domingo, agosto 31, 2003

1.8 De Huasco a Carrizalillo

Apenas estuve en el puerto de Huasco, me puse a telefonear al Fito, que no pude ubicar. Me compré cosas para comer, un par de empanadas de queso (dialogué un poco con el vendedor, quien me preguntó si estaba cumpliendo una manda). Como quería cambiarme la ropa, pues se me estaba enfriando la transpiración, me fui a la costanera, que está abajo, al lado de la playa chica. En frente hay un bosque, con juegos y sitios para picnic. Mientras estaba allá, desde el norte venía caminando una mujer, con un rollo de papel kraft en las manos y con pinta medio artesa. Al pasar a mi lado nos saludamos, y comenzamos a conversar. Señaló que no parezco periodista, sino una especie de peregrino. Me invitó a tomar once a casa de sus padres, y la acompañé a comprar a la panadería. La casa está en una esquina, y tiene remolinos y una bandera que dice Paz. El jardín está lleno de plantas y el interior contiene colecciones de artefactos de la época de los Changos. Ella vive con su hijo Sebastián, de 10 años, con sus padres, su hermano Lorenzo y una hermana que tiene dos niñas. Durante la once me interrogaron y les conté un poco las historias de mi familia. En la noche acompañé a Pilar a llamar por teléfono, y, después, a conocer un mosaico que hizo en el patio principal de la parroquia. Luego me llevó a conversar con el párroco, un sacerdote español que tiene su casa al lado de la iglesia. Nos convidó un pajarete tinto que estaba muy rico, y hablamos acerca de mi proyecto. Al plantearle mis ideas sobre nomadismo y la vida del cazador-recolector, afirmó que yo ponía en duda la evolución. Nos contó el caso de una señora trabajadora a la que se le suicidó un hijo de treintitantos años, y que su otro hijo de 17, estaba metido en la droga y era bebedor excesivo de copete. De regreso en su casa, estuvimos conversando en la cocina, mientras su mamá cocía unos vestidos para un grupo de baile. Esa noche Pilar me prestó un librito sobro Gaudí, del cual leí su biografía. A la mañana siguiente continuamos conversando, mientras tomamos desayuno y después. Me contó sobre la muerte de su marido; hace cuatro años, en un accidente automovilístico. Cuando viajaban a grabar la puesta en marcha de un observatorio en el norte grande, para el programa de periodismo científico, conducido por Eric Goles, el chofer se quedó dormido por la puna. Poco antes su marido se había sacado el cinturón de seguridad para jugar en un computador portátil. La camioneta se volcó y él se salió del vehículo, el cual le cayó encima; se paró y preguntó si los demás estaban bien. Luego se desmayó y murió cuando lo llevaban al hospital. Tenía poco más de 30 años y se desempeñaba como sonidista en una productora. Allí mismo trabajaba Paula Leighton, hermana gemela de Alejandra. Caminamos hasta la plaza de Huasco, en donde ella tomó un colectivo para ir a Vallenar. Me mostró un pequeño parque que había construido su papá con material de desecho. Crearon una junta de vecinos y ganaron un proyecto Fondart para ampliar el parque, que está en terrenos públicos. Pilar me agradeció que me quedara en su casa, pues nuestra conversación dijo que le había hecho muy bien.
Tomé rumbo a Vallenar y pasé a comprar un kilo de aceitunas por $ 500. Me atendió una señora muy amable, con la que conversamos un ratito. Me recomendó que alojara en el hospedaje del Hogar de Cristo, porque es bueno, y que descartara la ribera del río, pues acampaban muchos "patos malos". Al pasar por Freirina, me saludaron unos tipos que después me adelantaron en un camión. El valle de Huasco es muy bonito y se me hizo agradable recorrerlo. Almorcé en una parada de buses y al pasar un tren que venía de Vallenar, el chofer de la locomotora me saludó con la mano. Llevaba unos 30 carros llenos de algo parecido a cenizas. Una vez en Vallenar, luego de recorrer el centro me fui a telefonear a un Centro de Llamados. Allí me puse a conversar con Ricardo, un tipo de unos cuarenta y tantos años, dueño del local junto a su esposa Danitza. Cuando ella llegó, y mi contacto con el Fito había fracasado, ellos me invitaron a colocar la carpa en el patio de su casa, que quedaba saliendo de la ciudad, hacia el interior.

23/08/03 (20:58)
En la casa de Ricardo y Danitza me invitaron a tomar once y luego a cenar. En el intertanto apareció un amigo de ellos, Carlos, que era bastante simpático. Los tres se veían como unos seis años mayores que yo, y salieron al patio a fumar marihuana. La pareja tiene una hija de 17 años, que va en Cuarto Medio y que se tuvo que cambiar de colegio porque usaba muy corto el jumper. Danitza me pareció muy dominante, y decía que deseaba que los militares volvieran a gobernar (¡!). Se quejó de los funcionarios de Indap, que los están tramitando para un crédito. Quieren hacer una plantación y construirse una casa en el terreno que heredará Ricardo. Aclararon que el centro de llamados no es un buen negocio, y que les gustaría poner un servicentro con restaurante. Indicaron que ellos no acostumbran a recibir a desconocidos, pero conmigo había hecho una excepción. Además, para ella una señal importante era la conducta de los dos perros, los cuales tuvieron muy buena onda conmigo. Vimos el programa Contacto en la TV, y salimos a armar mi carpa como a medianoche. Carlos me contó que una vez había llegado un tipo en bicicleta sin cambios, y que arrastraba un pesado carro de madera. Venía de San Antonio y estaba cumpliendo una manda.
Al otro día, armé mis cosas y bajé a Vallenar. Fui a despedirme de Danitza y Ricardo, y a intercambiar teléfonos y e-mails. Luego me dirigí a la plaza de Vallenar, pues habíamos quedado de juntarnos a mediodía con Pilar. Coincidió con un acto de la CUT provincial, con motivo del Paro Nacional (13 de agosto). Un par de muchachos que andaba en esas bicicletas para acrobacias urbanas, me interrogaron que de dónde venía, etc. Otros niños me habían preguntado, por el hecho de andar solo, si yo era "choro". En el discurso de uno de los oradores, me llamó la atención que se refiriera al trabajo de acarrear piedras como "indigno para mujeres". Una muestra más del machismo chilensis. Esperé a Pilar hasta como las tres de la tarde, y me fui hacia la Panamericana. Cuando comenzaba a subir la cuesta que está al sur del cruce, decidí llamar por teléfono a la casa de Pilar. Me contestó su hijo, el que me explicó que su mamá había salido temprano hacia Vallenar. Opté por regresar a Vallenar, con la esperanza de encontrarla. Para aprovechar la espera, me puse a escribir en una banca con mosaicos que hay en la avenida principal (Prat). También fui a recorrer el parque ribereño y un jardinero me recomendó ir al Hogar de Cristo. Tomé rumbo a Quintavalle, pasé un supermercado y al llegar a una plaza, vi el letrero de hospedaje. Un viejo salió a abrir la reja, que estaba con llave, y me dijo que no se podía entrar con vehículo. Igual me hizo pasar y me llevó a un gran comedor en donde me pasó un libro de inscripción y me quitó el carné de identidad. Le pasé los $ 100, y me sirvió un té con un pan con margarina. En ese momento había una pareja de carabineros tomando once, y una pareja de temporeros sentados en la otra mesa. El paco me preguntó mi situación y la paca me miraba de arriba abajo. El ambiente era tenso y las otras personas no hablaban. Al rato arribó un muchacho, con el cual fuimos a las duchas. Él consiguió prender el calefont y un poco de shampoo. Su nombre es Ariel y tiene 23 años. Venía de Valparaíso y se dirigía a Calama. Se dedicaba a ser mimo y estatua en las calles. Tiene un hijo de siete años, y se separó de su mamá hace un año. Empezó a andar con ella cuando él tenía 15 años y ella contaba con 21. Ambos mintieron en sus edades. Se había marchado sin contarle a nadie y había viajado a dedo. Tuvimos bastante afinidad, pero nos tocó pieza distinta, por lo que no pudimos seguir conversando. Él se preocupó de que guardara mi bici en el comedor, pues quedaba cerrado con llave, y por la mañana, de que no se me olvidara recuperar mi cédula de identidad.
Me tocó una pieza con otros dos compadres.

24/08/03 (20:55)
El que estaba más cerca era un tipo de unos 32 años, alto, con barba y pelo castaño claro. Es oriundo de Arica y su profesión es Técnico en Comercio Exterior. Trabajó por varios años en la embotelladora de Coca-Cola en ese ciudad, y tiene un hijo de tres años. Producto de la cesantía y de un "problema personal", se fue a Santiago en busca de trabajo. Allá no encontró pega y le robaron el bolso con toda su ropa. Decidió regresar al norte, y algunas personas le regalaron ropa y zapatos viejos. Hizo dedo pero llegó sólo a La Serena. De ahí caminó hasta llegar casi a Domeyko, en donde lo llevaron a Vallenar. El otro tipo también es alto, pero más moreno. Su nombre es José Antonio y nació en la zona de Rancagua. Estudió Técnico Agrícola y luego entró a un seminario para ser cura. Allí estuvo seis años, pero se retiró antes de consagrarse como sacerdote. Dijo que era como vivir internado en un regimiento, y que estudiaban muchísimo. Tiene como 43 años y su pareja, que vive en una zona rural cerca de Curicó, está embarazada. Llegó a Vallenar para ir a buscar trabajo en unas plantaciones que están hacia la cordillera, en la cual existe un campamento. Espera trabajar hasta octubre, y regresar a Curicó, para plantar frambuesas. Se llevó al tipo de Arica para que ganara algunas monedas y pudiera seguir su retorno. José Antonio me relató la historia de su relación amorosa más significativa, que fue con una santiaguina que vivía en San Francisco, casi al llegar a Franklin. Era una muchacha que trabajaba como secretaria en una notaría, y que vivía con sus padres. Cuando a su papá le dio Alzaimer, la madre la presionó para que terminara con el "cura", como le llamaban. Estuvieron separados como siete meses, y después volvieron por un tiempo, hasta terminar más tarde definitivamente.
Me explicó que el trabajo agrícola era fácil de aprender, y que se podía recorrer el país trabajando de temporero. Quedé de pasar en el verano por su tierra, para que me enseñara algunas cosas. Me escribió una carta muy cariñosa y nos tomamos unas fotos. Me confidenció que su sueño era viajar a conocer España, en donde vive un hermano que es arquitecto.
Nos despedimos con los muchachos y me fui a la plaza de Vallenar para limpiar y ajustar la bicicleta. Como a las 13 horas, inicié el recorrido hacia Domeyko, y cuando iba subiendo la cuesta por la que se sale de la ciudad hacia el oeste, me llamó Ariel desde la otra orilla del río. Me gritó que si me marchaba y, al responderle afirmativamente, me deseó suerte. En la ruta hacia Domeyko se veían muchas majadas a las orillas de la carretera.
Como a las 18 horas, llegué a Domeyko y tomé el empalme hacia Carrizalillo. Avancé hasta el kilómetro 7 y acampé detrás de unas dunas, en plena pampa. Esa fue mi tercera acampada no costera. Al otro día, continué por el camino de tierra que seguía por una quebrada. Como se echó a perder el cambio de piñones, tuve que fijarlo en el cuarto y sólo variar los platos. El paisaje era bello, y me detuve a almorzar delante de una cuesta. Hice una fogata y cociné unos fideos de tres minutos. Al poco rato de reiniciar la marcha, y cuando me restaban unos 25 km para llegar a Carrizalillo, se detuvo una camioneta con cuatro jóvenes, dos de los cuales iban muy curados. Subimos la bicicleta atrás, y al partir se me cayó la polera; regresamos a buscarla y seguimos. Iban muy rápido y temí por mi integridad física. Aparecer en Carrizalillo era como entrar en un oásis. Me ayudaron a bajar la bicicleta al lado de una cancha de fútbol y me explicaron cómo llegar a Punta Choros. Entré en un boliche a comprar pan y chocolate, y me convidaron agua potable. La niña que atendía estaba con su guagua, y me indicó que debía ir a la playa para hallar el camino hacia Punta Choros. Antes de iniciar el recorrido, le pregunté a un caballero que arreglaba una pequeña casa nueva, y que tenía su taxi estacionado. Proseguí el viaje y llegué a la bahía o caleta Carrizalillo; como la vi muy agradable, decidí entrar para conversar con algunos lugareños. Era el 15 de agosto.

27/08/03

Conocí a unos niños de la familia Mamani, y ellos me presentaron a Alberto, un muchacho que andaba en una camioneta. Estudia agronomía en la U de La Serena, y vive en la villa La Compañía. Su padre es comerciante de productos marinos. Los acompañé a la playa y sobre una roca faenaron un conejo que habían cazado la noche anterior. Luego me sugirieron que pusiera la carpa en una terraza de cemento de una casa que sólo alberga gente en verano. Instalé mis cosas y me puse a arreglar la piola de los cambios. Hubo varios niños y niñas que observaron la operación. Después de oscurecer fui a ver cómo subían un bote a la playa, el cual venía con redes y algunos pescados. Más tarde fui a la casa de los niños a buscar agua caliente, y conocí a uno de los hijos mayores, el cual está casado con una lola bien bonita. El cabro es buzo y me contó que trabajó un tiempo en cultivo de ostiones, cerca de bahía Salada. En la carpa me preparé una sopa, y, posteriormente, volví a la casa, pues me habían invitado a tomar cerveza. Estábamos en eso cuando apareció el "guayo", un pescador que estuvo un rato relatándome partes de su vida. Entremedio aparecían otras personas de la caleta que, por curiosidad, iban a ver quién era yo. El guayo me contó que él no hace mucho que se había hecho pescador; que antes había trabajado en Vallenar, en el negocio de las "alverjas". Me explicó que por el güiro ganaban $ 37 por kilogramo, y que para pescar usaban unas redes que colocaban por donde se supone que transitaban los peces. Las fijaban con pesos y boyas, y las dejaban unas cuantas horas, hasta que los peces se enredaran. Ahí volvían a recogerlas. Él vive en una cabaña que le pasó Ulises, el papá de los niños Mamani. A continuación, me pasé a la casa de al lado, en donde celebraban el cumpleaños (atrasado) de la dueña de casa (Carmen) y de su nieta María Inés. Ahí estaba Cristian, otro hijo de Ulises, con quien conversamos un rato. Me presentaron con los invitados y me senté entre Ulises y un tipo de pelo largo, que le decían "Nino" o algo así. Éste era un hombre como de mi edad, oriundo de esa zona, pero que se había ido por muchos años a vivir a La Serena. Trabaja con su taxi y es fanático de los vehículos a motor. Él me recomendó quedarme para ver el rodeo de los burros, que continuaría al otro día. Ulises relató el rescate del cuerpo sin vida de un joven que sacaba huiros. Cuando desapareció, llegaron los marinos, pero sólo se limitaron a mirar por las rocas y desde un bote. Ulises se metió a bucear y lo encontró enredado en unos huiros, con un cangrejo que le caminaba por la cara. Lo subieron al bote y lo llevaron a tierra. Era de una familia pobre de Vallenar. Ulises decía que había que darle la pasada a la generación más joven, ya que ellos iban en bajada. Después me enteré que tiene sólo 39 años. Se enorgullecía de haber procreado siete hijos. Tiene un jeep viejo con bramador, en el cual se ha volcado como siete veces. Al rato salimos a bailar, y Ulises demostró sus dotes danzando con varias de las presentes. Mientras, no paraba de beber copete. Pasadas las dos de la mañana, me fui a acostar. Los dueños de casa (Norton y Carmen) me dejaron invitado para que fuera a tomar desayuno.

29/08/03
(19:30)
En el desayuno me fijé más en las personas que estaban allí: habían dos hijas de Carmen y Norton. Una –Lorena- estaba con su amigo José (Pepe), y la otra –Inés-, vivía en la casa de enfrente, con su hija María Inés (de 13 años), y su marido (de 36). Éste maneja camiones gigantes en la mina de cobre La Escondida, y es chofer desde los 19 años. María Inés es morena y muy atractiva, pero es cabra chica y matea. Lorena era la que nos hacía reír a todos con sus tallas, chistes e imitaciones. Con Pepe nos hicimos amigos; él tiene 45 años y tiene una tienda de ropa en el centro de Vallenar. Le gusta el whisky, tiene algunos gestos un poco "fletos" y me dijo que ya no estaba ni ahí con las mujeres. Le gustaría tener una vida más "libre", pero me confesó que le tenía pánico a no tener seguridad monetaria. Pepe me contó que su familia integra una comunidad ecológica "San Francisco de Asís", en una playa al norte de Huasco. Otros comensales eran una señora (creo que se llamaba Marta) y una mujer joven con su hijo. Después de almuerzo fuimos a Carrizalillo en camioneta, a ver el "rodeo" de burros.
Los lugareños, a caballo, en motos, jeep y camionetas se dedican a arrear los burros que andan sueltos en los montes y las quebradas.














Los llevan hasta un corral, en donde los marcan en las orejas.






De regreso a la casa, nos topamos con una camioneta en donde venían tres o cuatro mujeres y una niña. Eran la tía de Carmen, sus primas y una sobrina. Excepto la mayor (de unos 75 años) las demás eran descendientes de un chino. Tienen una residencial en Vallenar, y el papá (chino) había sido comerciante. Una de ellas era una mujer de unos cincuentitantos años, pero que en su juventud debe haber sido bella.

31/08/03
(19:47)
Norton me preguntó si yo pertenecía a alguna filosofía; yo le respondí que a una de vida sana y natural. Él me contó que había participado en una organización suiza que se llama "Rearme moral", y que ellos preconizaban también una vida sana y simple. También me contó que era jubilado de la CMP, y que antes había producido, como por cuatro años, una Feria de talentos, artesanía, hobbys, de los empleados de la firma. La muestra fue un éxito y la llevaron a distintas ciudades. En ella expuso su poesía el papá de Pilar Triviño.
La mujer cincuentona y descendiente de chinos, cuando hubo tomado unos tragos de vino, empezó a "tirarme los cagados", y, en un momento, a modo de juego, quizo darme un beso en la boca; yo me corrí y se lo di en la mejilla.
Carmen contó la historia del "detenido desaparecido". Un tipo que para el golpe del 73 se escondió; al regresar a su casa sin aviso, encontró a su mujer acostada con un compañero de partido. Al verlos, decidió esconderse para siempre, y que su ex pareja obtuviera cualquier beneficio que le produjera ser la esposa de un detenido-desaparecido. Ahora el personaje se dedica a sacar güiros, pero vive con formas que no son comunes en esa gente: tiene pantuflas, bata, bajada de cama, libros, todo limpio, ordenado y con decoraciones, etc.
Carmen y Lorena habían participado en la campaña de Baldo Prokurica, y se identificaban con RN, pero se sentían desilusionadas, porque él nunca les devolvió la mano. También se conocen con Guido Girardi, que ha ido para allá con una hermana.
Esa noche, como a las tres de la mañana, se produjo un pelea entre el hermano de Guayo –que estaba de visita- y René, el papá de Ulises. Ambos se sacaban la madre y amenazaban con matarse. El papá de Ulises era conocido por lo sinvergüenza, y había estafado a varias personas con cheques sin fondos. A Carmen y Norton les pidió 400 mil pesos hace más de cinco años, los que nunca más se los devolvió.
Al día siguiente ordené mis cosas, preparé la bicicleta y tomé una fotografía a Norton, Carmen, Lorena y al viejo "Chancle". Éste era un maestro de la zona de unos 60 años pero que se veía mayor. Es callado, amable y servicial. Cuando limpiaba la bici se acercó y me acompañó un rato; sólo yo hacía las preguntas, más que nada sobre su familia y oficio. Me confesó que nunca le había gustado trabajar en la mar, por lo que había escogido un trabajo sobre tierra.
Norton me comentó que de todas las personas que le han sacado fotos en esa casa, nadie se las ha enviado, y que le gustaría tener una, ampliada.
Luego de despedirme, ese domingo de agosto, después de almuerzo, pedaleé hasta después de la majada, en donde tuve que seguir a pie porque había mucha arena en el camino.