1.12 De Pichidangui a Viña del Mar
12/09/03 (19:45)
En el camino hacia La Ligua hay pequeñas caletas, algunas de las cuales –extrañamente- miran hacia el sur. Luego de pasar la primera cuesta antes de Longotoma, paré a un costado porque había un señor vendiendo dulces de La Ligua. Me preguntó sobre mi viaje y me confesó que antes pensaba que a la gente le pagaban por hacer el recorrido en bicicleta. Escogí cuatro pasteles distintos y en vez de los $ 600 que salía, me cobró sólo $ 500. Más tarde, arribé al cruce hacia La Ligua y tomé la pista que lleva a Papudo. Antes de llegar a ese balneario, ya se pueden ver las lujosas construcciones que se han levantado en todo ese litoral. Anduve por Papudo, Zapallar y Cachagua, para luego enfilar hacia Maitencillo. Todo estaba muy verde y bonito, pero entre las dos primeras localidades había mal olor. Las construcciones han desbordado los límites entre las ciudades y casi no hay tramos sin viviendas.
Antes de llegar a Laguna de Zapallar me detuve a mirar la panorámica de Maitencillo hasta Horcón. Además el atardecer estaba hermoso. Hay tantas villas y condominios nuevos, que el lugar es irreconocible. Sobre Maitencillo el Marbella tiene plagado de obras. Llegué al sector La Laguna y recorrí hasta La Leche. Regresé y comencé a buscar a Matías en las cabañas Hermansen. No había nadie en ellas y estaba a punto de irme cuando entró una señora por el portón. Por suerte era la mamá de Jannette, la esposa de Matías. Encadené la bici y subí tras la señora, a la cual sus nietos le dicen "bicho". Jannette estaba sola, pintando con óleo, y, por supuesto, no se acordaba de mí. Más tarde llegaron los niños pequeños, y la hija, Millaray, que ya tiene 15 años (yo la conocí cuando estaba recién nacida, la última vez que vi a Matías). Ya de noche apareció Matías, el que tampoco me reconoció.
13/09/03 (19:00)
Traté de que se acordara de la época en que compartimos (hace unos 15 años) pero no hubo caso. De cualquier forma, el hecho de que viniera en bicicleta desde Arica le gustó mucho y, luego de tomar once, me alojó en una pieza con baño, a un costado de la entrada superior de las cabañas. Al día siguiente cayó una lluvia en Maitencillo. En la mañana, luego del desayuno, le mostré en el turistel el camino que había hecho. Después, le ayudé a su suegra a preparar el almuerzo. En ese trámite conversamos bastante. Me contó que había estado casada con un tipo que le ponía el gorro, era farrero y mitómano. Se separó y ahora está emparejada con un hombre que es cocinero en el restaurante "La canasta", que está al lado de la entrada inferior de las cabañas. Ella vive en El Belloto y antes trabajaba en un hospital. Ahora pasa de jueves a lunes en Maitencillo, y de lunes a miércoles en El Belloto. Sus otras dos hijas viven en Antofagasta y en Canadá. Ésta está casada con un musulmán, el cual es dueño de un servicentro para automóviles. Cuenta que es un tipo ambicioso y avaro. El esposo de la otra hija es un trabajador de la gran minería, en asuntos computacionales. Coincidimos en los perjuicios del machismo, y en cómo las mujeres se dejan humillar y soportan situaciones indignas por confundir el amor y el cariño con el sacrificio y la martirización; se transforman en víctimas que crean a sus propios verdugos (relaciones sado-masoquistas). Después de almuerzo acompañé a Matías y a un amigo de su club de bicicletas montañesas a marcar el recorrido del rally. Ese domingo se correría el segundo rally de bicimontañesas "Los Picunches", en una ruta de 60 km, por caminos y senderos de la comuna de Puchuncaví. Más tarde les ayudé a limpiar y pintar unos letreros. En el jeep anduvimos por lugares muy bonitos y llegamos arriba de los acantilados que se ven desde Aguas Blancas, desde donde se lanzan en parapente. En la noche bajé a conocer el local del restaurante, que también fue construido por Matías, al igual que su casa. Está hecho con troncos y raíces, y tiene escaleras cubiertas. Todos los muebles también fueron fabricados de trozos de árboles. A Matías le encargan trabajos, y tenía una cama embalada para que se la llevaran a Nueva York. Había cobrado 800 mil pesos por realizarla. Por la mañana, intercambiamos teléfonos y e-mail y nos despedimos. Jannette me explicó que por habilitar el restaurante habían quedado con una deuda de unos seis millones de pesos. Me contaron que Natalie tiene dos hijos –el mayor de ocho años- y que está casada y vive en Santiago. Se dedica a hacer clases particulares de ballet. Yo les referí mi experiencia amorosa frustrada con ella, y les recordé la época en que íbamos a bailar a la disco La Nave. Fue en esos años cuando la suegra de Matías administró ese local, y cuando él conoció a su actual esposa. Ellos se fueron a casar hace unos años a San Pedro de Atacama, en donde vive una hermana de Jeannette. La hija mayor, Millaray, también pinta, y tiene ganas de irse a estudiar a Australia.
Matías me relató las historias de otros ciclistas que habían estado alojando con ellos. Habló de un gringo que murió de un ataque al corazón cuando estaba en una excursión en una montaña nevada. Había recorrido varios países, en distintas partes del mundo, y escribió un libro que está en francés. Otro había sido un chileno, que resultó ser el que yo ví en Tocopilla, con una bici muy cargada, llena de cachureos y con banderines, uno de los cuales era de carabineros. Ese tipo se ha dado unas tres vueltas al país y lo han entrevistado para diarios y TV. Tiene unos 45 años, es delgado y moreno con el pelo negro. Hace varios años perdió a toda su familia en un accidente carretero. Como forma de sobreponerse, empezó a viajar en bicicleta, para lo cual cuenta con el apoyo de los pacos, que lo reciben en comisarías y retenes, y de la gente que en el camino le da alojamiento y comida. Se supone que tiene cualquier cantidad de historias y anécdotas, que cuenta para entretener a quienes lo acogen. Matías también se acordó de la muerte de uno de los hermanos que iban de Santiago a Maitencillo en bicicleta para las vacaciones. Hace unos 20 años, cuando regresaban, a la altura de El Melón, los arrolló un vehículo motorizado que se dio a la fuga. Uno de los hermanos –de apellido italiano- murió y el otro quedó herido.
De Maitencillo partí el sábado en la mañana, y el tramo entre Ventana y Concón estaba enormemente transitado. De hecho, ha sido uno de los trayectos en que me he sentido más amenazado por los vehículos motorizados.
19/09/03 (13:05)
Una vez en Con-Cón, subí el cerro para ir a la casa de los papás de Pepe. Como no estaban, seguí por el camino costero hacia Viña. En Reñaca compré algunas cosas para comer y conversé un rato con el vendedor. Me dijo que había sido camionero y que había viajado hacia el norte. Le asombraba que yo anduviera solo, y yo le expliqué que así podía conocer a más gente. Luego continué por la ruta hasta arribar al centro de Viña, a la calle Valparaíso. Llamé por teléfono al celular de Cristian Arenas, pero estaba fuera de servicio. Entonces telefoneé a Putaendo, y la Camila me contó que sus papás andaban en Viña, en el depto. en que viven Cristian y Angie. Llamé a Nathan a su celular y él me dio las indicaciones para encontrar los edificios. Aparecí por allá, en momentos en que estaban Mariella con su mamá, Cristian, Nathan y los niños (Diego y Javier). Me convidaron almuerzo y conversamos un buen rato. Más tarde llegó Angie y el resto se fue. Al rato llegaron unos amigos gays de Angie, y nos dirigimos a la casa de una pareja de homosexuales: Tatán y David. Allí estaban además Hernán (que trabaja en TV13) y un tipo medio transformista. Éste contó que una vez lo agarraron entre seis hombres y le sacaron la cresta, y que en una ocasión, en Iquique, un tipo lo engrupió para que se fueran a un motel, y después lo dejó botado cerca del aeropuerto, de noche. Tuvo que regresar caminando durante cuatro horas.
20/09/03 (08:50)
Otro de los jóvenes gays es Álvaro, que es muy amigo de Angie y que, según ella, posee una gran inteligencia emocional. Tatán contó su aprendizaje para confeccionar vestidos de novia, mientras varios de ellos se arreglaban con maquillajes y tomábamos un combinado.
Salimos de esa casa y nos dirigimos a tomar locomoción. En el trayecto entramos a un boliche porque Hernán quería comer un sándwich. Él trabaja en TV13, y relató experiencias de los realitis tras las cámaras. En el paradero había un grupo de muchachos punks. Tomamos un taxibus que nos llevó hacia la plaza de Viña. Arribamos a la disco gay Zeus justo cuando salía a tomar taxi un transformista con unos suecos enormes que iba a actuar a otra disco que se llama Pagano (que es como la Blondie, según Angie). Entramos al local, subimos un rato al segundo piso, y luego bajamos a la barra. Estaba repleto y el ambiente era sofocante. En ese lugar hay mucho roce, besos, caricias; se vive una atmósfera de liberación y respeto a la vez. De pronto apareció Italo Pasalacua con su pololo viñamarino, un lolo de unos 20 años, bonito, de pelo largo y cuerpo de gimnasio. En otro momento llegó una chica que se puso a conversar con Tatán; es lesbiana y pinochetista (¡!). Me saludó y cachó al vuelo que yo no soy gay, y me preguntó: ¿Tú eres hétero? Después de mi respuesta afirmativa me interrogó sobre mi percepción del lugar. Ella pensó que yo estaba incómodo por estar rodeado de gays; le aclaré que mi desagrado era con el exceso de gente, pero no con la condición de ellos. Desde entonces, cada vez que nos topábamos me decía: "mi amigo hétero". A ella no le gustan las discos hétero porque "están llenas de tipos machistas". Me extrañó que fuera de derecha, ya que ese sector político es el más discriminador en el tema; se ve que primó su condición socio-económica por sobre su identidad sexual.
Cuando ya estábamos por irnos, se produjo una escena de celos entre Tatán y David, en la que intermediaron Álvaro y Hernán. Paralelamente, Vicente (Vicho) estaba atracando con un tipo, por lo que tuvimos que esperar por un buen rato para que nos llevara en su auto. Este tipo vive y trabaja en La Ligua, y tanto ante su familia como en su entorno laboral (construcción) tiene que fingir su orientación y aparentar ser hétero. Angie se hace pasar por su polola.
Me llamó la atención un atraque apasionado entre dos hombres con aspecto muy "viril": pelo corto, con ropa bien masculina, cuerpos de gimnasio, peludos, etc. También me fijé en una pareja de mujeres que se besaban mientras bailaban; en un instante se les acercó un muchacho –que hace un rato ya había visto besarse con otro hombre- y se puso a besar con una de ellas. Otro caso: una chica iba con un tipo y pasaron al lado de la barra; ella se quedó mirando con un joven y al cabo de unos segundos comenzaron a besarse. Luego, ella se fue con los dos.
Había un par de transformistas con muy buen "lejos"; se veían más ricas que muchas mujeres. Una de ellas se dio cuenta que la estaba mirando, y creo que me hizo "ojitos". Yo me corté enseguida y dirigí mi vista hacia otro lado. Esa noche bailamos con Angie y nos besamos un par de veces.


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