domingo, septiembre 21, 2003

1.13 De Viña a Santiago

(11:20)
Al día siguiente me quedé en el departamento, y por la tarde llegaron Mónica y Cristian. Esa noche Angie se fue a dormir a casa de su amiga Andrea. Al otro día preparé almuerzo y compartimos con Mónica, Cristian y Andrea. En la tarde compré bebidas y nos preparamos unos combinados. Esa noche dormí en el living, en un colchón. Por la mañana descubrí que tenía el neumático trasero desinflado. Cambié la cámara por la de repuesto y preparé el equipaje. Con Cristian nos preparamos unos fideos y conversamos bastante. Después de almuerzo partí, y me tocó subir la cuesta que está a la salida de Viña. Crucé por Quilpue y El Belloto, y llegué a mi destino: la casa de mi tía Luliana, en Villa Alemana. Cuando me vio, se imaginó que yo era un tipo que andaba con un burro cargado. Tomamos once y conversamos un buen rato, para "ponernos al día". En la noche llegó Fritz y lo acompañé a ver el partido de fútbol de Chile versus Perú. Al día siguiente, en la mañana, fui a comprar al centro, caminando. De regreso, almorzamos y, más tarde, cociné unos panes indios (shapatis) con harina tostada y chuchoca. En eso llegó la Andrea, nos saludamos y conversamos un rato en la cocina. Tomamos once y, después de la telenovela, fuimos a casa de Andrea a ver unas fotos que había enviado Wolfi por e-mail, en que aparece con Allan y Bruno (el hijo de la Mili). Al otro día estuve en la mañana un rato con la Jose y Vicente. Después de almuerzo viajé a Quillota, para conocer el Centro de Promoción de la Salud y la Cultura, que es la otra pega de Fritz. Allí conversamos con la directora y quedamos de preparar un taller sobre autogestión para los jóvenes que participan en bandas de música. A continuación, acompañé a Fritz a la entrega de premios de un concurso de escultura para escolares, en el local del municipio. De vuelta a Villa Alemana, cenamos con la Jose y Vicente, y después me fui a casa de tía Luliana (eso sucedió el 10/09/03). A la mañana siguiente, después del desayuno, me fui a Limache, hasta donde llegué luego de una hora de pedaleo. Arribé a casa de la tía Ully y ella me preparó almuerzo. Luego de conversar un rato, acomodamos mis cosas, guardé la bici en la bodega, y nos fuimos a Olmué, en donde estaba el tío Jorge en un campeonato regional de cueca para el adulto mayor. Para el final, cantó unos boleros Luis Alberto Martínez (El Mar y el Cielo, Nuestro Juramento, etc.) y, posteriormente, me invitaron a comer anticuchos.
Al día siguiente me dediqué a parchar las cámaras, y a preparar mis cosas. Ese día los tíos fueron a Santiago por la mañana, y sólo regresaron en la noche. Al otro día acompañé a la tía al "desfile cívico-militar" de Fiestas Patrias, en donde el tío marchó con el club de cueca del adulto mayor en donde él es profesor. En la noche él me pasó una lista de artículos de prensa para que se los busque en la Biblioteca Nacional, junto con $ 10.000. Es una pega para su investigación acerca de la cueca, la cual espera algún día convertirla en libro. Como a las 10:30 del siguiente día partí de Limache rumbo a Olmué. Al llegar, se desinfló el neumático trasero. Me demoré como una hora en cambiar las cámaras, en la plaza de los juegos. Cerca de mediodía reinicié el viaje, y me detuve a tomar un mote con huesillo cerca de donde se inicia la cuesta La Dormida. La señora que me atendió estaba sorprendida por mi viaje, me felicitó y me deseó mucha suerte. Después paré a almorzar el pollo con arroz que me había dejado la tía. Proseguí la subida, sin polera porque transpiraba demasiado. Pasadas las 17 horas alcancé la cima, sin haber hecho ningún tramo a pie, a pesar de lo empinado de la pendiente. Cuando llevaba un poco de bajada, me detuve a tomar una foto de la vista hacia Til-Til.
En eso, se desinfló el neumático, y tuve que desarmar todo para colocarle más pegamento bajo el parche. Después de ¾ de hora continué el descenso y llegué a Til-Til, en donde había mucha gente vendiendo aceitunas, tunas y otros vegetales de la zona. Los mosquitos no me dejaban tranquilo. Recorrí los 10 km hasta Polpaico, y pasado el río, me bajé en un boliche a comprar una bebida y chocolate. Volví a la bicicleta y seguí hacia la carretera. Cuando faltaba poco para llegar, se volvió a desinflar el neumático. Pasé a donde había una luz, a la entrada de una parcela, pues la noche ya había llegado y estaba todo muy oscuro.

21/09/03
(07:50)
Mientras parchaba una cámara, trasladé la que estaba delante hacia la rueda trasera. Al otro lado del camino había un par de tipos conversando; se notaba que estaban bebidos. Uno de ellos me pidió cigarros, y le respondí que yo no fumo. El otro cruzó la calle y me ofreció un trago de bebida con vino. Tomé un poco y conversamos acerca del viaje. Me preguntaron sobre mi ocupación y les dije que soy periodista, a lo que comentaron: "andas sapeando". El tipo me contó que es albañil y que están construyendo una casa en ese sector. Agregó que es bueno y rápido, que en un día coloca 1000 ladrillos, y que en una ocasión, en una semana puso 8.400. El otro, más joven, es su sobrino, el cual está aprendiendo el oficio; avaló los dichos de su tío. Luego, volvieron al frente y tomaron un bus que iba hacia Til-Til. Antes de terminar, aparecieron, desde dentro del sitio, una pareja. Él me pidió que sacara mis cosas de la entrada porque estaba por llegar la dueña. Finalicé la operación y reanudé la marcha. El camino estaba muy oscuro, y sólo me guiaba por la línea blanca que separa a la berma. Como la cámara había quedado con un globo, que asomaba entre el aro y el forro de la rueda trasera, al cabo de un rato, empezó a rozar con una de las calugas del freno. Cuando ya me faltaba poco para llegar a la carretera, se reventó el neumático. Me bajé y seguí caminando junto a la bici hasta la Panamericana. Allí tomé hacia el sur, y pasado el paso nivel, paré bajo una luz. Nuevamente –por cuarta vez en el día- tuve que desarmar todo para tratar de arreglar el asunto. Volví a trasladar o intercambiar las cámaras y a intentar reforzar el parche que se filtraba. Cuando terminé, logré avanzar un tanto y el neumático delantero perdió el aire. Seguí hasta arribar a una pasarela con iluminación ("Huertos Familiares Sur", tiene por nombre). Como allí hay un paradero para tomar locomoción, de esos cerrados hechos de lata, decidí quedarme e intentar domir (ya era como media noche). Encadené la bici en una de las patas de la banca, y puse el "colchoncito" sobre ésta. Me coloqué más ropa, me abrigué los pies y me tapé con la frazada. Aunque pude descansar, casi no dormí, ya que no pude calentarme los pies. Me levanté como a las 6:30, cuando llegó la primera persona a tomar bus. Con el segundo conversé un poco y me dijo que en esa localidad había una ferretería que abre como a las 10, en la que podría hallar cámaras o parches. Desarmé la rueda delantera y nuevamente intenté reforzar el parche que filtra aire. Lo más desagradable era el dolor que me produce en los brazos el inflar con el bombín que ando trayendo. Creo que la disposición con que se hace la fuerza me ha generado una tendinitis. Después de tener todo listo, proseguí la ruta (me quedaban 40 km para llegar a Santiago). Logré avanzar unos cuantos kilómetros y me detuve en un local que existe a orillas del camino, en la subida de una pequeña cuesta. Ahí compré jugo y galletas, para tomar desayuno. Antendía una mujer bastante atractiva, que me recordó a Marella. Con ella conversamos un rato, y con un tipo que también trabaja allí. Me preguntaron acerca del viaje, y estábamos en eso cuando sentí que la rueda delantera se desinflaba nuevamente. Entonces, el tipo (como de mi edad) tomó su bici y fue a su casa a buscar una cámara y parches. Me quedé conversando con otro tipo –también joven- que me relató una caminata que hizo con otros amigos desde Santiago hasta La Serena. Su intención era llegar a La Tirana, pero abortó el proyecto después de la cuesta Buenos Aires, la cual subió solo y se demoró dos días. Dijo que los pies los tenía llenos de ampollas (ese viaje lo hizo como a los 18 años, "macheteando" por todo el camino, sin carpa). Supe que tiene un hijo y está separado. A la mamá del chico debe pasarle cuarenta mil pesos todos los meses. Según él, antes le daba 80, pero al ir a juicio, le bajaron a la mitad. Al rato, volvió el tipo con la cámara; le parchamos una pequeña pinchadura y la colocamos. Además trajo un bombín bueno –de los que se apoyan en el suelo- e inflamos bien los neumáticos. Le di las gracias, me despedí de todos y continué el viaje. Cuando ya estaba entrando a la capital, el neumático trasero empezó a desinflarse de a poco. Le puse aire con el bombín y proseguí. El traficó ya era muy intenso, y tomé el paso sobre nivel que une la carretera con Américo Vespucio. Tuve que salirme de esa avenida porque se hace muy peligroso para un ciclista. Tomé calles paralelas hasta dar con una bomba de bencina para inflar las ruedas. Aproveché de comer unos chocolates y seguí. Doblé por El Salto y avancé lentamente hacia el centro. Nuevamente paré en una bomba a echar aire. Agarré Av. Perú y por ahí aparecí en el puente Purísima. Salí a la Alameda y me metí a las torres de San Borja, hasta arribar al depto. de Ezio. En la entrada del edificio conversé un rato con los conserjes, los que se mostraban impresionados por el viaje. Aproximadamente 2.100 km en tres meses (del 16 de junio al 16 de septiembre de 2003).