2.1 De Quellón a Temuco
Cuando estaba en Quellón, Mauricio, el sobrino del Chago, me contó que estuvo preso en Puerto Montt por robar en casas "pitucas".
Salí de Quellón el domingo 16 de enero de 2005. La primera noche acampé en una playa de Chonchi, a un costado de la capitanía de puerto. Al día siguiente me topé con un par de franceses que venían de Dalcahue e iban a Puerto Montt. De ahí tomarían un bus hasta Punta Arenas, para pedalear por la Patagonia. Esa noche acampé en Chepu, a orillas del río Ahuanhuy (o algo así).
Estaba muy fatigado y con deseos de abortar el viaje. Habían sido unos 180 km en dos días, con poco descanso y mala alimentación.
El martes arribé a Ancud a las 17:30 horas, y en la Costanera me encontré con Pato. Él me consiguió alojamiento con Claudio y Karen.
Ayer (miércoles 19 de enero) fui en la bici a casa de Marella, quien me convidó ducha y almuerzo. Conocí a su hija -Ela-, de siete años, que me regaló una agenda hecha por ella.
El jueves me junté con Marcela, quien está emparejada con un tipo que es chef, de 32 años, que estudió en el Inacap de Santiago. Conversamos bastante, comimos empanadas de mariscos y la acompañé a su casa. Mientras esperaba a Marcela me abordaron dos hermosas gitanas jóvenes, que dijeron que yo parecía un paisano o árabe.
El viernes en la mañana ayudé a realizar la mudanza de Karen y Claudio. A partir de las cuatro de la tarde organizamos el curanto, para lo que compramos mariscos, papas, pollo, chancho ahumado, pan, harina, verduras y vino. Se sumaron una pareja de artesanos: Danisa y Jorge, que estudian pedagogía en Calama (ella es de Linares y él de Rancagua). Más tarde aparecieron Pato y Dámaris con Martina.
Yo pretendía irme a la mañana siguiente, pero como el día estaba con lluvias intermitentes, lo postergué para el domingo. Aproveché para limpiar y ajustar la bici.
Coincidencia: Karen es hija de una señora que vive en el Cajón del Maipo, que acogió por un tiempo a Pedro Matamala, al que llamaban "el angelito".

El domingo 23 de enero retomé el pedaleo y al salir de Ancud me agarró una lluvia que me hizo pensar en tomar un bus hasta Valdivia. Llamé por teléfono a Andrea y andaba en Buin. Por lo tanto, decidí continuar el viaje en bici.
Arribé a Maullín y crucé a La Pasada, en donde acampé en el patio del cuerpo de bomberos. Al anochecer se acercó una pareja que vive al frente, los cuales se ofrecieron a secarme la ropa mojada y a darme once. Ella se llama Patricia y es parvularia y él, Pedro, trabaja para el Ifop. Vimos "Tolerancia Cero" y me fui a dormir. En la mañana me convidaron baño y desayuno y me fui. Al irme de La Pasada, uno de los bomberos del pueblo me regaló varias ciruelas para el camino.
Por la tarde (lunes 24 de enero) llegué a Los Muermos, en donde me crucé con una hermosísima morena. Compré leche y un bocadillo y seguí camino. Tipo cinco y media entré en Parga, en donde hablé con unas lolitas y niños. Ellos me recomendaron que fuera a acampar a orillas del río. Cociné unos fideos con salsa y luego me tomé un té. Levanté la carpa y me acosté casi a las 22 horas. En la noche escuché un par de disparos. Que habían sido para ahuyentar al león (puma) me dijo un niño llamado Javier a la mañana siguiente. Él me acompañó mientras levantaba el campamento. Me contó que eran 11 hermanos. Su mamá hablaba gritando y me deseó un buen viaje. Antes me visitó un hombre para decirme que ese terreno era propiedad privada y que para la próxima vez tenía que pedir permiso en la casa grande y destartalada.
A la hora de almuerzo pasé por Fresia, en donde comí algo y proseguí. Tipo tres de la tarde aparecí en el fundo Casa Quemada, en donde me recibieron Sergio y Dorian. Más tarde llegó Harriet, que andaba en Frutillar organizando las Semanas Musicales. Hoy (miércoles 26 de enero) paseamos en una carreta tirada por un percherón de 915 kg. Las vacas comen nabos. En el predio hay tres empleados y en la casa una señora. Ella tiene una hija de 18 años llamada Gloria, que es mamá de una guagua de dos meses.
Sergio me llevó a recorrer la plantación de nabos y de pasto para las 70 vacas. Le tomé fotos a un carro tirado por un caballo percherón de 915 kg.
Hoy (27/01/05) fuimos a Tegualda con el operario del tractor, a soldar el tubo de escape y a parchar un neumático. La vulcanización es atendida por una mujer. Conversé con un niño que comía maquis.
El tercer día comenzó a llover, por lo que tuve que suspender mi partida. En la tarde llegó una sobrina de Sergio, con su hijo, su marido y la cuñada (Loreto). Ellos viven en Lolol, cerca de Santa Cruz, en la Sexta Región. Él trabaja en el hospital, es médico y me revisó la garganta. Me dijo que era de causa viral. Su hermana vive en Los Andes y es Educadora de Párvulos. Conversamos hasta tarde sobre las experiencias de mochileo. Dorian se fue ese viernes a Santiago, como a las 16 horas, y le dí los teléfonos de Ezio, para que lo asesore en la construcción de su casa en Colina.
El sábado 29 partí de Tegualda como a las 10:40 h. Pasado el mediodía, me detuve en Crucero, para tomar jugo y comer un snack mix. En el camino de ripio, se cortó un rayo de la rueda trasera. Un poco antes de llegar a Riachuelo, en una bajada, se rompió la cuveta de la masa trasera, la que va por el lado del piñón. Como en esa localidad no había repuesto, tuve que caminar tres horas hasta Río Negro. En el trayecto hubo un momento en que cayeron granizos. Llegué pasadas las cinco y al preguntar por el maestro Molina, un temporero llamado Armando Reyes me acompañó hasta el taller. Allí un viejo cambió la cuveta por la de una masa antigua. Trabajó como una hora y sólo me quería cobrar $300 por el repuesto. Además me entregó un rayo nuevo. Yo le pagué $2.000. Por su ayuda, a Armando le pasé $500, y él me pidió un teléfono de Santiago.
De ahí pedaleé hasta la carretera y luego hacia Osorno, en donde llegué tipo 21:45 h. En Río Negro había telefoneado a Omar, quien me señaló que me podía alojar en casa de su hermano Enrique. En Osorno me pasó a buscar el tío de Omar y como el hermano no estaba en la ciudad, me llevó a dormir a su depto. Él es cura, capellán de Carabineros, y vive con una mujer joven que parece monja. Al otro día (domingo) durante la mañana me dediqué a cambiar el rayo y al almuerzo comimos un asado, con papas y ensaladas. Inicié el viaje como a las 16:30 h. Salí a la carretera y me dirigí hacia el norte, entré a La Unión, en cuyo centro compré jugos y galletas. Al buscar el camino hacia Valdivia, conversé con una pareja que estaba en una casa en construcción. Ellos me advirtieron que el camino que buscaba era de tierra y muy complicado, por lo que me fui hacia la carretera. Pasado el peaje, paré en la garita a orillas de la berma, siendo más de las diez de la noche. Ahí pernocté, cubierto con el cobertor de la carpa. No pasé frío, pero fue muy incómodo, por la banca de fierro y el ruido-temblor producido por los buses y camiones. Además tuve pesadillas sobre personas que me iban a molestar.
En la mañana del lunes 31 de enero, reinicié la marcha, hacia Valdivia. Después del cruce a Corral se me pinchó el neumático trasero. Arribé tipo tres de la tarde a Valdivia, en donde tuve que esperar hasta las 22:30 h. a que llegara César.
En Valdivia me quedé hasta el viernes en la mañana. El miércoles me dediqué a descansar y el jueves a mediodía me fui a Los Molinos.
Irma estaba trabajando y sólo me encontré con ella como a las 18:30 h. Estuvimos con Melany en la playa hasta el anochecer. Irma me encaminó hacia Niebla y nos metimos detrás de unos arbustos. No se veía casi nada y fue bastante incómodo...
El jueves (3 de febrero) me junté con Irma a las 15:30 h. en un parque ubicado en la isla Teja. Allí me contó su experiencia de haber sido acosada por una lesbiana cuando estaba en tercero medio. Ese día en la noche llegó Pamela a casa de Andrea; me gustó mucho verla. También conocí a Claudia, la "nueva amiga" de Andrea, una morena atractiva que está casada con un socio de César.
El viernes me fui por San José de la Mariquina hacia Mehuín. De ahí transité por unas cuestas de ripio y tierra hasta la playa de Cheuque, que está antes de llegar a la caleta Queule. Coloqué la carpa sobre una pequeña duna. Había mucha gente, tanto en los camping como fuera de ellos. Desde que arribé hasta irme al otro día estuvo cubierto por una espesa niebla. El sábado entré a Queule y la señora que atendía la Copec me regaló un par de folletos turísticos. El camino de ripio siguió hasta unos 18 km antes de llegar a Nueva Toltén. Allí me abastecí de agua y fui a defecar en un servicentro. El bombero me recomendó que me fuera por el camino a Puerto Domínguez, para conocer el lago Budi. Proseguí el trayecto y pasado Hualpín, donde comenzaba la ruta hacia el lago Budi, me topé con una pareja de ciclistas -Sofía y Enrique (o Eugenio)- que venían juntos desde Puerto Saavedra. Él había partido de Santiago y se había venido por la costa. Ambos pretenden llegar a Quellón.
Seguí el viaje por un camino de ripio y 5 km antes de Puerto Domínguez, un grupo de lugareños en camioneta me llevó hasta el pueblo. Me fui junto a un cordero, que iba amarrado. Los hombres me dejaron a la entrada de la playa. Acampé junto a unos mochileros -dos hombres y una muchacha- que eran de Melipilla. Compartimos una fogata y un vino tinto. De noche, se desató una tormenta de relámpagos y truenos, acompañada con chubascos. Era maravilloso cómo se iluminaba todo el lago con los relámpagos. La mañana del domingo estaba nublado y con llovizna. Pasadas las 11 horas reinicié el viaje. Tipo dos de la tarde llegué a Carahue, en donde un bombero me informó que Ricardo vive en Viña o Valpo. A las 17 horas arribé a Nueva Imperial, y telefoneé a Pamela. Seguí camino a Temuco, en donde llegué un poco antes de las 20 horas. Me dí una vuelta por el centro y esperé a la Pame en la entrada del Unimarc, en donde apareció como a las 21:30 horas.
Esa noche apareció el "amante" de Pame, un tipo de 29 años llamado Eduardo. Él tiene una hija pequeña y aún tiene relaciones con la mamá de ésta. Participa en una ONG que está haciendo un libro sobre las disputas judiciales entre los Mapuche y el Estado chileno.
Al saber que yo me quedaría a dormir, se mostró contrariado se marchó. Al día siguiente y durante los tres que permanecí allí, me dediqué a preparar el almuerzo, descansar, conversar con Pame, leer...
La segunda noche conversamos mucho y entre otras cosas, sobre dormir con amigos. Yo me acosté a leer y Pame, que estaba en su pieza, me gritó: "si no te molesta, mañana me gustaría dormir contigo", a lo que yo respondí: "ya". Desde ese momento la posibilidad que se abría me quitó el sueño. Como a las tres de la mañana, Eduardo saltó la reja y golpeó fuertemente la puerta. Pame no mostró interés al abrirle, pero al cabo de una conversación, se comenzaron a escuchar gemidos propios de un acto sexual.
Esa noche tuve insomnio. Al día siguiente, fuimos en bici con Pame hasta el cerro Ñielol. El recorrido lo hicimos a pie, descansamos un rato en el pasto y nos tomamos una foto en el mirador. De regreso, tomamos once y nos duchamos. Cada uno se arregló y fuimos al Unimarc a comprar unos vinos. Después llegaron una amiga con un tipo en bicicleta, quienes aportaron una caja de vino tinto. Al rato llegó Eduardo, con una caja de bombones helados; conversamos un rato hasta que Pame se fue a dormir. Eduardo dijo que se iba pero finalmente entró a la pieza de ella; al cabo de un momento se escucharon gemidos de sexo. El día siguiente Pame bromeó con que Eduardo nos había echado a perder la velada. Esa noche también dormí mal y decidí que hablaría con Pame sobre su propuesta de dormir juntos. Ella regresó como a las 14 h., almorzamos y le conté que tenía un tema para la sobremesa. Cuando llegó el momento, me di muchos rodeos pero finalmente le pregunté sobre su propuesta de dormir juntos. Ella contestó que sólo era eso –literalmente- y que nunca había pensado en sexo. Me dijo que yo no le era indiferente, pero que me encontraba demasiado grande para ella. Yo le expliqué que a mí ella me gusta, como persona y como mujer y que no quería aparecer como quedado. Ella replicó que si hubiese deseado algo habría tomado la iniciativa. Yo le di a entender que estaría gustoso de tener algo con ella. La conversa terminó y cada uno se fue a su pieza a dormir la siesta. Al rato, ella subió corriendo, se acostó a mi lado y me preguntó qué me pasaba; le respondí que trataba de dormir pero que hacía mucho calor. Le propuse que fuéramos a su pieza, que era más fresca y me comprometí a no tirar las manos. Dormimos un rato juntos; a mí se me pasó mi dolor de cabeza. Ella despertó y luego de un momento comenzó a besarme deliciosamente... Se dio media vuelta y buscó quedarse dormida. Cuando despertó estuvimos un rato abrazados y después ella se levantó para ducharse. Luego yo también me bañé con agua helada (Ese día hicieron 38 grados). Más tarde tomamos once y ella expresó su jocosidad por el “cuasi sexo” que habíamos tenido. Me explicó que ella tomó la iniciativa no sólo por curiosidad sino porque igual yo le atraigo un poco, pero que me halla demasiado alto para ella. Esa noche ella se acostó temprano a dormir. Dijo que yo debía ser un buen conviviente, pues realizaba todas las labores domésticas. Bromeamos con que yo aprendería masajes para la próxima vez que nos viéramos. Al otro día, después del desayuno, nos despedimos con un largo abrazo y ella me besó en la boca...
Salí de Quellón el domingo 16 de enero de 2005. La primera noche acampé en una playa de Chonchi, a un costado de la capitanía de puerto. Al día siguiente me topé con un par de franceses que venían de Dalcahue e iban a Puerto Montt. De ahí tomarían un bus hasta Punta Arenas, para pedalear por la Patagonia. Esa noche acampé en Chepu, a orillas del río Ahuanhuy (o algo así).
Estaba muy fatigado y con deseos de abortar el viaje. Habían sido unos 180 km en dos días, con poco descanso y mala alimentación.El martes arribé a Ancud a las 17:30 horas, y en la Costanera me encontré con Pato. Él me consiguió alojamiento con Claudio y Karen.
Ayer (miércoles 19 de enero) fui en la bici a casa de Marella, quien me convidó ducha y almuerzo. Conocí a su hija -Ela-, de siete años, que me regaló una agenda hecha por ella.

El jueves me junté con Marcela, quien está emparejada con un tipo que es chef, de 32 años, que estudió en el Inacap de Santiago. Conversamos bastante, comimos empanadas de mariscos y la acompañé a su casa. Mientras esperaba a Marcela me abordaron dos hermosas gitanas jóvenes, que dijeron que yo parecía un paisano o árabe.
El viernes en la mañana ayudé a realizar la mudanza de Karen y Claudio. A partir de las cuatro de la tarde organizamos el curanto, para lo que compramos mariscos, papas, pollo, chancho ahumado, pan, harina, verduras y vino. Se sumaron una pareja de artesanos: Danisa y Jorge, que estudian pedagogía en Calama (ella es de Linares y él de Rancagua). Más tarde aparecieron Pato y Dámaris con Martina.
Yo pretendía irme a la mañana siguiente, pero como el día estaba con lluvias intermitentes, lo postergué para el domingo. Aproveché para limpiar y ajustar la bici.
Coincidencia: Karen es hija de una señora que vive en el Cajón del Maipo, que acogió por un tiempo a Pedro Matamala, al que llamaban "el angelito".

El domingo 23 de enero retomé el pedaleo y al salir de Ancud me agarró una lluvia que me hizo pensar en tomar un bus hasta Valdivia. Llamé por teléfono a Andrea y andaba en Buin. Por lo tanto, decidí continuar el viaje en bici.
Arribé a Maullín y crucé a La Pasada, en donde acampé en el patio del cuerpo de bomberos. Al anochecer se acercó una pareja que vive al frente, los cuales se ofrecieron a secarme la ropa mojada y a darme once. Ella se llama Patricia y es parvularia y él, Pedro, trabaja para el Ifop. Vimos "Tolerancia Cero" y me fui a dormir. En la mañana me convidaron baño y desayuno y me fui. Al irme de La Pasada, uno de los bomberos del pueblo me regaló varias ciruelas para el camino.
Por la tarde (lunes 24 de enero) llegué a Los Muermos, en donde me crucé con una hermosísima morena. Compré leche y un bocadillo y seguí camino. Tipo cinco y media entré en Parga, en donde hablé con unas lolitas y niños. Ellos me recomendaron que fuera a acampar a orillas del río. Cociné unos fideos con salsa y luego me tomé un té. Levanté la carpa y me acosté casi a las 22 horas. En la noche escuché un par de disparos. Que habían sido para ahuyentar al león (puma) me dijo un niño llamado Javier a la mañana siguiente. Él me acompañó mientras levantaba el campamento. Me contó que eran 11 hermanos. Su mamá hablaba gritando y me deseó un buen viaje. Antes me visitó un hombre para decirme que ese terreno era propiedad privada y que para la próxima vez tenía que pedir permiso en la casa grande y destartalada.A la hora de almuerzo pasé por Fresia, en donde comí algo y proseguí. Tipo tres de la tarde aparecí en el fundo Casa Quemada, en donde me recibieron Sergio y Dorian. Más tarde llegó Harriet, que andaba en Frutillar organizando las Semanas Musicales. Hoy (miércoles 26 de enero) paseamos en una carreta tirada por un percherón de 915 kg. Las vacas comen nabos. En el predio hay tres empleados y en la casa una señora. Ella tiene una hija de 18 años llamada Gloria, que es mamá de una guagua de dos meses.
Sergio me llevó a recorrer la plantación de nabos y de pasto para las 70 vacas. Le tomé fotos a un carro tirado por un caballo percherón de 915 kg.
Hoy (27/01/05) fuimos a Tegualda con el operario del tractor, a soldar el tubo de escape y a parchar un neumático. La vulcanización es atendida por una mujer. Conversé con un niño que comía maquis.
El tercer día comenzó a llover, por lo que tuve que suspender mi partida. En la tarde llegó una sobrina de Sergio, con su hijo, su marido y la cuñada (Loreto). Ellos viven en Lolol, cerca de Santa Cruz, en la Sexta Región. Él trabaja en el hospital, es médico y me revisó la garganta. Me dijo que era de causa viral. Su hermana vive en Los Andes y es Educadora de Párvulos. Conversamos hasta tarde sobre las experiencias de mochileo. Dorian se fue ese viernes a Santiago, como a las 16 horas, y le dí los teléfonos de Ezio, para que lo asesore en la construcción de su casa en Colina.El sábado 29 partí de Tegualda como a las 10:40 h. Pasado el mediodía, me detuve en Crucero, para tomar jugo y comer un snack mix. En el camino de ripio, se cortó un rayo de la rueda trasera. Un poco antes de llegar a Riachuelo, en una bajada, se rompió la cuveta de la masa trasera, la que va por el lado del piñón. Como en esa localidad no había repuesto, tuve que caminar tres horas hasta Río Negro. En el trayecto hubo un momento en que cayeron granizos. Llegué pasadas las cinco y al preguntar por el maestro Molina, un temporero llamado Armando Reyes me acompañó hasta el taller. Allí un viejo cambió la cuveta por la de una masa antigua. Trabajó como una hora y sólo me quería cobrar $300 por el repuesto. Además me entregó un rayo nuevo. Yo le pagué $2.000. Por su ayuda, a Armando le pasé $500, y él me pidió un teléfono de Santiago.
De ahí pedaleé hasta la carretera y luego hacia Osorno, en donde llegué tipo 21:45 h. En Río Negro había telefoneado a Omar, quien me señaló que me podía alojar en casa de su hermano Enrique. En Osorno me pasó a buscar el tío de Omar y como el hermano no estaba en la ciudad, me llevó a dormir a su depto. Él es cura, capellán de Carabineros, y vive con una mujer joven que parece monja. Al otro día (domingo) durante la mañana me dediqué a cambiar el rayo y al almuerzo comimos un asado, con papas y ensaladas. Inicié el viaje como a las 16:30 h. Salí a la carretera y me dirigí hacia el norte, entré a La Unión, en cuyo centro compré jugos y galletas. Al buscar el camino hacia Valdivia, conversé con una pareja que estaba en una casa en construcción. Ellos me advirtieron que el camino que buscaba era de tierra y muy complicado, por lo que me fui hacia la carretera. Pasado el peaje, paré en la garita a orillas de la berma, siendo más de las diez de la noche. Ahí pernocté, cubierto con el cobertor de la carpa. No pasé frío, pero fue muy incómodo, por la banca de fierro y el ruido-temblor producido por los buses y camiones. Además tuve pesadillas sobre personas que me iban a molestar.
En la mañana del lunes 31 de enero, reinicié la marcha, hacia Valdivia. Después del cruce a Corral se me pinchó el neumático trasero. Arribé tipo tres de la tarde a Valdivia, en donde tuve que esperar hasta las 22:30 h. a que llegara César.En Valdivia me quedé hasta el viernes en la mañana. El miércoles me dediqué a descansar y el jueves a mediodía me fui a Los Molinos.
Irma estaba trabajando y sólo me encontré con ella como a las 18:30 h. Estuvimos con Melany en la playa hasta el anochecer. Irma me encaminó hacia Niebla y nos metimos detrás de unos arbustos. No se veía casi nada y fue bastante incómodo...El jueves (3 de febrero) me junté con Irma a las 15:30 h. en un parque ubicado en la isla Teja. Allí me contó su experiencia de haber sido acosada por una lesbiana cuando estaba en tercero medio. Ese día en la noche llegó Pamela a casa de Andrea; me gustó mucho verla. También conocí a Claudia, la "nueva amiga" de Andrea, una morena atractiva que está casada con un socio de César.
El viernes me fui por San José de la Mariquina hacia Mehuín. De ahí transité por unas cuestas de ripio y tierra hasta la playa de Cheuque, que está antes de llegar a la caleta Queule. Coloqué la carpa sobre una pequeña duna. Había mucha gente, tanto en los camping como fuera de ellos. Desde que arribé hasta irme al otro día estuvo cubierto por una espesa niebla. El sábado entré a Queule y la señora que atendía la Copec me regaló un par de folletos turísticos. El camino de ripio siguió hasta unos 18 km antes de llegar a Nueva Toltén. Allí me abastecí de agua y fui a defecar en un servicentro. El bombero me recomendó que me fuera por el camino a Puerto Domínguez, para conocer el lago Budi. Proseguí el trayecto y pasado Hualpín, donde comenzaba la ruta hacia el lago Budi, me topé con una pareja de ciclistas -Sofía y Enrique (o Eugenio)- que venían juntos desde Puerto Saavedra. Él había partido de Santiago y se había venido por la costa. Ambos pretenden llegar a Quellón.
Seguí el viaje por un camino de ripio y 5 km antes de Puerto Domínguez, un grupo de lugareños en camioneta me llevó hasta el pueblo. Me fui junto a un cordero, que iba amarrado. Los hombres me dejaron a la entrada de la playa. Acampé junto a unos mochileros -dos hombres y una muchacha- que eran de Melipilla. Compartimos una fogata y un vino tinto. De noche, se desató una tormenta de relámpagos y truenos, acompañada con chubascos. Era maravilloso cómo se iluminaba todo el lago con los relámpagos. La mañana del domingo estaba nublado y con llovizna. Pasadas las 11 horas reinicié el viaje. Tipo dos de la tarde llegué a Carahue, en donde un bombero me informó que Ricardo vive en Viña o Valpo. A las 17 horas arribé a Nueva Imperial, y telefoneé a Pamela. Seguí camino a Temuco, en donde llegué un poco antes de las 20 horas. Me dí una vuelta por el centro y esperé a la Pame en la entrada del Unimarc, en donde apareció como a las 21:30 horas.Esa noche apareció el "amante" de Pame, un tipo de 29 años llamado Eduardo. Él tiene una hija pequeña y aún tiene relaciones con la mamá de ésta. Participa en una ONG que está haciendo un libro sobre las disputas judiciales entre los Mapuche y el Estado chileno.
Al saber que yo me quedaría a dormir, se mostró contrariado se marchó. Al día siguiente y durante los tres que permanecí allí, me dediqué a preparar el almuerzo, descansar, conversar con Pame, leer...
La segunda noche conversamos mucho y entre otras cosas, sobre dormir con amigos. Yo me acosté a leer y Pame, que estaba en su pieza, me gritó: "si no te molesta, mañana me gustaría dormir contigo", a lo que yo respondí: "ya". Desde ese momento la posibilidad que se abría me quitó el sueño. Como a las tres de la mañana, Eduardo saltó la reja y golpeó fuertemente la puerta. Pame no mostró interés al abrirle, pero al cabo de una conversación, se comenzaron a escuchar gemidos propios de un acto sexual.
Esa noche tuve insomnio. Al día siguiente, fuimos en bici con Pame hasta el cerro Ñielol. El recorrido lo hicimos a pie, descansamos un rato en el pasto y nos tomamos una foto en el mirador. De regreso, tomamos once y nos duchamos. Cada uno se arregló y fuimos al Unimarc a comprar unos vinos. Después llegaron una amiga con un tipo en bicicleta, quienes aportaron una caja de vino tinto. Al rato llegó Eduardo, con una caja de bombones helados; conversamos un rato hasta que Pame se fue a dormir. Eduardo dijo que se iba pero finalmente entró a la pieza de ella; al cabo de un momento se escucharon gemidos de sexo. El día siguiente Pame bromeó con que Eduardo nos había echado a perder la velada. Esa noche también dormí mal y decidí que hablaría con Pame sobre su propuesta de dormir juntos. Ella regresó como a las 14 h., almorzamos y le conté que tenía un tema para la sobremesa. Cuando llegó el momento, me di muchos rodeos pero finalmente le pregunté sobre su propuesta de dormir juntos. Ella contestó que sólo era eso –literalmente- y que nunca había pensado en sexo. Me dijo que yo no le era indiferente, pero que me encontraba demasiado grande para ella. Yo le expliqué que a mí ella me gusta, como persona y como mujer y que no quería aparecer como quedado. Ella replicó que si hubiese deseado algo habría tomado la iniciativa. Yo le di a entender que estaría gustoso de tener algo con ella. La conversa terminó y cada uno se fue a su pieza a dormir la siesta. Al rato, ella subió corriendo, se acostó a mi lado y me preguntó qué me pasaba; le respondí que trataba de dormir pero que hacía mucho calor. Le propuse que fuéramos a su pieza, que era más fresca y me comprometí a no tirar las manos. Dormimos un rato juntos; a mí se me pasó mi dolor de cabeza. Ella despertó y luego de un momento comenzó a besarme deliciosamente... Se dio media vuelta y buscó quedarse dormida. Cuando despertó estuvimos un rato abrazados y después ella se levantó para ducharse. Luego yo también me bañé con agua helada (Ese día hicieron 38 grados). Más tarde tomamos once y ella expresó su jocosidad por el “cuasi sexo” que habíamos tenido. Me explicó que ella tomó la iniciativa no sólo por curiosidad sino porque igual yo le atraigo un poco, pero que me halla demasiado alto para ella. Esa noche ella se acostó temprano a dormir. Dijo que yo debía ser un buen conviviente, pues realizaba todas las labores domésticas. Bromeamos con que yo aprendería masajes para la próxima vez que nos viéramos. Al otro día, después del desayuno, nos despedimos con un largo abrazo y ella me besó en la boca... 

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