papas, pan y café. Conversamos un buen rato. Ellos son la familia Arriagada, de Chiguayante. Dos mujeres adultas, tres lolas y tres niños conformaban el clan. Las primas eran Karen, una hermosa morena que se estaba cambiando de Biología Marina a Nutrición en la U de Conce, su hermana, que estaba en Segundo Medio, y Pamela, una rucia coqueta y de voz grave.
A la mañana siguiente me invitaron a desayunar; nos tomamos fotos, intercambiamos e-mails y me regalaron un par de emparedados para el camino. Nos despedimos y seguí el viaje; a mediodía llegué a Vegas de Itata, en donde me abastecí de agua en el camping municipal. Continué por el camino que bordea el río Itata hasta llegar al puente cerca de Coelemu. Proseguí por Treguaco hasta Quirihue. Allí conversé con un almacenero que una vez había ayudado a un ciclista inglés de Manchester. También dialogué con su primo, un camionero que fletaba madera. Él me explicó que podía llegar a Cobquecura antes del anochecer, y que no convenía acampar en el campo, por el asunto del Hanta virus. Cuando aún no alcanzaba la cima de la cuesta, anocheció. Luego, al iniciar el descenso, se pinchó la rueda delantera, por el desgaste de la cámara en el lugar donde el neumático tenía un agujero. De todas maneras continué el descenso; todo se cubrió con niebla y garúa, y me dio mucho frío. Un tipo que bajaba en bicicleta me empezó a conversar y seguimos así hasta llegar a la ciudad. Eso me tranquilizó un poco. Fui hacia la playa, en la cual estaba prohibido acampar. En eso, una voz masculina me preguntó de dónde venía y me invitó a tomar vino. Me acerqué y era un grupo de tres hombres y dos mujeres. Ellas son Jesenia y Charlotte, que son primas de Boris.

Éste estudia Odontología en Santiago. El que me llamó es un muchacho de Copiapó que estudia Filosofía en la U de Chile. Después de conversar un rato, nos dirigimos hacia la arena, junto a un grupo de lolos que también andaba con copete. Comimos un poco de papas fritas. Nos sentamos en círculo y proseguimos con la charla. Yesenia vive con su mamá en Chillán, donde ella estudia en la sede de la U de Conce. Como a las tres de la mañana nos fuimos al sitio en donde tenían sus carpas y nos acostamos. A la mañana siguiente, le cambié el neumático y la cámara a la bicicleta. Preparamos almuerzo y telefoneé a la casa de Alejo en Parral. Me dijeron que él andaba en la montaña. Le tomé una foto a los chiquillos e intercambiamos e-mails. Los acompañé hasta la Copec, en donde llené las botellas con agua, y nos despedimos. El camino entre Cobquecura y Tregualemu fue muy difícil: tierra suelta y fuertes pendientes. Por la tarde llegué a Curanipe en donde me demoré en acampar pues también había por todas partes letreros que prohibían instalar carpas.

04/03/05

Esa noche me desperté por las voces de gente en una fogata. Algunos que pasaron cerca de mí conversaron acerca de la carpa. Al otro día pasé a cargar agua a Pelluhue y conversé con un hombre llamado Jorge que es oriundo de San Antonio. A continuación me detuve a comer en Chanco. Como a las seis de la tarde llegué a la Caleta Pellines.

05/03/05

Estuve observando las condiciones para acampar hasta que vi que una familia se estaba yendo y dejaba un buen sitio y una fogata hecha. Me acerqué a esperar a que se marcharan. En eso estaba cuando llegó otra familia a ese lugar. Me acerqué, les propuse que compartiéramos el fuego y me ofrecí a ayudarles a transportar sus cosas. Eran cuatro hermanas: Fresia, Violeta, Nena y Pilo; su mamá, y ocho niños: Alex, Brian, Jorge, Gerard, Cristofer, Cristiane, Lisbet y Vicente. Todo el miércoles 23 de febrero lo pasamos juntos. Cocinamos, jugamos, conversamos. En la noche tomamos combinados y las chicas quedaron bastante mareadas.

06/03/05

Al día siguiente, ayudé a las mujeres a llevar sus bultos al bus y partí cerca de la una de la tarde hacia Constitución. Arribé a la población Los Molinos un poco antes de las 15 horas. Me convidaron almuerzo y Violeta lavó mis poleras y camisa. Después fui a un local de Internet. De ahí me dirigí a la casa que ocupa Nena, la cual no tiene agua ni cerradura. Esa tarde llegó Fresia y su amiga Isolina. Ella siguió hablando de las frustraciones que le han acarreado el matrimonio, y de su temor a la muerte debido a que tiene un coágulo en el cerebro. Me entusiasmaron para quedarme a la noche de las fogatas. Por la mañana caminé al centro, para sacar la plata que me quedaba en mi cuenta de ahorros. Después de almuerzo llegó Fresia con Claudio, pareja de Violeta, la que partió en la mañana a trabajar al rodeo en San Javier. En la noche nos juntamos con la menor de las hermanas, Lucy, que está emparejada con Kike. Nos dirigimos a la playa y tomamos unos combinados. Nos acompañó un lola llamada Carola y luego apareció Isolina. Tipo 2:30 caminamos hacia la casa y bailamos hasta las 6 AM. Lucy estaba muy sensual y se parece bastante a Helena. A la mañana hice el aseo y llegaron Fresia, la hermana que vive en Putú, Claudio, Kike y Lucy, quien me propuso acompañarlas a donde vive su mamá. Como eso implicaba quedarme otro día, no acepté y me fui después de almuerzo. Mi reloj se me perdió en Constitución.

09/03/05

Desde Constitución pedaleé hasta la playa La Trinchera, en donde acampé a orillas de una laguna. A la mañana siguiente (27 de febrero), seguí por un camino de tierra con cuestas que llega al río Mataquito. Crucé un puente y comenzó un camino pavimentado que me llevó hasta Licantén. Pasé a una Bomba de Bencina para llenar las botellas con agua. También pasé al baño para pegarme una cagadita. En el pueblo, entré a una fuente de soda y pedí un italiano con una bebida. Al salir, me abordó un tipo gordito con pinta de ser homosexual. Me dio su tarjeta y me invitó a su casa a tomar un café pero me negué porque estaba con el tiempo justo para llegar a Vichuquén, le dije. Cuando me dirigía hacia el camino que conecta con la cuesta, una muchacha me preguntó si estaba perdido. Luego me dio las indicaciones para seguir. La subida fue difícil; camino de tierra, empinado y con mucho calor. Después de alcanzar la cima, vino una pequeña meseta y a continuación, la bajada “Siete Vueltas”. Peligrosa, hubo un momento que debí tirarme hacia la orilla del camino porque iba muy rápido y no respondían los frenos. Posteriormente arribé a Vichuquén, en donde di unas vueltas hasta llegar al hospital. Detrás de éste construyeron un edificio que funciona como Consultorio municipal. De ahí me encaminé hacia el lago, para lo cual tuve que pasar una nueva cuesta antes de llegar a Aquelarre. Llegué al lago y anduve hasta la playa Paula, en donde me bañé en aguas tibias. Ese lugar era un tercio de la extensión que tenía hace 25 años (1980), cuando veraneamos allí durante un mes. El comercio le ha ido robando espacio al balneario. Un caballero de unos 60 años me conversó; él y su familia son de Vichuquén. Le pregunté si alguna vez había escuchado del doctor Demuth (mi abuelo materno); me dijo que su papá le había hablado de él, y que le había dado pensión cuando era el director del hospital. Después me habló un señor que andaba con su esposa y dos hijos vendiendo cuchuflís. Eran de Recoleta y habían arrendado una casa en Vichuquén, en donde fabricaban sus productos. Se movilizaban en un furgón utilitario. Me contó que en enero apenas salvaron, pero que en febrero les fue bien. También vendían en los rodeos. Al despedirse me regaló cuatro paquetes de cuchuflís, uno de los cuales estaba relleno con manjar. En la noche acampé en esa playa, detrás de unas casetas de baño.
La mañana del 28 de febrero (lunes) seguí por el camino a Llico. Me impactó el hecho de que todo el lago está rodeado de casas particulares, que no dejan lugar para sitios de acceso público en las orillas. Cargué agua en la Estación de Servicio que está en la intersección. Pasé por la laguna Torca y luego le pregunté a un camionero por la ruta a Bucalemu. Seguí por unos caminos enredados y con mala señalización. Arribé a un cruce en que estaba totalmente desorientado. Tuve que preguntar tres veces para encontrar la ruta a Bucalemu. En Lo Valdivia hay unas piscinas en que extraen sal de mar, la cual venden en bolsas a orillas del camino. Pasadas las tres de la tarde aparecí en Bucalemu; compré algo de alimento y fui a conocer la playa. Un poco más tarde crucé el puente y comencé a subir una extensa cuesta. Cuando faltaba poco para llegar a la cima, paró una camioneta a mi lado y una mujer me preguntó si quería que me llevaran. Como estaba cansado, acepté. Eran dos hermanas y un amigo –santiaguinos- que estaban alojando en Pichilemu, y habían ido a conocer Bucalemu. Me llevaron a Punta Lobos para tomar unas fotos y luego me dejaron en Pichilemu (me transportaron como 30 km). Luego de recorrer la ciudad y buscar lugares para acampar –había letreros de prohibición por todas partes- volví a la puntilla y estaban abiertas las puertas de un estacionamiento. Entré y vi rastros de campamentos; había llaves de agua, cables de electricidad, baños y duchas. Al rato llegó una pareja en un taxi; venía de camping y me explicaron que los cabros que cuidaban el camping llegaban como a las nueve de la mañana. Como a esa hora yo me estaba yendo, por lo que no pagué ni un peso. Fui al centro para comprar cosas para desayunar y un tipo se me acercó a conversar. Su nombre es Mauricio, nació en Talcahuano y vivió en Chiloé. Es técnico agrícola y está casado con una mujer oriunda de Marchihue. Tienen dos hijos y viven con la hija mayor de ella, que nació por una relación previa. Trabaja en una ONG –Procesal- que ayuda a los pequeños agricultores. Me dio sus teléfonos y e-mail y quedamos en comunicarnos.

10/03/05

La ruta de salida norte de Pichilemu tiene una enorme cuesta que llega hasta donde están unas altas antenas. Ahí comienza una larga bajada. Luego viene un plano hasta el cruce Las Rosas. Allí me detuve a comer algo y continué camino hacia Litueche. Es una senda bastante plana, en pleno secano. En esa ciudad me abastecí de agua y compré cosas para comer. Había buenos basureros en todas partes. El camino hacia Rapel estaba en reparaciones y tenía algunas subidas menores. Después vino una bajada con pendiente fuerte, curvas, hasta llegar a un plano. Un poco más al norte, el pueblo de Rapel. Allí le pedí un poco de aceite a un bombero (para lubricar la cadena), el que me indicó que podía acampar a orillas del río. Compré algunas cosas en un supermercado después de nadar un rato en el río. Coloqué mi carpa bajo un aromo y sobre la arena, junto a los restos de una fogata. La bicicleta la encadené a la raíz del árbol. Como en el atardecer había visto un pez saltando varias veces fuera del agua, agarré mi carrete y lancé algunas veces la lienza con anzuelos. Oscureció y regresé a la carpa. En ese lugar estaba instalado un camping municipal que habían estado desmantelando unos operarios que se llevaron las cosas en un camión.
En la mañana del miércoles 2 de marzo, subí una cuesta para dejar atrás Rapel. Pasé por Bucalemu, observé la parcela de Los Boldos -una de las tantas propiedades del dictador (custodiada por un contingente militar)-, y llegué al Yali, en donde me tocó otra cuesta. Posteriormente aparecí en el empalme que da hacia la carretera de la fruta. Ruta peligrosa por la cantidad de camiones a alta velocidad. Arribé a las Rocas de Santo Domingo, luego crucé el puente y subí caminando por la cuesta de Llo-Lleo. Después Barrancas y San Antonio, desde donde llamé a Rodrigo Guerra (Chino). Me contó que estaban viviendo en Llo-Lleo y partí hacia allá. Estaba con Pamela, la que se quedó esa tarde, por lo que conversamos bastante. Ella trabaja para la municipalidad de El Quisco y Rodrigo en el Sename. Ambos, más un socio, tienen una consultora, con la cual ya realizaron una capacitación sobre economía hogareña a los trabajadores de una empresa portuaria.

En la tarde, al regresar Rodrigo, fuimos a comprar algunas cosas para asarlas al disco. En la noche llegaron Marcela, hermana de Pame, y Mela, una amiga de ésta. Después nos fuimos a tomar cerveza a un boliche llamado La Abadía. Al otro día, en la tarde, partimos con Pamela a la casa de su mamá, en donde tomamos once. Ya de noche nos encaminamos con Marce y Pame a La Abadía, en donde bebimos unas cervezas. El viernes 4 de marzo salí pasadas las 14:30 hacia El Tabito, en donde arribé como a las cuatro de la tarde. Dormí un poco, comí algo, prendí fuego y armé la carpa. Cerca de medianoche apareció Ernesto. Me quedé todo el fin de semana. El lunes 7 de marzo inicié el viaje a las 12:20. En Mirasol pasé a comprar algunas cosas para comer, y conversé un poco con la dueña del local. Poco antes un automovilista se había salido de la carretera y chocado con un poste. La señora me preguntó si es que yo había tenido algún accidente en el camino, y le contesté que nunca. Pensé que quizás ese día perdería el invicto. El camino hacia Tunquén tenía varias cuestas. Antes de llegar había una bajada muy empinada y con curvas muy cerradas. Además, el freno trasero estaba débil. Agarré mucha velocidad y no podía parar. Decidí salirme del camino, hacia una explanada abierta justo en la curva. La rueda delantera se encajó en la canaleta para las aguas lluvias y salí volando hasta estrellarme con la espalda, el brazo y la cabeza en el suelo.

17/03/05

Me quedé un rato acostado y pensé que hasta allí llegaba mi viaje, que la bicicleta se había arruinado con el golpe. Me revisé el cuerpo y descubrí heridas en la espalda, brazo derecho y mano. Levanté la bici y me percaté de que no estaba estropeada. Aproveché el momento para comer las cosas que llevaba para almorzar. A continuación seguí el viaje; bajé al plano de Tunquén y luego vino la cuesta norte. Al llegar arriba cayó niebla y garúa. Pedaleé hasta el camino que une Quintay con la ruta 68, avancé hacia la costa, hasta donde comenzaba una fuerte bajada de tierra. Me detuve, contemplé el hermoso paisaje y me di cuenta de que lo más probable era que la salida norte de Quintay fuera una cuesta de tierra y muy empinada. Decidí regresar y tomar el camino hacia la ruta 68. Cuando subía una de las cuestas, se cruzó delante de mí un zorrito que en su cola tenía un pompón negro en la punta. El paisaje es bonito y hay una hermosa laguna antes de llegar a la carretera. Después de pasar por el control de los pacos de Peñuelas paré para abrigarme y tomar once. En eso pasó una camioneta tocándome la bocina; paró más adelante y se bajó Leo. Crucé la carretera y fui a saludarlo; conversamos un rato. Luego, seguí el viaje hasta bajar a Viña del Mar por Agua Santa. Llegué al depto. de Cristian y Coni y no había nadie; dejé la bici con el conserje y fui a pasear a Av. Valparaíso. Al regresar encontré a mi sobrino con un amigo, tomamos once y me bañé. El martes 8 de marzo fui al depto. de Angie, que estaba con su compañera y con la Negra (una amiga). De ahí fuimos a pasear a Av. Perú, al muelle Vergara y nos tiramos en la playa Acapulco. Después la invité a tomar un helado artesanal en Av. Libertad.

30/03/05

De Viña me fui a Villa Alemana y, de ahí, a Limache. El último tramo de la ruta fue entre Limache y Putaendo. Eso fue el lunes 21 de marzo; el viaje lo inicié a las 11:30 h. y arribé siete horas y media más tarde, a las 19 horas. De Limache llegué al cruce con la carretera Viña-Mendoza. Desde allí anduve hasta llegar a la Panamericana. Por ahí pedaleé y pasé por el tunel La Calavera. Unos kilómetros más allá tomé el otro tramo de la carretera a Mendoza, a la altura de Llai-Llai. Al poco rato me comenzó una dolorosa puntada en la espalda, la cual me hizo parar cada 15 minutos para hacer elongaciones. Pasé por Chagres y después por Panquehue, en donde hay una extensa ciclovía. A esa altura también sentía dolor en los muslos y un poco de fatiga. Hasta allí sólo había comido un puñado de almendras. Cuando llegué a San Felipe, me detuve un rato para tomar una bebida y descansar. Proseguí el viaje hacia Putaendo, parando cada cierto tramo y con el cambio puesto en los piñones más blandos. Finalmente, pasé por fuera de Rinconada de Silva y arribé a la casa de mi hermana Mariella, en Putaendo.